Los supermercados ganan más con los ultraprocesados y comer sano sale cada vez más caro

Los supermercados obtienen mayores márgenes con muchos alimentos ultraprocesados que con frutas, verduras y otros productos básicos, y eso ayuda a entender por qué cada vez resulta más difícil acceder a una alimentación sana, equilibrada y asequible. Mientras los alimentos frescos siguen encareciéndose, las grandes cadenas mantienen una fuerte presión promocional sobre productos de menor calidad nutricional, más rentables y más fáciles de vender. Este modelo de distribución no sólo afecta al bolsillo de las familias, también influye en la salud pública y profundiza la desigualdad alimentaria.

Es imposible seguir una alimentación saludable

Detrás de muchas estrategias comerciales de la gran distribución existe una realidad incómoda: los supermercados ganan más con los ultraprocesados que con productos frescos y básicos. Mientras frutas, verduras, legumbres o pescado mantienen precios elevados y apenas protagonizan promociones atractivas, numerosos alimentos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas de baja calidad y sal ocupan espacios preferentes en los lineales, se anuncian con descuentos constantes y se convierten en reclamo para llenar la cesta de la compra.

Este modelo no sólo condiciona las decisiones de compra de millones de consumidores, también ayuda a explicar por qué comer sano resulta cada vez más caro y menos accesible para muchas familias. Aunque cada vez existe más información sobre nutrición y hábitos saludables, la realidad que se encuentra buena parte de la población al hacer la compra es muy distinta: los alimentos que deberían formar la base de una dieta equilibrada son, en muchos casos, los que exigen un mayor esfuerzo económico.


Este fenómeno no es algo casual, detrás de los precios de los alimentos hay un sistema de distribución cada vez más concentrado en manos de unas pocas compañías, con capacidad para decidir qué productos reciben más visibilidad, qué promociones se lanzan, qué artículos se convierten en reclamo comercial y qué márgenes se aplican en cada categoría. En Francia, una comisión de investigación del Senado ha puesto el foco en esta cuestión tras analizar las prácticas de la gran distribución y confirmar algo que organizaciones de consumidores como Foodwatch llevan años denunciando: los supermercados aplican márgenes económicos especialmente elevados sobre determinados productos alimenticios saludables y sostenibles.

El problema no afecta únicamente al bolsillo de los consumidores. También tiene consecuencias directas sobre la salud pública, la agricultura y la desigualdad social. Mientras muchos agricultores y ganaderos apenas consiguen una rentabilidad suficiente para vivir dignamente, millones de personas tienen dificultades para acceder de forma regular a una alimentación sana y equilibrada. Se crea así una paradoja difícil de justificar: los alimentos recomendados por médicos y nutricionistas son, en demasiadas ocasiones, los menos accesibles económicamente.

Un sistema alimentario que favorece los productos menos saludables

Las investigaciones realizadas en distintos países europeos coinciden en señalar una tendencia preocupante, los supermercados promocionan masivamente productos poco saludables mientras que los alimentos frescos y nutritivos quedan relegados a un segundo plano. En Francia, un análisis realizado por organizaciones de consumidores a más de 5.000 promociones, concluyó que sólo una pequeña parte de las ofertas correspondían a alimentos saludables como las frutas, las verduras o los cereales integrales. En cambio, la mayoría de las promociones se concentraban sobre todo en los productos ultraprocesados, los snacks, los refrescos azucarados, los embutidos y los alimentos con altos niveles de grasas, azúcares y sal.

Se promocionan sobre todo los alimentos poco saludables

Hablamos de Francia, pero España reproduce una dinámica muy similar, basta con recorrer cualquier supermercado para comprobar cómo las ofertas más visibles suelen centrarse en pizzas congeladas, bollería industrial, refrescos, aperitivos salados, platos preparados o productos de consumo impulsivo, mientras que frutas, verduras, legumbres, pescado o aceite de oliva rara vez ocupan el mismo espacio promocional. Ante este panorama el resultado es evidente, las familias con menos recursos tienen más fácil acceso a productos baratos, saciantes y de peor calidad nutricional que a alimentos frescos y saludables.

Además, muchas de estas promociones no persiguen realmente ayudar a los consumidores a ahorrar, su cometido es aumentar el volumen de compra. Estrategias como el “2×1” o los descuentos en la compra de segundas unidades, fomentan el consumo excesivo de productos que deberían limitarse en el marco de una dieta sana y equilibrada. La situación se agrava aún más por la influencia del marketing digital y las redes sociales, muchos estudios han demostrado que los influencers y las campañas online, promocionan mayoritariamente los alimentos poco saludables y especialmente entre los adolescentes y los jóvenes. Esto delata que el problema ya no está sólo en los pasillos de los supermercados, también está presente en los teléfonos móviles.

Comer bien se está convirtiendo en un lujo

Las recomendaciones nutricionales son conocidas desde hace décadas, consumir frutas y verduras a diario, priorizar las legumbres y los cereales integrales, reducir los alimentos ultraprocesados y cocinar más en casa. Sin embargo, seguir estos consejos resulta cada vez más difícil para muchas familias. La inflación alimentaria de los últimos años ha afectado de forma notable a productos básicos y frescos como el aceite de oliva, las frutas, las verduras o el pescado, mientras que muchos alimentos ultraprocesados siguen siendo muy competitivos gracias a sus bajos costes de producción y a las estrategias comerciales de la industria alimentaria.

