
La agricultura regenerativa está ganando protagonismo en la industria alimentaria, pero su crecimiento también pone sobre la mesa una realidad menos conocida: todavía existe bastante confusión sobre qué significa exactamente, cómo se puede demostrar que una producción es realmente regenerativa y quién debe asumir el coste de la transición.
Una reciente encuesta realizada por Eurostar Commodities entre 150 profesionales del sector alimentario británico refleja precisamente esta situación. Según sus resultados, existe un respaldo muy elevado a la agricultura regenerativa, pero también importantes lagunas de conocimiento y preocupaciones relacionadas con el precio, la disponibilidad y la falta de criterios claros para verificar sus beneficios.
El dato más llamativo es que el 100 % de los participantes considera que la agricultura regenerativa es importante para el futuro de la agricultura británica. Además, el 92 % afirma que también es importante para su propia empresa. A primera vista, podría parecer que el sector alimentario ya está plenamente convencido de este modelo. Sin embargo, cuando se profundiza un poco más, la fotografía resulta bastante más compleja.
¿Qué entendemos realmente por agricultura regenerativa?
La agricultura regenerativa no consiste simplemente en utilizar menos productos químicos ni es otra forma de llamar a la agricultura ecológica. En este artículo podéis conocer las diferencias. Se trata de un enfoque agrícola que pretende recuperar la salud del suelo, favorecer la biodiversidad, mejorar el uso del agua y abordar problemas como la degradación del suelo, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua o los efectos del cambio climático, entre otros objetivos.
Entre las prácticas que pueden formar parte de este modelo de agricultura se encuentran la reducción de la labranza, los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos y determinadas formas de integración de la ganadería y el pastoreo. Sin embargo, existe un problema de fondo: no hay una definición legal común ni una definición universalmente aceptada de agricultura regenerativa. Esta es una de las principales diferencias respecto a la agricultura ecológica.
La agricultura ecológica está sometida a una normativa específica y a sistemas de certificación que establecen qué prácticas están permitidas y cuáles no. En cambio, el término «regenerativo» tiene actualmente mucha más flexibilidad y puede utilizarse para describir sistemas agrícolas diferentes. Esta diferencia es fundamental: un alimento ecológico debe cumplir unos requisitos establecidos legalmente para poder utilizar esa denominación. En cambio, que un producto se presente como regenerativo no garantiza por sí mismo que exista un conjunto uniforme de prácticas ni unos resultados ambientales concretos que respalden esa afirmación.
Por eso, hablar de agricultura regenerativa exige algo más que enumerar determinadas prácticas. También es necesario preguntarse qué resultados se están consiguiendo: ¿mejora la salud del suelo?, ¿aumenta la biodiversidad?, ¿mejora la gestión del agua?, ¿se reduce realmente el impacto ambiental?, ¿se mantiene la productividad agrícola? La falta de criterios comunes deja margen para la innovación, pero también puede facilitar el denominado greenwashing o lavado verde.

Los resultados comunicados por Eurostar Commodities muestran una situación aparentemente contradictoria. Por un lado, existe un enorme entusiasmo por la agricultura regenerativa, pero, por otro, persiste una gran falta de conocimiento. El 42 % de los profesionales consultados reconoce que no comprende completamente los beneficios más amplios de la agricultura regenerativa, especialmente en aspectos como la biodiversidad, la retención del agua y la reducción de las emisiones de carbono.
Los datos muestran que el interés empresarial está avanzando más deprisa que la comprensión del concepto. La situación resulta todavía más interesante cuando se observa la aplicación comercial. Según la encuesta, el 67 % de los encuestados afirma que su empresa ya utiliza ingredientes procedentes de la agricultura regenerativa y otro 17 % está estudiando utilizarlos. Es decir, más de ocho de cada diez participantes trabajan en empresas que ya utilizan este tipo de ingredientes o están valorando hacerlo.
