¿Llegará China a liderar la revolución de la carne de cultivo?

Para reducir su gran dependencia de las importaciones, China ha convertido la biomanufactura alimentaria en una prioridad estatal estratégica para liderar la revolución de la carne de cultivo. Sin embargo, el éxito masivo de este despliegue industrial requerirá reducir costes de producción de forma drástica y lograr adaptar estas nuevas proteínas a la gastronomía tradicional para ganarse la confianza del consumidor.

Revolución de la carne de cultivo celular

Uno de los temas que está concentrando la atención de tecnólogos, analistas de mercado y expertos en seguridad alimentaria de todo el mundo parte de una gran incógnita: ¿llegará China a liderar la revolución de la carne de cultivo?

Durante años, las empresas pioneras del sector de las proteínas alternativas nacieron principalmente en países occidentales; sin embargo, el escenario geopolítico y productivo está cambiando a gran velocidad. La combinación de una capacidad industrial extraordinaria, una estrategia cada vez más orientada hacia la seguridad alimentaria y una fuerte capacidad del Estado para impulsar sectores considerados estratégicos podría situar a China en una posición privilegiada para transformar la cadena de suministro alimentario.

Un reciente documento de consulta de la consultora Systemiq, titulado China’s Food Future, analiza precisamente esta posibilidad y plantea un escenario especialmente interesante: China podría estar empezando a aplicar al sistema alimentario algunas de las mismas herramientas industriales y políticas que anteriormente utilizó para convertirse en una potencia mundial en sectores como las energías renovables, las baterías o los vehículos eléctricos.

China tiene una enorme capacidad productiva, pero depende del exterior

Para entender por qué China podría estar interesada en transformar la manera en la que produce proteínas, primero hay que analizar su sistema alimentario. China es uno de los mayores productores agrícolas y ganaderos del planeta, pero sus recursos naturales son limitados. El país concentra alrededor del 15 % de la población mundial, mientras que dispone de aproximadamente el 8 % de las tierras cultivables del planeta. Además, la disponibilidad de agua dulce por habitante se encuentra muy por debajo de la media mundial.

Durante las últimas décadas, el aumento de los ingresos y la urbanización han transformado profundamente la dieta de la población china. Entre 1980 y 2020, la demanda de alimentos de origen animal se multiplicó por diez, aumentando considerablemente el consumo de carne, productos lácteos y otros alimentos de origen animal. El problema es que producir toda esa cantidad de alimentos dentro de las fronteras del país requiere enormes cantidades de tierra, agua y materias primas para la alimentación animal. Como consecuencia, China se ha convertido en el mayor importador mundial de productos agrícolas.

Investigación en agricultura celular

En 2024, el déficit comercial agrícola del país alcanzó los 124.500 millones de dólares. China concentró además alrededor del 60 % de las importaciones mundiales de soja y el 24 % de las de carne de vacuno. En términos de consumo interno, aproximadamente el 84 % de la soja y el 32 % de la carne de vacuno que se consumen en China proceden del exterior.

La dependencia también está muy concentrada geográficamente. Brasil proporciona más del 60 % de la soja que importa China y alrededor del 40 % de la carne de vacuno, mientras que Estados Unidos aporta aproximadamente otro 30 % de las importaciones de soja. Por eso, la alimentación es algo más que una cuestión económica: también es una cuestión de seguridad nacional.

La seguridad alimentaria como cuestión estratégica

Para Pekín, garantizar el suministro de alimentos se ha convertido en una prioridad comparable a la seguridad energética y la estabilidad económica. El XIV Plan Quinquenal (2021-2025) fue el primero en situar la seguridad alimentaria dentro de un apartado específico dedicado a la seguridad económica, mientras que el XV Plan Quinquenal (2026-2030) refuerza esta orientación mediante la modernización agrícola, la diversificación del suministro y el desarrollo de nuevas tecnologías, entre ellas la biología sintética y las nuevas fuentes de proteínas.

La estrategia no consiste sólo en producir más: también busca reducir la vulnerabilidad de su sistema alimentario mediante una combinación de mayor productividad agrícola, diversificación de proveedores, modernización de la ganadería y la acuicultura, y desarrollo de nuevas tecnologías alimentarias. Dentro de este planteamiento, las proteínas alternativas adquieren una importancia estratégica.

El informe de Systemiq plantea una transformación que puede entenderse en tres grandes etapas.

Primera etapa: optimizar los recursos existentes

A corto plazo, el objetivo es mejorar la eficiencia del sistema tradicional. Esto incluye aumentar la productividad agrícola, mejorar la composición de los piensos y reducir el volumen de soja importada que se necesita para alimentar al ganado.

Según las proyecciones del informe, estas medidas podrían permitir que China reduzca sus importaciones de soja en un 25 % para 2030 respecto a los niveles de 2025, el equivalente a unos 23,5 millones de toneladas. En esta primera fase, las proteínas alternativas todavía tendrían un papel relativamente limitado. La prioridad sería sacar el máximo rendimiento posible a las infraestructuras, las tierras y los sistemas de producción existentes.

Producción de alimentos vegetales a partir del cultivo celular

Segunda etapa: fermentación y proteínas alternativas

A medio plazo entraría en juego una segunda transformación: la expansión de las proteínas vegetales y, especialmente, de las obtenidas mediante tecnologías de fermentación.

La fermentación de precisión permite utilizar microorganismos para producir ingredientes y proteínas específicos, y podría convertirse en una tecnología especialmente importante cuando consiga alcanzar precios competitivos frente a las proteínas animales tradicionales.

