Envases biodegradables: una alternativa sostenible que aún debe superar varios retos

Biobasado, biodegradable y compostable no significan lo mismo. Una revisión científica analiza por qué los nuevos envases alimentarios deben resolver, además de su final de vida, su resistencia a la humedad, su seguridad, su coste y su fabricación a gran escala.

Envases biodegradables, una solución que requiere más investigación

Los envases biodegradables se presentan como una posible alternativa para reducir el impacto ambiental asociado al uso de plásticos convencionales, aunque todavía deben superar retos importantes. Su desarrollo responde a la necesidad de encontrar materiales capaces de cumplir las mismas funciones que los envases tradicionales, pero elaborados total o parcialmente con recursos renovables o subproductos agrícolas, o diseñados para biodegradarse al final de su vida útil bajo determinadas condiciones.

Sin embargo, sustituir un plástico convencional por un material de origen biológico no es suficiente. El nuevo envase también debe proteger correctamente los alimentos, ser seguro, poder fabricarse a escala industrial y mantener un coste razonable. En este contexto, analizamos una reciente revisión científica sobre la transición hacia envases alimentarios biobasados y biodegradables, con especial atención al uso de biopolímeros enriquecidos con compuestos bioactivos.

Biobasado, biodegradable y compostable no significan lo mismo

Antes de continuar conviene aclarar algunos términos, porque en este ámbito se utilizan palabras que pueden llevar a confusión. En los últimos años se ha extendido el término biobasado, procedente del inglés bio-based, para referirse a los materiales elaborados total o parcialmente a partir de fuentes biológicas, como plantas, animales, microorganismos o residuos de origen biológico.

Biobasado y biodegradable no significan lo mismo. Un material puede tener un origen biológico y, sin embargo, no biodegradarse por la acción de los microorganismos. La revisión científica destaca expresamente esta diferencia. Por ejemplo, el PET (tereftalato de polietileno) de origen biológico puede fabricarse parcialmente a partir de materias primas renovables sin ser biodegradable ni compostable.

Aunque el término biobasado todavía no aparece en el Diccionario de la Lengua Española, se utiliza habitualmente en los ámbitos científico, técnico e industrial para diferenciar el origen de un material de su comportamiento al final de la vida útil.

La biodegradabilidad, en cambio, hace referencia a la capacidad de un material para ser descompuesto por microorganismos bajo unas condiciones determinadas, y tampoco debe confundirse con la compostabilidad. Un material compostable debe biodegradarse en unas condiciones de compostaje concretas y cumplir, además, determinados requisitos relacionados con su desintegración y con la calidad del compost resultante.

Por tanto, que un envase sea biobasado no garantiza que sea biodegradable, y que sea biodegradable tampoco significa necesariamente que pueda descomponerse en un compostador doméstico.

El desafío funcional y la barrera contra la humedad

Esta distinción es importante porque la función de un envase alimentario no consiste simplemente en desaparecer después de utilizarlo. Su misión principal es proteger el alimento durante el transporte, la distribución y el almacenamiento, manteniendo su calidad y seguridad hasta el momento del consumo. Para conseguirlo, el material debe contar con determinadas propiedades barrera, es decir, debe ser capaz de limitar el intercambio de sustancias como el oxígeno, el dióxido de carbono y el vapor de agua, así como el paso de grasas, aromas y otros compuestos volátiles. También necesita suficiente resistencia mecánica para soportar la fabricación, la manipulación y el transporte.

Envases alimentarios biobasados

Aquí aparece uno de los principales problemas de los materiales biodegradables: algunos presentan buenas propiedades mecánicas, pero no ofrecen suficiente protección frente a la humedad. Otros tienen características adecuadas para formar películas o recubrimientos, pero pueden ser demasiado frágiles o difíciles de procesar a escala industrial. La revisión publicada en la revista científica Foods señala precisamente que varios biopolímeros pueden alcanzar valores de resistencia comparables a los de algunos plásticos convencionales, pero su elevada transmisión de vapor de agua continúa siendo uno de los principales obstáculos para extender estas soluciones a escala comercial.

Entre los materiales más estudiados se encuentran el almidón, la celulosa, el quitosano y el ácido poliláctico o PLA, además de otros polímeros de origen biológico o producidos a partir de materias primas renovables. Sus características permiten utilizarlos para desarrollar películas, recubrimientos, bandejas, recipientes y otros formatos de envase, aunque cada uno presenta propiedades y limitaciones diferentes.