En el caso concreto del trigo y la harina regenerativos, el 82 % de los participantes para los que la pregunta era relevante afirma esperar utilizarlos durante el próximo año o en los dos o tres siguientes. Son datos que apuntan a un interés empresarial considerable, pero conviene interpretarlos con prudencia. La encuesta fue realizada por Eurostar Commodities mediante un cuestionario en línea y no se ha localizado una ficha metodológica pública que detalle cómo fueron seleccionados los 150 participantes, cuál fue la tasa de respuesta, qué distribución tenían por tipo de empresa o si la muestra puede considerarse representativa del conjunto de la industria alimentaria británica.
Por tanto, los resultados sirven para conocer la opinión de los profesionales que participaron en la encuesta, pero no deberían interpretarse automáticamente como una radiografía estadísticamente representativa de toda la industria alimentaria del Reino Unido. Tampoco pueden trasladarse directamente al conjunto de la Unión Europea, aunque sí pueden ofrecer una referencia sobre algunas tendencias y preocupaciones que podrían estar presentes en otros mercados europeos.
El precio sigue siendo decisivo para la agricultura regenerativa
Existe otro dato de la encuesta que probablemente sea todavía más importante para entender el futuro de la agricultura regenerativa. El 75 % de los participantes considera que un precio competitivo sería uno de los principales factores para decidirse a utilizar trigo o harina regenerativos. Esto pone de manifiesto una de las grandes dificultades de cualquier transformación del sistema alimentario: la sostenibilidad debe integrarse en unas condiciones económicas viables.
Las empresas pueden estar convencidas de la necesidad de proteger los suelos, reducir los impactos ambientales y hacer más resistentes las cadenas de suministro, pero necesitan productos que puedan comprar, transformar y vender sin que los costes resulten incompatibles con su actividad.
De hecho, el 50 % de los encuestados considera que disponer de beneficios ambientales demostrados sería un factor importante para adoptar trigo o harina regenerativos. Las empresas no parecen estar buscando únicamente una etiqueta sostenible, sino evidencias que respalden sus efectos. Si una harina regenerativa cuesta más que una harina convencional, será necesario explicar por qué, y esa explicación no puede basarse únicamente en una afirmación genérica de que el producto es «mejor para el planeta». Tendrá que apoyarse en información verificable sobre las prácticas agrícolas y, cada vez más, sobre los resultados obtenidos.

El consumidor también tiene un papel en la agricultura regenerativa
La agricultura regenerativa gana visibilidad entre los consumidores, pero el conocimiento sigue siendo limitado. Una parte importante de los consumidores todavía confunde la agricultura regenerativa con la agricultura ecológica o interpreta que un producto regenerativo tiene necesariamente unas determinadas características nutricionales. Aquí conviene hacer una distinción importante: la agricultura regenerativa describe principalmente un modo de producción agrícola. No significa que el alimento resultante sea automáticamente más saludable ni que un producto elaborado a partir de ingredientes regenerativos deje de ser un alimento ultraprocesado.
Los consumidores pueden valorar positivamente que una empresa utilice ingredientes procedentes de prácticas agrícolas regenerativas, pero necesitan información clara para entender qué hay realmente detrás de esa afirmación. Por eso resulta significativo que el 92 % de los participantes en la encuesta de Eurostar considere que disponer de información sobre la salud del suelo, la biodiversidad y las prácticas agrícolas les ayudaría a comunicar mejor el valor de los productos regenerativos a sus clientes.
La cuestión no es únicamente producir de otra manera, sino también ser capaz de demostrarlo y explicarlo. La relación entre consumidores y empresas es, de hecho, uno de los factores que explican el crecimiento de este modelo de agricultura. Como ya explicamos en su momento, la agricultura regenerativa ha ido ganando espacio en el debate sobre sostenibilidad a medida que aumenta el interés por la salud del suelo, la biodiversidad, el agua y el impacto ambiental de los sistemas alimentarios.
