
La harina de garbanzo es uno de esos ingredientes que muchas veces llega a la despensa por una receta concreta y después se queda esperando turno. Se compra para hacer una masa, un rebozado, unas tortitas o una elaboración sin gluten, pero no siempre se incorpora a la cocina diaria con la naturalidad que merece. Y, sin embargo, es una harina muy interesante: tiene sabor propio, aporta color, ayuda a conseguir texturas crujientes, espesa masas y salsas, y permite preparar elaboraciones tanto dulces como saladas sin depender siempre de la harina de trigo. ¿Quieres saber qué hacer con harina de garbanzo?
A diferencia de otras harinas más neutras, la harina de garbanzos tiene carácter. Su sabor recuerda al propio garbanzo, con un fondo ligeramente tostado y vegetal, por eso conviene saber dónde usarla y con qué combinarla. Funciona muy bien en rebozados, porque ayuda a formar una capa sabrosa y dorada; en masas finas, porque da estructura; en crackers, colines y tortitas, porque aporta consistencia; y en algunas recetas dulces, bien equilibrada con especias, cacao, frutos secos o cítricos. Además, es una buena aliada para quienes buscan alternativas al trigo, aunque no debe tratarse como un sustituto automático: absorbe líquido de otra manera y tiene un comportamiento distinto en cada masa.
Se puede preparar en casa moliendo garbanzos secos, siempre que se cuente con un robot o procesador potente. En Gastronomía y Cía ya explicamos cómo hacer harina de garbanzo con Thermomix, una opción útil si se quiere controlar la cantidad, aprovechar garbanzos de calidad o preparar sólo la harina necesaria. A partir de ahí, la cuestión es no dejar que el paquete quede olvidado en la despensa: la harina de garbanzos puede entrar en muchas más recetas de las que parece, y este recetario reúne ideas fáciles para darle salida con sentido, sabor y variedad.







