
La preocupación por los pesticidas prohibidos en alimentos importados y comercializados en Europa ha vuelto al centro del debate tras una investigación realizada por la organización de consumidores Foodwatch, que ha detectado residuos de sustancias no autorizadas en productos de consumo habitual como el arroz, el té y las especias que se venden en supermercados europeos.
El informe, elaborado a partir de análisis realizados en Francia, Alemania, Austria y Países Bajos, concluye que numerosos alimentos importados contienen restos de pesticidas no autorizados en la Unión Europea por sus posibles riesgos para la salud humana y el medioambiente. Los resultados han generado preocupación entre organizaciones de consumidores y colectivos ecologistas, especialmente porque algunos de los productos analizados superaban los límites máximos legales de residuos permitidos en la Unión Europea.
Además, esta investigación coincide con el debate sobre la futura normativa comunitaria conocida como “ley ómnibus”, una propuesta de la Comisión Europea que podría modificar distintos controles y criterios aplicados a la seguridad alimentaria. Recordemos que se trata de una propuesta que pretende cambiar varias normas, pero que, según distintas organizaciones, no resolvería el problema de fondo.
La investigación de Foodwatch analizó 64 productos comercializados en los países europeos citados. Los resultados muestran que 49 de ellos contenían residuos de pesticidas, y que 45 presentaban uno o más residuos de pesticidas no aprobados en la Unión Europea. En total, los análisis detectaron 54 residuos de pesticidas diferentes, de los cuales 27 correspondían a sustancias no autorizadas a nivel europeo. Uno de los aspectos que la organización destaca es que algunos alimentos acumulaban una gran cantidad de residuos distintos, es decir, un cóctel de pesticidas. En algunos productos alimenticios se detectaron hasta 22 pesticidas diferentes, algo que vuelve a poner el foco sobre la exposición combinada a múltiples sustancias químicas a través de la alimentación y sobre cómo debe evaluarse ese riesgo acumulativo.

En Francia se analizaron 15 productos y 12 de ellos contenían residuos de pesticidas no autorizados en Europa. Las especias y los tés fueron dos de las categorías más afectadas. Entre los casos más destacados se encuentra un pimentón dulce molido de la marca Ducros, que acumulaba 18 residuos diferentes, seis de ellos no autorizados en Europa. Otro producto similar, de la marca Bouton d’Or, comercializada por Intermarché, contenía 14 residuos diferentes, cinco de ellos correspondientes a sustancias no autorizadas por la legislación comunitaria.
Además, un arroz Le Thaï de la marca Taureau Ailé y un pimentón dulce molido de la marca Ducros superaban los límites máximos legales de residuos permitidos por la legislación europea, motivo por el que Foodwatch pidió la retirada inmediata de ambos productos del mercado.
El problema de los plaguicidas boomerang
La investigación vuelve a evidenciar el fenómeno conocido como “plaguicidas boomerang”: pesticidas no autorizados en la Unión Europea por motivos sanitarios o ambientales, pero que continúan produciéndose y exportándose a terceros países, donde su utilización sigue siendo legal. Posteriormente, esas sustancias pueden regresar al mercado europeo en forma de residuos presentes en alimentos importados.
Esta práctica genera una gran controversia porque contradice la lógica de las propias prohibiciones europeas. Aunque la UE impide el uso de determinadas sustancias en territorio comunitario, sí permite que alimentos cultivados y tratados en terceros países con esas mismas sustancias entren posteriormente en el mercado, siempre que cumplan los límites máximos de residuos establecidos. Organizaciones ecologistas y asociaciones de consumidores llevan años denunciando este doble rasero regulatorio, al considerar que Europa protege sus cultivos dentro de sus fronteras, pero acepta indirectamente la exposición a sustancias peligrosas a través de las importaciones alimentarias.
Foodwatch centró su investigación en tres categorías de productos: arroz, té y especias. La elección se fundamentó en datos previos de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), que sitúan estos alimentos entre los más afectados por residuos de pesticidas no autorizados. Por cierto, merece la pena retomar la lectura del post “Residuos de pesticidas en los alimentos: los datos más recientes de la EFSA”.