El almidón es un buen ejemplo de las ventajas y limitaciones de estos materiales: es abundante, relativamente económico y puede utilizarse para formar películas. También puede servir como matriz para incorporar compuestos con actividad antimicrobiana o antioxidante. El problema es que tiene una elevada afinidad por el agua, por lo que puede perder estabilidad en ambientes húmedos, y puede resultar frágil si no se añaden plastificantes u otros componentes que mejoren su flexibilidad.

La celulosa es un material renovable y ampliamente disponible. Puede aportar buenas propiedades mecánicas y, según el derivado y la formulación, cierta protección frente a la radiación ultravioleta. Sin embargo, su transformación puede resultar complicada y su capacidad para actuar como barrera frente a la humedad suele ser limitada.

El quitosano, obtenido a partir de la quitina presente en fuentes como los caparazones de los crustáceos, destaca por su capacidad para formar películas y por su potencial antimicrobiano y antioxidante. Estas propiedades dependen de la formulación y de las condiciones de uso. Además, es sensible a la humedad y puede resultar frágil, por lo que necesita modificaciones o la combinación con otros materiales para determinadas aplicaciones industriales.

Otro material importante es el PLA, un biopolímero que puede obtenerse a partir de materias primas renovables y que ya se utiliza en distintas aplicaciones comerciales. Presenta una resistencia mecánica interesante y puede ofrecer una barrera adecuada frente a determinados aromas. Sin embargo, es relativamente frágil, tiene una resistencia térmica limitada y su protección frente al vapor de agua no siempre resulta suficiente para el uso previsto.

Envases activos y aprovechamiento de subproductos agroalimentarios

Una de las vías que se investigan para superar estas limitaciones consiste en combinar diferentes materiales o incorporar determinados compuestos. Según la revisión científica, en este campo adquieren especial interés los compuestos bioactivos. El estudio se centra especialmente en sustancias de origen natural que pueden aportar una función adicional al envase. Por ejemplo, algunos compuestos fenólicos, flavonoides o componentes de los aceites esenciales presentan actividad antioxidante o antimicrobiana. Su incorporación a determinados materiales puede contribuir a retrasar algunas reacciones de deterioro y a prolongar la vida útil de los alimentos.

Esto da lugar a los denominados envases activos que, a diferencia de los envases convencionales, no actúan únicamente como una barrera pasiva entre el alimento y el entorno. Un envase activo puede interactuar de forma controlada con el alimento o con el espacio que lo rodea, liberando o absorbiendo sustancias para contribuir a su conservación. Se estudian, por ejemplo, materiales capaces de captar oxígeno o humedad, así como otros que incorporan compuestos antioxidantes o antimicrobianos para reducir la oxidación o limitar el desarrollo de determinados microorganismos.

Estudio científico sobre los envases biodegradables

Muchos de estos compuestos pueden obtenerse a partir de residuos y subproductos de la industria agroalimentaria. Pieles, semillas, hojas y otros materiales vegetales pueden contener fibras, polisacáridos o sustancias bioactivas con propiedades interesantes para desarrollar nuevos envases y recubrimientos. De esta forma, materiales que inicialmente se desechan o tienen escaso valor comercial pueden convertirse en materias primas útiles.

Este planteamiento encaja con los principios de la economía circular, que persiguen mantener los recursos en uso durante más tiempo, reducir los residuos y disminuir la necesidad de extraer nuevas materias primas. La revisión científica destaca precisamente el potencial de los residuos y subproductos agroalimentarios como fuente de fibras, polisacáridos y compuestos bioactivos. Sin embargo, su aprovechamiento no garantiza por sí solo un beneficio ambiental: también deben valorarse los recursos y la energía necesarios para extraerlos, transformarlos e incorporarlos al nuevo material.

Un ejemplo del aprovechamiento de estos subproductos es el uso de las cáscaras o cascarillas del café. El proyecto Huskee desarrolló un material compuesto que incorporaba este residuo de la producción cafetera para fabricar tazas y otros recipientes reutilizables. La iniciativa buscaba dar una nueva utilidad a parte de los residuos generados durante las cosechas y obtener recipientes resistentes al calor, destinados tanto a los hogares como a los establecimientos de hostelería.

