
Brasil prohíbe el foie gras producido por alimentación forzada, dando un paso importante en el debate internacional sobre el bienestar animal y el futuro de este controvertido producto gastronómico. La decisión se ha convertido en una de las noticias más relevantes de los últimos años relacionadas con el foie gras, ya que la nueva legislación no se limita a impedir su producción dentro del país, también prohíbe su comercialización cuando el producto haya sido obtenido mediante alimentación forzada.
La Ley 15.475 sancionada el 23 de julio de 2026 y publicada en el Diario Oficial de la Unión el 24 de julio (Diário Oficial da União (DOU), establece que la medida afectará expresamente al foie gras de pato o ganso en fresco y en conserva. Hay que decir que la prohibición todavía no es de aplicación inmediata, ya que la propia ley establece un periodo de 180 días desde su publicación oficial, por lo que la entrada en vigor de la prohibición está prevista para enero de 2027. Así que, hasta entonces existe un periodo de transición, pero el cambio legislativo ya está aprobado y marca una nueva etapa para la comercialización de este producto en Brasil.
La reglamentación tiene su origen en el Proyecto de Ley 90/2020 presentado por el senador Eduardo Girão, proyecto que permaneció durante años en tramitación hasta convertirse finalmente en la mencionada Ley 15.475/2026. El registro oficial del Senado confirma que la iniciativa fue presentada en febrero de 2020 y que su tramitación terminó con la transformación del proyecto en norma jurídica el 24 de julio del presente año.
Prohibición que afecta a la alimentación forzada de patos y gansos
Aunque la ley está redactada de manera más amplia que una simple prohibición del foie gras, este alimento es claramente uno de sus principales objetivos. El texto brasileño prohíbe en todo el territorio nacional la producción y comercialización de cualquier alimento obtenido mediante un método de alimentación forzada de animales, mencionando específicamente el foie gras como ejemplo.
La definición legal también es importante, porque no se refiere únicamente a una técnica concreta. La norma considera la alimentación forzada y cualquier procedimiento mecánico o manual que obligue al animal a ingerir alimentos o suplementos por encima de su límite natural de saciedad, utilizando instrumentos que introduzcan la comida directamente en la garganta, el esófago, el buche o el estómago.
En el caso del foie gras tradicional, el procedimiento al que hace referencia la ley es conocido habitualmente como gavage, que consiste en alimentar a los patos o gansos de forma forzada durante la fase final de engorde, con el objetivo de provocar una acumulación extraordinaria de grasa en el hígado. El resultado es un hígado considerablemente aumentado de tamaño, que después se utiliza para elaborar uno de los productos más reconocidos de la alta gastronomía francesa.
Precisamente este procedimiento es el origen de una controversia que lleva décadas enfrentando a productores, cocineros, defensores de la tradición gastronómica y organizaciones de protección y bienestar animal. Para quienes apoyan las prohibiciones, el problema no está en el foie gras como alimento en sí mismo, sino en el método utilizado para obtenerlo. Para sus defensores, se trata de una elaboración tradicional vinculada a una cultura gastronómica con siglos de historia, que forma parte de la identidad culinaria de determinadas regiones y especialmente de Francia.

La decisión nacional tiene un antecedente importante en Brasil, recordemos que en junio de 2015 São Paulo prohibió la producción y venta de foie gras en la ciudad y concedió a los restaurantes un plazo para retirar el producto de sus cartas. Aquella decisión provocó una fuerte reacción en determinados sectores de la gastronomía brasileña, algunos chefs consideraron que una administración local no debería intervenir de esa manera en la oferta gastronómica de los restaurantes, mientras que las organizaciones animalistas interpretaron la medida como un avance en la protección de los animales.
También se plantearon dudas jurídicas sobre las competencias de la ciudad para legislar sobre la comercialización de un producto alimenticio en concreto. Algunos abogados defendieron que una norma de estas características podía exceder las competencias municipales, pero, finalmente la regulación se justificó dentro del ámbito de la legislación ambiental y de la protección de los animales.
La situación actual es muy diferente porque ya no estamos ante una ordenanza municipal, la Ley 15.475 tiene alcance nacional y se aplica en todo el territorio de Brasil. Además, su redacción no deja el problema circunscrito al foie gras, como ya hemos comentado, cualquier alimento obtenido mediante alimentación forzada queda incluido. Se trata de un cambio que supone la culminación de un debate que ya se había producido en Brasil años atrás. En 2015, cuando São Paulo aprobó su prohibición, algunos defensores de los animales reclamaban precisamente que la medida terminara extendiéndose al resto del país.