El informe plantea que en 2040 las proteínas alternativas podrían haber alcanzado una presencia significativa en el mercado chino, mientras que la mejora de la productividad agrícola y ganadera permitiría reducir la dependencia exterior. Paralelamente, China podría convertirse en exportadora de algunas categorías de alimentos de origen animal, como aves, huevos, productos lácteos y productos acuáticos.

Tercera etapa: la llegada de la carne cultivada

Según el escenario planteado por Systemiq, hacia 2050 una tercera ola de innovación podría hacer que la carne cultivada fuera comercialmente viable. Los biorreactores de gran escala y los avances en biotecnología permitirían producir tejidos animales a partir de células cultivadas, sin criar ni sacrificar un animal para obtener cada producto.

Pero hay un matiz importante: el informe no predice que la carne cultivada vaya a sustituir por sí sola a la ganadería. Lo que plantea es algo mucho más amplio. En su escenario para 2050, las proteínas alternativas en conjunto podrían cubrir entre el 35 % y el 55 % de la demanda de proteínas animales en China. Por tanto, la verdadera revolución no sería únicamente la carne cultivada, sino también la aparición de un sistema alimentario mucho más apoyado en la biotecnología, la fermentación, la biomanufactura y las proteínas alternativas.

China ya ha demostrado su capacidad para transformar industrias estratégicas combinando política industrial, financiación, investigación, capacidad manufacturera y una enorme escala de producción. El país se ha convertido en una potencia dominante en sectores como los paneles solares, las baterías y los vehículos eléctricos. Systemiq plantea que algunas de esas mismas herramientas podrían estar empezando a aplicarse al sistema alimentario: inversión pública y privada, apoyo a la investigación, creación de clústeres industriales, colaboración entre universidades y empresas, y desarrollo de infraestructuras de biomanufactura.

Si esta estrategia funciona, China no tendría por qué limitarse a producir proteínas alternativas para su propia población; también podría convertirse en uno de los grandes proveedores mundiales de equipamiento, infraestructuras, ingredientes y tecnologías de biomanufactura necesarios para producirlas. En este punto encontramos un paralelismo evidente con otras industrias en las que China ha conseguido alcanzar una posición dominante a escala mundial.

Contar con capacidad industrial, financiación y apoyo político no garantiza automáticamente el éxito de la carne cultivada. Producir carne a partir de células puede resolver una parte del problema de cómo obtener proteínas, pero existe otra cuestión mucho más difícil de controlar: cómo responderá el consumidor.

Carne cultivada

La alimentación está profundamente asociada a la cultura, la tradición y los hábitos cotidianos. No basta con conseguir que una carne cultivada sea técnicamente segura y nutricionalmente adecuada. También tendrá que ofrecer una experiencia gastronómica convincente y adaptarse a las diferentes formas de cocinar y consumir carne. Esto es especialmente importante en China, donde la carne forma parte de una enorme variedad de recetas, desde salteados y guisos hasta sopas, dumplings y platos regionales.

La aceptación del consumidor será uno de los grandes desafíos de la carne cultivada

Existen tres grandes obstáculos para la carne cultivada: el coste, la experiencia gastronómica y la confianza.

Los medios de cultivo y otros componentes necesarios para hacer crecer las células siguen siendo algunos de los principales obstáculos para conseguir una producción competitiva. La industria tendrá que alcanzar una escala de fabricación muy superior a la actual para lograr que el precio final pueda competir con el de la carne tradicional.

La carne cultivada tendrá que reproducir, además del sabor, la textura y la grasa, las propiedades culinarias que los consumidores esperan de la carne tradicional. No será suficiente con fabricar un producto parecido a una hamburguesa occidental, sino que tendrá que integrarse en las cocinas y los hábitos alimentarios del país.

Los consumidores querrán saber qué es exactamente la carne cultivada, cómo se produce, qué materias primas utiliza y qué controles garantizan su seguridad. La industria tendrá que explicar la tecnología de forma transparente y demostrar que estos productos cumplen unos estándares de seguridad alimentaria muy rigurosos.

Si las previsiones de Systemiq se cumplen, las consecuencias no se limitarán a China. El país importó productos agrícolas por valor de unos 237.000 millones de dólares en 2024, por lo que cualquier reducción estructural de su demanda tendría consecuencias importantes para países productores como Brasil, Argentina o Estados Unidos. Una menor demanda china de soja y carne podría afectar a los precios internacionales, a los ingresos agrícolas y a las superficies dedicadas actualmente a producir estas materias primas.

Al mismo tiempo, la aparición de China como potencia de las proteínas alternativas podría acelerar el desarrollo de estas tecnologías en el resto del mundo. Quizá la conclusión más interesante del informe es que China no solo podría cambiar lo que come, sino también la manera en que el mundo produce los alimentos.

¿Llegará China a liderar la revolución de la carne cultivada?

Todavía es demasiado pronto para saber si China liderará la revolución de la carne cultivada, ya que existen importantes obstáculos tecnológicos, económicos, regulatorios y culturales que tendrán que superarse antes de que la carne cultivada pueda convertirse en un alimento de consumo masivo. Pero hay algo mucho más claro: China ha identificado la transformación de su sistema alimentario como una cuestión estratégica y está empezando a movilizar tecnología, capital, industria y política pública alrededor de esta transformación.

Otra pregunta interesante es quién fabricará la tecnología que utilizará el mundo para producir los alimentos del futuro. ¿Será China también? Para profundizar en esta y otras cuestiones, os recomendamos la lectura detallada del informe de Systemiq, China’s Food Future: how China’s food-security strategy could reshape global agricultural commodity supply chains.

Crédito imágenes | Depositphotos.com

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

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