
Los alimentos ultraprocesados ocultos están mucho más presentes en nuestra dieta de lo que podemos imaginar, y eso es precisamente lo que da a conocer una reciente investigación de Foodwatch Francia. Esta organización ha realizado un análisis que pone sobre la mesa una realidad incómoda, y es que productos aparentemente sencillos como los yogures, las ensaladas preparadas o los wraps, pueden contener ingredientes industriales propios de formulaciones complejas. Se trata de una alerta que cambia la cesta de la compra, porque obliga al consumidor a replantearse qué productos son realmente saludables y cuáles sólo lo parecen.
La investigación se centra en un problema clave, destacando que identificar los productos ultraprocesados no es algo sencillo (algunos). A diferencia de otros alimentos que son más evidentes como, por ejemplo, las pizzas, los nuggets o los refrescos, los ultraprocesados “disfrazados” no tienen un etiquetado claro que los distinga. Según el Institut National de la Consommation, basta la presencia de un sólo aditivo característico como emulsionantes, estabilizantes o jarabes industriales, para clasificar a un alimento como ultraprocesado.
Sin embargo, estos ingredientes aparecen en la letra pequeña mientras que en el frontal predominan los mensajes como “rico en proteínas” o “sin conservantes”, por lo que generan una percepción positiva en los consumidores.
Verdadero impacto en la salud de los alimentos ultraprocesados
No se trata de un debate técnico, es también profundamente sanitario, ya que desde hace años las autoridades de salud llevan años señalando la relación entre el consumo elevado de alimentos ultraprocesados y el aumento de las enfermedades crónicas. Los expertos explican que no se trata únicamente de que estos productos tengan peor perfil nutricional, en realidad el problema es mucho más complejo.
Por un lado están aquellos alimentos diseñados para ser altamente palatables (que resultan muy agradables al gusto por su combinación de sabor, textura y aroma), lo que favorece comer más cantidad de la necesaria. Por otro lado se destaca la estructura o lo que los expertos denominan “matriz alimentaria” y que cambia la forma en la que el organismo procesa los nutrientes. A esto se suman las sustancias generadas durante el procesado o que han sido añadidas artificialmente, algunas de ellas se asocian con la inflamación, las alteraciones del microbioma intestinal e incluso un mayor riesgo de padecer cáncer.

Los estudios científicos han relacionado su consumo habitual con patologías como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la obesidad o los trastornos del estado de ánimo. Recordemos que según una investigación internacional, el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia a un mayor riesgo de sufrir más de 30 problemas de salud física y mental. Cierto es que todavía se investigan los mecanismos concretos, pero la correlación es consistente y cada vez preocupa más a expertos y consumidores.
¿Qué entendemos por ultraprocesado?
El concepto moderno de ultraprocesado se popularizó gracias a la clasificación NOVA, un sistema ampliamente utilizado en nutrición para categorizar los alimentos según su grado de procesamiento. Según esta clasificación, los alimentos ultraprocesados son formulaciones industriales que contienen ingredientes poco o nada habituales en la cocina, por ejemplo, los colorantes, los potenciadores del sabor o los almidones modificados.
Aun así, existe una paradoja interesante, y es que muchos consumidores creen evitar estos productos, pero en la práctica, los consumen con relativa frecuencia. Algunos informes recientes muestran que alimentos como el pan de molde, los platos preparados e incluso ciertos yogures, forman parte habitual de la dieta europea, incluida la española.
Además, la percepción varía según el contexto cultural, en países como España o Francia existe desconfianza, mientras que en otros mercados los productos enriquecidos con vitaminas, proteínas o probióticos tienen una aceptación creciente. Este matiz es importante porque no todos los productos ultraprocesados son automáticamente comida basura.
Lo que da a conocer Foodwatch Francia es perfectamente extrapolable al mercado español, basta recorrer cualquier supermercado de nuestro país para encontrar ejemplos similares. Yogures con “base de frutas” que incluyen espesantes y almidones modificados, ensaladas preparadas con salsas industriales y conservantes, panes de molde “integrales” con largas listas de aditivos o productos proteicos o “fitness” con formulaciones altamente procesadas, entre otros.
En nuestro país las marcas blancas y los grandes fabricantes han apostado fuerte por este tipo de productos, especialmente en segmentos como el desayuno, el snack saludable o la comida rápida “equilibrada”. La tendencia hacia alimentos ricos en proteínas o funcionales que son muy visibles en los lineales de los supermercados, replican lo que ocurre en Francia.

¿Son todos los alimentos ultraprocesados iguales?
Aquí es donde el debate se vuelve más complejo, algunos productos ultraprocesados pueden aportar beneficios concretos, como los yogures con fermentos activos, los alimentos enriquecidos con micronutrientes o los productos diseñados para necesidades específicas de deportistas, personas mayores, etc.
El informe de Lumina Intelligence con el título “Future Food: How the UPF Debate is Reshaping Consumer Behaviour”, apunta precisamente a este cambio, los consumidores no buscan eliminar completamente los productos ultraprocesados, sino opciones más saludables, transparentes y adaptadas a sus necesidades. De hecho, existe una disposición a pagar más dinero por productos mejor formulados, aunque en países como España esta tendencia es más limitada por el factor precio.
El problema de fondo no es sólo la existencia de los alimentos ultraprocesados, sino la dificultad para identificarlos y entenderlos. Por ello, sin un etiquetado claro el consumidor se mueve entre mensajes de marketing y listas de ingredientes complejas.
Cada vez más expertos coinciden en que el futuro no pasa por demonizar todos estos productos, se debe trabajar para mejorar la transparencia en el etiquetado, llevar a cabo una reformulación de los productos para reducir aditivos que son innecesarios y educar al consumidor para que tenga conocimiento de lo que compra. En la práctica, esto significaría recuperar cierto equilibrio, priorizando alimentos frescos o mínimamente procesados, sin caer en la idea de que todo lo industrial es negativo.
Para concluir, destacar que esta investigación de Foodwatch no pretende alarmar innecesariamente, simplemente persigue visibilizar una realidad, que los ultraprocesados están mucho más presentes de lo que creemos, incluso en productos que consideramos saludables.
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