
Las natillas caseras han pasado de ser uno de los postres más habituales en nuestras cocinas a convertirse en un producto que casi siempre compramos preparado. Resulta curioso, porque pocos dulces pueden hacerse con una lista de ingredientes tan corta y cotidiana: leche, yema de huevo, azúcar y un poco de almidón de maíz. Después podemos añadir vainilla, canela, piel de limón o una galleta, pero la base continúa siendo tan sencilla como siempre.
Quizá hemos dejado de prepararlas porque pensamos que necesitan un cazo al fuego, bastante tiempo removiendo y una precisión propia de un obrador. También influye la comodidad de encontrar cuatro vasitos listos para comer en cualquier supermercado. Sin embargo, hacer unas buenas natillas en casa puede llevar apenas unos minutos, ensuciar un recipiente y permitirnos elegir el dulzor, los aromas y la textura que más nos gustan.
El microondas hace que resulte todavía más fácil. Podemos preparar una natilla para una persona en el mismo cuenco en el que se va a servir o hacer varias raciones en un bol suficientemente grande. Mezclamos los ingredientes, calentamos en tandas cortas y batimos entre ellas hasta que la crema adquiere cuerpo.
No necesitamos polvos preparados ni ingredientes difíciles de encontrar. Tampoco es obligatorio llenar la nevera con varios recipientes cuando únicamente le apetecen natillas a una persona de la casa.
La báscula ayuda, pero no cocina por nosotros
La pastelería necesita proporciones, pero eso no significa que una diferencia pequeña convierta siempre una receta en un fracaso. Una yema no pesa exactamente lo mismo que otra, los vasos y las cucharas varían, la leche puede estar más o menos fría y cada microondas entrega el calor de una manera distinta.
Nuestras madres y abuelas no disponían de básculas digitales y muchas de sus recetas se transmitían mediante vasos, cucharadas, tacitas y número de huevos. No obtenían una crema idéntica hasta el último gramo en cada ocasión, pero sabían observarla y corregirla.
Una tanda de natillas podía quedar algo más ligera y otra tener un poco más de cuerpo o mayor presencia de yema. Mientras la crema fuera suave, agradable y estuviera bien cocinada, seguía siendo un buen postre. La precisión doméstica no terminaba al medir los ingredientes: continuaba al remover, comprobar la textura y decidir cuándo apartar la preparación del calor.
La báscula facilita la repetición y nos proporciona un excelente punto de partida. Lo que no puede hacer es indicarnos por sí misma si la crema necesita veinte segundos más o si conviene detener la cocción antes de que espese demasiado.

Por qué el microondas funciona tan bien con las natillas
El microondas no transforma las natillas en una elaboración distinta. El almidón sigue necesitando agua y calor para espesar la leche, y las proteínas de la yema continúan respondiendo al aumento de temperatura. Lo que cambia es la forma de administrar ese calor.
Como el calentamiento es rápido y no siempre uniforme, las paredes y el fondo del recipiente pueden estar más calientes que el centro. Por ese motivo, las natillas se cocinan por tandas y se baten entre ellas. Al remover, repartimos la temperatura, incorporamos las zonas que han empezado a espesar y comprobamos cuánto falta.
El tiempo orienta, pero la crema ofrece información más precisa. Su brillo, la resistencia que presenta al batir, la forma en que fluye y lo que sucede en los bordes nos permiten saber si está preparada. Además, conviene detener la cocción cuando todavía parece un poco más ligera de lo que deseamos, porque adquirirá más cuerpo durante el enfriamiento.
Comprender estas señales es lo que permite adaptar una receta a diferentes cantidades, recipientes y microondas sin depender ciegamente del reloj.
Una guía para recuperar las natillas caseras
En nuestro nuevo artículo de Gastronomía y Cía A Bocados hemos preparado una guía completa para que podáis hacer natillas en casa y adaptarlas a lo que necesitéis en cada momento.
En ‘Que nunca falten unas natillas caseras‘ explicamos por qué distintas proporciones pueden dar lugar a buenas natillas, qué función cumplen la yema, el almidón y el azúcar y por qué el microondas permite cocinarlas con tanta rapidez.
También encontraréis una fórmula para preparar desde una única natilla hasta cuatro raciones, equivalencias domésticas para los días en los que no queráis sacar la báscula, una receta aromatizada con vainilla, canela y limón, tiempos orientativos según la cantidad y las señales que permiten reconocer el punto correcto.
La guía incluye, además, soluciones para las natillas que continúan líquidas, han quedado demasiado espesas, presentan pequeños grumos o han recibido más calor del necesario. Y si queréis cambiar el sabor, encontraréis las claves para utilizar cacao, chocolate, café, otros aromas, bebidas vegetales o edulcorantes sin perder de vista la textura.
El contenido completo forma parte de la suscripción de pago de Gastronomía y Cía A Bocados, el espacio en el que podemos detenernos a explicar no sólo cómo se hace una receta, sino por qué funciona y cómo adaptarla a vuestra cocina.
Con ingredientes que probablemente ya tenéis en casa, un cuenco, unas varillas y unos minutos de microondas podéis recuperar uno de nuestros postres más queridos. Comprobad lo poco que hace falta para volver a disfrutar de unas buenas natillas hechas en casa.