Las empresas tienen sus propios motivos para apostar por lo regenerativo
El crecimiento de la agricultura regenerativa tampoco puede explicarse únicamente por una supuesta revolución en las preferencias de los consumidores. Las grandes empresas alimentarias tienen un interés directo en mantener estables sus cadenas de suministro, porque las sequías, las olas de calor, las lluvias intensas, la degradación del suelo y otros fenómenos asociados al cambio climático pueden afectar directamente a la disponibilidad y al precio de las materias primas agrícolas. Desde esta perspectiva, mejorar la salud del suelo no es solamente una cuestión ambiental; también puede convertirse en una estrategia empresarial para reducir riesgos futuros.
Por esta razón, algunas grandes compañías están integrando prácticas regenerativas en sus programas de abastecimiento. El objetivo no responde necesariamente a motivos altruistas: una cadena de suministro más resistente también puede ser una cadena de suministro más segura para la propia empresa. El consumidor presiona, pero la necesidad de proteger el suministro, reducir riesgos y anticiparse a un entorno climático más complicado también está impulsando el cambio hacia este modelo de agricultura.
Como información complementaria, podéis leer el artículo «¿Por qué crece la agricultura regenerativa? El papel del consumidor y de las empresas».
Un gran reto será demostrar qué significa realmente «regenerativo»
Si cada empresa puede utilizar su propia definición de agricultura regenerativa, el consumidor puede acabar encontrándose con productos que utilizan el mismo término para describir prácticas muy diferentes. La flexibilidad tiene ventajas: la agricultura no funciona igual en todas las regiones y una práctica que puede mejorar el suelo en una determinada zona no necesariamente produce los mismos resultados en otra. Por eso, algunos expertos consideran que la agricultura regenerativa debería evaluarse no solo por las prácticas utilizadas, sino también por los resultados obtenidos.

Utilizar determinadas prácticas agrícolas no significa por sí solo que una explotación sea regenerativa. Lo importante es comprobar qué resultados consiguen esas prácticas en cada terreno: por ejemplo, si mejoran la salud del suelo, favorecen la biodiversidad o ayudan a conservar el agua, y si esos cambios pueden medirse. En este sentido, la trazabilidad y la certificación pueden desempeñar un papel importante. Si el mercado quiere crecer, será necesario establecer sistemas que permitan distinguir entre un verdadero programa de regeneración y una simple estrategia de marketing.
La agricultura regenerativa puede crecer, pero necesita credibilidad
Los resultados de la encuesta británica transmiten un mensaje bastante claro: existe interés empresarial y la agricultura regenerativa ha dejado de ser un concepto marginal. Sin embargo, el entusiasmo no garantiza por sí mismo una transformación profunda del sistema alimentario. El sector necesita más conocimiento, mejores sistemas de medición, información transparente y criterios que permitan comparar resultados, pero también debe resolver una cuestión tan básica como el precio.
Y hay otro elemento que no debería olvidarse: la agricultura regenerativa no tiene por qué ser exactamente igual en todas partes. Lo verdaderamente importante será determinar si las prácticas utilizadas consiguen mejorar las condiciones ambientales y productivas del territorio en el que se aplican, sin perder de vista la viabilidad económica de las explotaciones agrícolas.
La encuesta de Eurostar es interesante precisamente porque muestra esta contradicción: la industria parece estar convencida de que la agricultura regenerativa tendrá un papel importante en el futuro, pero una parte significativa de quienes trabajan en ella todavía reconoce que no conoce completamente sus beneficios. La agricultura regenerativa no necesita solamente más empresas dispuestas a utilizarla; necesita que productores, industria y consumidores sepan exactamente qué significa, qué resultados ofrece y cómo pueden comprobarse.
Si la agricultura regenerativa quiere convertirse en una transformación real del sistema alimentario, y no simplemente en una nueva palabra de moda, tendrá que demostrar que detrás de la etiqueta existen cambios reales en el suelo, en los ecosistemas y en la capacidad de producir alimentos de forma sostenible a largo plazo.
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