En la práctica esto significa que mantener una dieta saludable exige un mayor esfuerzo económico, comer bien deja de ser un hábito accesible para convertirse poco a poco en un privilegio, y esta situación genera una profunda desigualdad social porque las personas con menos ingresos son las que más dificultades tienen para acceder a productos de calidad. Las siguientes consecuencias son sanitarias, aumento del sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, problemas que se relacionan con la mala alimentación.

Los sistemas públicos de salud terminan soportando costes multimillonarios derivados de enfermedades que, en muchos casos, podrían prevenirse o reducirse con una alimentación más sana y equilibrada. Por eso, hablar del precio de los alimentos no es hablar sólo de economía doméstica. Es hablar de salud pública, de prevención, de equidad y de responsabilidad política.

Opacidad de los precios alimentarios

Uno de los aspectos más criticados por las organizaciones de consumidores es la falta de transparencia de los precios. El consumidor desconoce cuánto dinero recibe realmente el agricultor, cuánto se queda la industria y qué parte corresponde al margen del supermercado. Esa falta de transparencia permite aplicar estrategias comerciales que son difíciles de detectar, algunos productos básicos se comercializan con márgenes muy reducidos para atraer a los clientes, por el contrario, los alimentos considerados saludables deben soportar sobreprecios más elevados.

Es complicado elegir alimentos saludables por el elevado precio

Los datos analizados por los organismos franceses muestran incrementos significativos en los márgenes comerciales de determinados alimentos durante los últimos años, frutas, verduras y productos ecológicos se encuentran entre los más afectados, precisamente alimentos que deberían promoverse desde el punto de vista sanitario y ambiental. En España también existe una creciente preocupación sobre esta cuestión, agricultores y ganaderos denuncian desde hace mucho tiempo la enorme diferencia entre el precio en origen de los productos y el precio final que pagan los consumidores. Mientras tanto, las grandes cadenas de distribución continúan concentrando cada vez más poder dentro del mercado de la alimentación.

Propuesta de vender alimentos saludables a precio de coste

Ante esta situación, varias organizaciones de consumidores francesas han impulsado una propuesta que ha generado un intenso debate en Europa: obligar a los supermercados a vender 100 alimentos saludables a precio de coste, es decir, sin obtener beneficios comerciales sobre ellos. La medida se basaría en criterios nutricionales y se centraría en productos esenciales para una dieta equilibrada, como frutas y verduras frescas, legumbres, arroz, pasta integral, huevos, lácteos naturales sin azúcares añadidos, pescado, aceites saludables y algunos alimentos básicos infantiles.

El objetivo no sería crear una cesta cerrada y tampoco una promoción puntual, se trata de garantizar un acceso mínimo y permanente a diferentes alimentos saludables para toda la población. Además, la propuesta hace hincapié en que esta reducción de márgenes, no debe perjudicar a los agricultores y los productores, debe afectar principalmente a los beneficios de las grandes cadenas de distribución.

Una medida de este tipo podría abrir un debate necesario en España, donde el acceso a la alimentación saludable también se está convirtiendo en un problema social. Para aplicarla sería imprescindible una fuerte voluntad política, una regulación clara del mercado alimentario y mecanismos de control que evitaran trasladar la presión a los eslabones más débiles de la cadena. Por ahora, sin embargo, no parece una medida cercana.

Hasta ahora, algunas iniciativas similares impulsadas por supermercados españoles han sido muy criticadas por organizaciones de consumidores. En muchos casos, las llamadas “cestas básicas” excluían precisamente alimentos fundamentales como frutas frescas, verduras, legumbres o aceite de oliva, priorizando productos baratos pero de escaso valor nutricional, recordemos por ejemplo la cesta básica de Carrefour por 30 euros presentada en 2023.

Elegir alimentos saludables es complicado por sus elevados precios

Los supermercados tienen una gran capacidad para influir en los hábitos alimentarios de la población, deciden qué productos ocupan los lugares más visibles, los que reciben promociones y qué estrategias de marketing se aplican. Cuando la mayor parte de las ofertas promocionales se concentran en los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas, el mensaje que reciben los consumidores es claro, lo menos saludable es lo más accesible, algo que condiciona las decisiones de compra y termina moldeando la alimentación de toda la sociedad.

Las organizaciones de consumidores trabajan desde hace años una serie de medidas concretas para cambiar esta situación, y entre ellas destacan la obligación de aumentar las promociones de los alimentos saludables, limitar la publicidad de los productos ultraprocesados dirigida a los menores y mejorar la transparencia sobre los márgenes comerciales que se aplican. También se reclama una mayor presencia de productos ecológicos y sostenibles en las campañas promocionales, ya que actualmente estos alimentos suelen quedar fuera del alcance de muchas familias debido a sus elevados precios.

La alimentación ya no puede entenderse sólo como una cuestión individual, las decisiones de compra están profundamente condicionadas por el entorno económico y comercial, pedir responsabilidad a los consumidores mientras que el sistema favorece constantemente los productos menos saludables, resulta insuficiente. Nuestro país afronta desafíos muy similares a los de Francia, inflación alimentaria, pérdida de poder adquisitivo, concentración del mercado en unas pocas cadenas y una creciente desigualdad al acceso a una dieta equilibrada, y es por eso el que debate sobre el precio de los alimentos saludables adquiere cada vez más importancia.

Como explican en este artículo de Foodwatch, el gran reto de los próximos años será decidir si la alimentación saludable continúa tratándose como un producto comercial más, sometido a los mismos márgenes y estrategias que cualquier otro artículo de consumo, o si pasa a considerarse una auténtica prioridad de salud pública.

Crédito imágenes | Depositphotos.com

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

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