La prohibición brasileña del foie gras va más allá de la producción nacional
Uno de los aspectos más destacados de la nueva legislación es su alcance, Brasil no ha optado simplemente por prohibir que las granjas nacionales produzcan foie gras mediante gavage, ha establecido una prohibición de producción y comercialización del producto obtenido mediante alimentación forzada. Por tanto, la cuestión afecta también al mercado brasileño y a la posibilidad de vender productos de este tipo procedentes de otros lugares, ya que el texto legal contempla tanto los productos in natura (en su estado natural, sin elaboración o transformación industrial significativa), como los industrializados.
Esta diferencia resulta fundamental cuando se compara la legislación brasileña con otras prohibiciones existentes en el mundo. En algunos lugares se ha prohibido la producción, pero no necesariamente la importación o la venta del producto procedente de otras zonas. De esta forma, un territorio puede rechazar el sistema de producción utilizado para obtener foie gras, sin impedir que sus consumidores puedan adquirir el producto importado. En este caso Brasil ha elegido ahora una fórmula más amplia, el criterio de la nueva ley no es simplemente dónde se ha producido el foie gras, también cómo se ha obtenido.
El incumplimiento de la norma puede dar lugar a las sanciones previstas en la legislación brasileña sobre delitos ambientales, también pueden aplicarse medidas administrativas como la retirada de animales y productos, la suspensión de la fabricación y la venta, el embargo de las actividades y la inutilización de los productos.
El caso brasileño se suma a una larga lista de conflictos relacionados con el foie gras, recordemos que en diferentes países y ciudades se han aprobado prohibiciones o restricciones que posteriormente han sido modificadas, anuladas o cuestionadas. Recordemos el caso de California, el de Chicago o el de Nueva York, entre otros.

En California una prohibición de producción y comercialización entró en vigor en 2012, aunque posteriormente se produjeron cambios judiciales relacionados con la entrada del producto desde otros territorios. En Chicago, la ciudad aprobó en 2006 una prohibición contra la alimentación forzada de patos y gansos para producir foie gras, pero la medida terminó siendo revocada. Estos antecedentes demuestran que prohibir el foie gras no siempre resulta sencillo, ya que el tema afecta a competencias legislativas, comercio, gastronomía, tradición, bienestar animal y actividad económica.
Israel también aparecía como otro ejemplo de la dificultad de sacar adelante este tipo de medidas. Se llegó a impulsar una iniciativa para prohibir la importación y comercialización de foie gras, pero el proceso terminó paralizándose. Brasil se encuentra ahora ante una situación diferente porque la nueva prohibición tiene carácter nacional y ha sido integrada al ordenamiento jurídico mediante una ley federal.
¿Existe otra forma de producir foie gras?
La discusión sobre el futuro del foie gras no se limita a prohibir o mantener la alimentación forzada, y es que también existen productores que defienden que es posible obtener un producto similar utilizando el comportamiento natural de las aves. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Patería de Sousa, empresa española situada en Extremadura, cuyo sistema de producción se basa en la cría de los gansos en un entorno de semilibertad y en el aprovechamiento de la capacidad natural de estas aves, para acumular grasa antes del invierno y de sus desplazamientos migratorios. En este caso las aves viven en un entorno en el que se intenta respetar su ciclo natural y la acumulación de grasa en el hígado se produce sin recurrir a la alimentación forzada.
Este modelo tiene, sin embargo, una consecuencia evidente, que la producción es mucho menor que la de una explotación industrial tradicional. El foie gras de Patería de Sousa es estacional y se produce una vez al año coincidiendo con la llegada del invierno, por lo que los pedidos deben realizarse con bastante antelación. La diferencia de escala es enorme, mientras un sistema industrial puede producir miles de aves en periodos muy cortos, el modelo desarrollado por esta empresa extremeña apuesta por una producción mucho más limitada.
Este ejemplo resulta especialmente interesante porque demuestra que el debate no tiene por qué reducirse a una oposición entre foie gras y prohibición. También existe la posibilidad de investigar métodos diferentes de producción, como por ejemplo el cultivo celular.
Foie gras de cultivo celular
A las alternativas tradicionales se ha sumado durante los últimos años una tercera posibilidad, la de producir foie gras por cultivo celular. En el año 2020, la empresa francesa Gourmey dio a conocer sus investigaciones para desarrollar un foie gras de cultivo celular. La compañía planteaba este producto como una posible alternativa al foie gras tradicional y una respuesta a la alimentación forzada de patos y gansos.