El arroz, el té y las especias son productos con una presencia importante en el comercio alimentario internacional. El arroz puede proceder de distintos países productores fuera de la Unión Europea, el té suele estar vinculado a cultivos intensivos de terceros países, y las especias presentan históricamente una elevada exposición a residuos químicos debido a las condiciones de cultivo, secado, almacenamiento y transporte. Entre las sustancias detectadas aparecen insecticidas como el clorfenapir, la bifentrina, la clotianidina, el tiametoxam y el imidacloprid, además del fungicida isoprotiolano, utilizado en cultivos de arroz. Varias de estas sustancias no están autorizadas en Europa por sus posibles efectos tóxicos, riesgos neurológicos o daños medioambientales.
Conviene recordar que los pesticidas son sustancias diseñadas para controlar organismos que afectan a los cultivos, y precisamente por esa actividad biológica requieren una evaluación estricta de sus posibles efectos sobre la salud humana, el medioambiente y los ecosistemas. Diversos estudios científicos han relacionado la exposición prolongada a determinados pesticidas con un mayor riesgo de cáncer, enfermedades neurológicas y alteraciones hormonales, aunque el riesgo depende de la sustancia concreta, la dosis, el tiempo de exposición y las características de la población expuesta.
Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad científica es la presencia de disruptores endocrinos, sustancias capaces de alterar el sistema hormonal incluso en dosis muy reducidas. Foodwatch advierte además que la evaluación de riesgos en Europa suele realizarse sustancia por sustancia, sin analizar suficientemente los efectos acumulativos derivados de la combinación de múltiples residuos en un mismo alimento o en la dieta diaria. Hay que recordar que en el año 2020 se dieron a conocer los primeros informes del riesgo acumulativo de pesticidas en los alimentos elaborados por la EFSA, pero este asunto parece haber quedado en un segundo plano dentro del debate regulatorio.
El denominado “efecto cóctel” representa precisamente una de las principales lagunas en la evaluación del riesgo. Aunque cada pesticida pueda encontrarse dentro de los límites legales establecidos de forma individual, la combinación de numerosas sustancias en un mismo alimento o en el conjunto de la dieta plantea preguntas que todavía no están resueltas por completo. Esta es una de las cuestiones que organizaciones de consumidores, científicos y colectivos ecologistas vienen denunciando desde hace años.
La publicación de esta investigación coincide con el debate sobre el proyecto legislativo denominado “Food and Feed Safety Omnibus”, conocido como ley ómnibus alimentaria de la Unión Europea. El término “ómnibus” hace referencia a un paquete legislativo que modifica varias normas al mismo tiempo. Sin embargo, distintas organizaciones consideran que esta propuesta podría suponer un retroceso en materia de seguridad alimentaria, al flexibilizar determinados controles sobre residuos de pesticidas y procedimientos de vigilancia en las fronteras.

El debate se ha intensificado tras la publicación de un informe jurídico independiente encargado por Foodwatch, PAN Europe y el Veblen Institute. En este documento se sostiene que permitir residuos de pesticidas no autorizados en la Unión Europea en alimentos importados podría ser incompatible con el derecho europeo. Según este análisis jurídico, la Comisión Europea tendría capacidad legal para reducir drásticamente, e incluso eliminar, los límites máximos de residuos de sustancias prohibidas por motivos de salud pública.
Francia se ha convertido en uno de los países europeos más activos en este debate. Recordemos que a principios de año anunció restricciones a las importaciones de alimentos con residuos de determinados pesticidas prohibidos, como el mancozeb o el carbendazim. Esta medida se apoya en el concepto de “cláusulas espejo”, una propuesta que persigue exigir a los productos importados las mismas normas sanitarias y medioambientales que se aplican en la Unión Europea. Obviamente, no tiene sentido prohibir determinadas sustancias en territorio europeo y permitir, al mismo tiempo, la entrada de productos alimenticios tratados con esos mismos químicos.
Tras la publicación de los resultados, la organización Foodwatch reclama una respuesta más contundente por parte de las instituciones nacionales y europeas. Entre sus peticiones figuran prohibir totalmente la exportación de pesticidas no autorizados en la UE, reducir a cero los límites máximos de residuos para las sustancias prohibidas por motivos sanitarios o medioambientales, reforzar los controles sobre los alimentos importados, aumentar las sanciones a las empresas que incumplan la normativa y mejorar la transparencia y trazabilidad en la cadena alimentaria.
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