En este caso no hablamos de un envase biodegradable, sino de un ejemplo de valorización de subproductos agroalimentarios. Que un material incorpore cascarilla de café u otro residuo de origen vegetal no permite afirmar que el producto completo sea biodegradable, ya que su comportamiento dependerá también de los polímeros, las resinas, los aditivos y los tratamientos utilizados durante la fabricación.

Seguridad alimentaria, regulación y escalabilidad industrial

El aprovechamiento de residuos agrícolas o alimentarios puede reducir la necesidad de producir nuevas materias primas específicamente para fabricar envases. Sin embargo, su origen no permite dar por supuesta la seguridad del material resultante. Cualquier producto destinado a entrar en contacto con alimentos debe funcionar correctamente y demostrar que no representa un riesgo para el consumidor.

Una de las cuestiones que deben estudiarse es la migración, es decir, la transferencia de determinadas sustancias desde el envase al alimento. La existencia de migración de sustancias desde los materiales de envasado no significa necesariamente que exista un peligro. Para evaluar el riesgo es necesario determinar qué sustancias pueden transferirse, en qué cantidades y bajo qué condiciones de uso, teniendo en cuenta factores como el tipo de alimento, la temperatura y el tiempo de contacto.

La investigación presta especial atención a las posibles consecuencias toxicológicas de determinados materiales y componentes. Las nanopartículas, las sustancias PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) y los microplásticos plantean problemas diferentes y deben evaluarse de manera específica. La cuestión común es que el carácter natural, biobasado o biodegradable de un material no sustituye la evaluación de su composición, de las sustancias que pueden migrar y de sus posibles efectos sobre la salud.

En la Unión Europea, los materiales destinados a entrar en contacto con alimentos están sujetos al Reglamento (CE) 1935/2004. Esta norma establece, entre otros requisitos, que no deben transferir componentes a los alimentos en cantidades que puedan representar un peligro para la salud, provocar una modificación inaceptable de su composición o alterar sus características organolépticas.

La regulación resulta todavía más compleja cuando el envase incorpora sustancias bioactivas diseñadas para liberarse deliberadamente en el alimento o en su entorno. Estos materiales están sujetos también al Reglamento (CE) 450/2009 sobre materiales y objetos activos e inteligentes.

Si un extracto natural se libera en el alimento para desempeñar una función tecnológica, por ejemplo antioxidante, debe cumplir la legislación alimentaria aplicable y puede quedar sometido también a las normas sobre aditivos o enzimas alimentarias. Esto puede requerir una evaluación de seguridad por parte de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), así como el cumplimiento de requisitos específicos de autorización, pureza, condiciones de uso y etiquetado. El origen natural de una sustancia no implica que pueda utilizarse sin evaluación en cualquier cantidad o aplicación.

Otro reto fundamental destacado en el estudio es la escalabilidad, es decir, la posibilidad de trasladar un procedimiento desarrollado en el laboratorio a una producción industrial a gran escala, manteniendo las propiedades del material, una calidad constante y unos costes asumibles.

Un material puede ofrecer resultados excelentes cuando se fabrica en pequeñas cantidades y, sin embargo, resultar demasiado caro, inestable o difícil de procesar en una línea industrial. También debe comprobarse que mantiene sus propiedades durante toda la vida útil del envase y que funciona correctamente con alimentos reales, no únicamente en ensayos de laboratorio. Según la revisión, los costes de fabricación y las dificultades asociadas al procesado, la resistencia y las propiedades barrera continúan siendo obstáculos importantes para la comercialización de algunas de estas alternativas.

Análisis del ciclo de vida y visión de futuro

El precio también puede determinar el éxito de estas soluciones. Los consumidores muestran una preocupación creciente por la sostenibilidad y pueden valorar positivamente los envases fabricados a partir de recursos renovables. Sin embargo, existe una diferencia entre manifestar una preferencia por los productos sostenibles y estar dispuesto a pagar más por ellos. El precio, el tipo de material, su procedencia, la información disponible y la percepción sobre su seguridad y eficacia influyen en la decisión de compra.

Economía circular gracias a los envases biodegradables

Tampoco se puede olvidar qué sucede cuando el envase termina su vida útil. Un material biodegradable necesita unas condiciones adecuadas para que los microorganismos puedan descomponerlo. Si esas condiciones no se dan, el hecho de que técnicamente sea biodegradable no garantiza que desaparezca rápidamente en el entorno.