En 2024, Gourmey anunció que había solicitado autorización para comercializar su producto en diferentes mercados, entre ellos la Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza y Singapur. Como ya explicamos en su momento, la idea consiste en obtener células de pato y utilizarlas para producir tejido en un entorno controlado, sin necesidad de criar al animal hasta el sacrificio para obtener el producto final. Para la empresa, esta tecnología podría permitir conservar determinadas características gastronómicas del foie gras tradicional, y al mismo tiempo eliminar algunos de los problemas éticos asociados a su producción.

Este proyecto todavía depende de las autorizaciones correspondientes, recordemos que en la Unión Europea los productos obtenidos mediante tecnologías de este tipo pueden quedar sometidos a la legislación sobre nuevos alimentos, lo que implica una evaluación científica y un procedimiento de autorización antes de su comercialización. A esto hay que añadir el hecho de que un producto que pueda fabricarse mediante cultivo celular, no significa automáticamente que vaya a convertirse en un éxito comercial, ya que debe convencer a los consumidores.
Son los consumidores los que tendrán que decidir si aceptan esta nueva categoría de alimentos, y los chefs tendrán que valorar si sus características organolépticas permiten utilizarlo como sustituto del foie gras tradicional. Hay que decir que también existe un debate regulatorio y cultural, pues mientras algunas empresas consideran que la agricultura celular puede convertirse en una herramienta para producir alimentos, reduciendo determinados impactos ambientales y problemas relacionados con el bienestar animal, algunos países y sectores de la industria agroalimentaria ven estas tecnologías como una amenaza para los métodos tradicionales de producción.
Por todo ello, el futuro del foie gras podría terminar siendo mucho más variado de lo que parece actualmente, productos tradicionales obtenidos mediante alimentación forzada, modelos alternativos basados en el comportamiento natural de las aves y productos cultivados mediante nuevas tecnologías.
Francia defiende una tradición gastronómica
La prohibición brasileña también tiene una dimensión internacional porque Francia continúa siendo uno de los principales referentes mundiales del foie gras, considerando este producto como una parte importante de su patrimonio gastronómico. El debate enfrenta dos argumentos muy diferentes, por un lado, los defensores del foie gras tradicional consideran que la práctica forma parte de una tradición culinaria que no debería desaparecer y que debe analizarse dentro de su contexto cultural y productivo. Por otro lado, las organizaciones de protección animal sostienen que ninguna tradición gastronómica debería justificar una práctica que consideran perjudicial para los animales.
La cuestión económica tampoco puede ignorarse, ya que el foie gras forma parte de un sector gastronómico de alto valor añadido y está vinculado a productores, restaurantes, distribuidores y exportadores. Cualquier prohibición que afecte a la comercialización puede tener consecuencias para toda esa cadena.
La decisión tomada en Brasil no significa que el foie gras vaya a desaparecer de la gastronomía mundial, y tampoco implica que cualquier producto elaborado a partir del pato o del ganso quede prohibido en el país, ya que como hemos comentado, el criterio fundamental establecido por la ley es el método utilizado para obtener el producto alimenticio.
Una vez que entre en vigor la Ley 15.475, la producción y comercialización de alimentos obtenidos a través de la alimentación forzada quedará prohibida en Brasil tal y como se comenta en este artículo de la página del senado. El periodo de 180 días establecido desde la publicación de la norma, permite una transición antes de que las nuevas reglas comiencen a aplicarse plenamente.
Más allá de la polémica inmediata, la decisión plantea una pregunta que probablemente surgirá cada vez con más frecuencia en otros países: ¿hasta qué punto una tradición culinaria debe mantenerse cuando su método de producción entra en conflicto con la ética y las nuevas exigencias de bienestar animal? La respuesta es complicada porque el foie gras reúne tradición, alta gastronomía, economía, identidad cultural, bienestar animal e innovación tecnológica. Cada uno de estos elementos aporta argumentos diferentes al debate.
Brasil ha decidido situarse claramente del lado de quienes consideran que la alimentación forzada no debe formar parte de la producción de alimentos. Con la nueva ley, el país convierte en norma nacional una cuestión que durante años había sido objeto de debates locales, iniciativas legislativas y campañas de organizaciones animalistas.
Parece evidente que el modelo tradicional de producción del foie gras está entrando en una nueva etapa, la prohibición brasileña es un nuevo capítulo de una discusión que lleva años desarrollándose y que probablemente seguirá creciendo. El futuro de este producto no dependerá únicamente de las decisiones de los gobiernos, también de la capacidad de la gastronomía y de la industria alimentaria para encontrar alternativas capaces de combinar sabor, tradición, innovación y bienestar animal.
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