Lo mismo ocurre con los materiales compostables. Que un envase sea compostable no significa necesariamente que pueda depositarse en cualquier compostador. Muchos materiales están diseñados para tratarse en instalaciones de compostaje industrial, donde se controlan la temperatura, la humedad, la aireación y el tiempo del proceso. Para que esta opción sea realmente útil, también deben existir sistemas de recogida e instalaciones capaces de identificar, aceptar y tratar correctamente esos envases.

Por eso resulta fundamental estudiar todo el ciclo de vida del producto mediante el análisis del ciclo de vida (ACV), conocido en inglés como life cycle assessment (LCA). Esta herramienta permite evaluar distintos impactos ambientales desde la obtención de las materias primas hasta la fabricación, la distribución, el uso y la gestión del residuo.

En el caso de los envases alimentarios, el análisis también debe tener en cuenta si el material protege adecuadamente el producto y contribuye a evitar el desperdicio. Un envase con un impacto aparentemente menor puede dejar de ser la mejor opción si acorta la vida útil del alimento o provoca más pérdidas durante la distribución y el almacenamiento.

Esta perspectiva evita valorar únicamente una etapa y permite comparar de forma más completa las distintas alternativas de envasado. Sin embargo, la revisión científica advierte de que las diferencias metodológicas entre los análisis de ciclo de vida pueden dificultar la comparación directa entre materiales biodegradables, biobasados y plásticos convencionales. Los resultados pueden variar según los límites establecidos en el estudio, el origen de la energía, la unidad utilizada para realizar la comparación y el sistema previsto para gestionar el residuo.

En definitiva, los envases biodegradables pueden contribuir a reducir el impacto ambiental en determinadas aplicaciones y a disminuir la dependencia de materiales convencionales derivados del petróleo. También ofrecen la posibilidad de aprovechar residuos y subproductos agrícolas y alimentarios como nuevas materias primas. Sin embargo, su desarrollo continúa condicionado por numerosos factores: la resistencia mecánica, la protección frente a la humedad, la estabilidad, los costes de fabricación, la seguridad alimentaria, la regulación, la aceptación de los consumidores y la gestión al final de la vida útil.

La principal conclusión de esta revisión es que un envase no es sostenible simplemente porque sea biodegradable o porque proceda de una fuente biológica. Para constituir una alternativa viable debe proteger correctamente el alimento, ser seguro para el consumidor, poder fabricarse a un coste razonable y contar con un sistema adecuado de gestión después de su uso.

La investigación, que podéis leer aquí al completo, plantea precisamente la necesidad de adoptar una visión global en la que se estudien conjuntamente los materiales, la seguridad alimentaria, la viabilidad económica, el comportamiento del consumidor, la regulación y la gestión de los residuos.

Por tanto, el futuro de los envases biodegradables no dependerá de encontrar un único material capaz de sustituir a todos los plásticos actuales, sino de desarrollar soluciones adaptadas a las necesidades de cada alimento y cada uso. El reto será conseguir que la sostenibilidad, la seguridad, la funcionalidad y la viabilidad económica no se evalúen por separado, sino como partes de un mismo sistema de envasado.

Crédito imágenes | Depositphotos.com

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

Deja una respuesta

Los comentarios en esta página están moderados, no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita, por favor, las descalificaciones personales, los comentarios maleducados, los ataques directos o ridiculizaciones personales, o los calificativos insultantes de cualquier tipo, sean dirigidos al autor de la página o a cualquier otro comentarista. Estás en tu perfecto derecho de comentar anónimamente, pero por favor, no utilices el anonimato para decirles a las personas cosas que no les dirías en caso de tenerlas delante. Intenta mantener un ambiente agradable en el que las personas puedan comentar sin temor a sentirse insultados o descalificados. No comentes de manera repetitiva sobre un mismo tema, y mucho menos con varias identidades (astroturfing) o suplantando a otros comentaristas. Los comentarios que incumplan esas normas básicas serán eliminados.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

INFORMACIÓN BÁSICA SOBRE PROTECCIÓN DE DATOS:

Responsable: Gastronomía & Cía
Finalidad: Gestión de suscripciones al blog y moderación de comentarios
Legitimación: Consentimiento del interesado
Destinatarios: No se comunicarán los datos a terceros, salvo por una obligación legal.
Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional.
Información adicional: Puede consultar la información detallada sobre la protección de datos aquí.