Nuevas técnicas genómicas para mejorar la seguridad alimentaria en la UE

La Unión Europea ha impulsado un nuevo marco basado en nuevas técnicas genómicas para mejorar la seguridad alimentaria en la UE, con el objetivo de adaptar la legislación a los avances científicos y responder a los retos del cambio climático. Estas tecnologías permiten modificar el ADN de las plantas de forma precisa para obtener cultivos más resistentes, productivos, sostenibles y seguros.

Manipulación genetica de los alimentos

En un momento clave para el futuro de la agricultura, la UE ha dado un paso decisivo con la aprobación de un nuevo marco sobre nuevas técnicas genómicas para mejorar la seguridad alimentaria. Se trata de una iniciativa que busca equilibrar la innovación, la seguridad y la sostenibilidad en el sistema alimentario, presentada como el resultado de años de debate científico, regulatorio y social, sobre cómo producir alimentos ante problemas como el cambio climático, la presión sobre los recursos, y la necesidad de alimentar a una creciente población.

Para entender el nuevo reglamento es necesario saber que son las nuevas técnicas genómicas (NTG). Se trata de herramientas avanzadas de edición genética que permiten modificar el ADN de las propias plantas de forma precisa, rápida y dirigida, algo que se diferencia de los organismos modificados genéticamente (transgénicos), donde se introducen genes de otras especies.

La mayoría de estas técnicas actúan sobre los propios genes del organismo, reproduciendo cambios que podrían ocurrir de manera natural, pero de forma mucho más rápida y controlada, y un ejemplo es la tecnología de edición genética CRISPR, conocida como “tijeras moleculares”, que han revolucionado este campo al permitir intervenir en puntos concretos de un genoma.

En los últimos años la agricultura se ha enfrentado a desafíos que son cada vez más notorios como unas sequías más frecuentes, suelos más degradados, fenómenos climáticos extremos y nuevas enfermedades que afectan tanto a los cultivos como al ganado. En este contexto, la edición genética empezó a posicionarse como una herramienta clave que puede mejorar la seguridad alimentaria.

Recordemos que en el año 2023 la FAO evaluó el impacto de estas tecnologías y concluyó que, si los alimentos resultantes son seguros, no sería necesario crear marcos regulatorios completamente nuevos, bastaría con adaptar los ya existentes. Este planteamiento centrado en el resultado más que en el proceso, marcó un cambio importante en la forma de entender la regulación de los alimentos obtenidos mediante edición genética.

Nuevas técnicas genómicas en la UE

Mientras que Estados Unidos optaba por no regular estrictamente ciertos cultivos editados genéticamente, al considerarlos equivalentes a los convencionales, otros países como Australia planteaban la necesidad de diferenciar claramente entre edición genética y transgénesis. En Europa en cambio, se mantenía una normativa basada en una legislación del año 2001, cuando estas nuevas tecnologías de edición genética ni siquiera existían.

La decisión del Consejo de la Unión Europea responde a un problema evidente, que las leyes actuales se habían quedado atrás frente a los avances científicos. Así, con el nuevo reglamento se actualizan esas normas para adaptarlas a la realidad tecnológica y al mismo tiempo se persigue alcanzar objetivos como garantizar alimentos más seguros, reducir la dependencia de productos importados de terceros países, asegurar unas condiciones más justas para los agricultores europeos, y promover una producción alimentaria más sostenible.

Uno de los aspectos más importantes es la clasificación de los cultivos obtenidos mediante estas nuevas tecnologías en dos categorías bien diferenciadas. Por un lado, están los vegetales de categoría 1, que son considerados equivalentes a los obtenidos por métodos convencionales. En estos casos, las autoridades nacionales verifican su condición, pero no se exige un control adicional para su descendencia, a esto hay que añadir que no se requiere un etiquetado específico en el producto final, algo que facilita la integración en el mercado.

Por otro lado, los vegetales de categoría 2, que incluyen modificaciones más complejas y que siguen sujetos a la normativa vigente sobre organismos modificados genéticamente. Esto conlleva controles más estrictos, una autorización previa, un seguimiento y un etiquetado obligatorio. Además, los Estados miembros de la Unión Europea tienen la posibilidad de no autorizar su cultivo en su territorio y establecer medidas específicas para evitar su presencia accidental en otros productos. Se trata de una diferenciación clave porque reconoce que no todas las modificaciones genéticas son iguales, algo que ciertamente la comunidad científica lleva tiempo señalando.

Innovación con límites, seguridad alimentaria y transparencia

Uno de los grandes retos de este nuevo marco es mantener la confianza del consumidor, por lo que para ello el reglamento insiste en que los estándares de seguridad en salud humana, animal y medioambiental no se reducen. Con ello se pretende transmitir el mensaje de que se permite la innovación, pero sin comprometer la seguridad alimentaria.

Mejorar la seguridad alimentaria con la genética

Además, se introducen medidas específicas en materia de transparencia y especialmente en lo referente a las patentes. Los desarrolladores de cultivos deberán informar sobre las patentes asociadas en una base de datos pública, abriéndose la puerta a sistemas de licencias en condiciones justas. Este punto responde a una de las principales preocupaciones existentes, el hecho de que unas pocas empresas puedan concentrar el control de estas tecnologías. En este sentido, la Comisión Europea tiene previsto evaluar en el plazo de un año, cómo afectan estas patentes a la innovación, la disponibilidad de semillas y la competitividad del sector, a fin de poder ajustar el sistema si aparecen desequilibrios.

¿Qué beneficios reales pueden aportar las nuevas técnicas genómicas?

Gracias a las nuevas técnicas genómicas es posible desarrollar cultivos más resistentes a la sequía, el calor o las inundaciones, entre otros, algo esencial ante los problemas asociados al cambio climático. También se pueden obtener plantas que necesitan menos agua, menos fertilizantes, capaces de soportar la salinidad o que aprovechan mejor los nutrientes del suelo. No se trata solo de la productividad, la edición genética permite mejorar el valor nutricional de los alimentos, reducir las sustancias no deseadas o incluso alargar la vida útil de los alimentos.

Se pueden citar ejemplos concretos como el trigo que produce menos acrilamida durante el horneado, los tomates con mayor contenido en vitamina D, o frutas que se conservan mejor tras ser cortadas. Obviamente estos avances tienen un impacto directo en la sostenibilidad, ya que permite producir más con menos recursos y reducir el desperdicio alimentario.

Pero a pesar del supuesto potencial, hay quien no está de acuerdo con las nuevas técnicas genómicas, algunas organizaciones alertan sobre posibles efectos imprevistos como la aparición de alérgenos o cambios no deseados en los ecosistemas. A esto hay que añadir que se mantiene la preocupación sobre la concentración de poder en manos de grandes empresas biotecnológicas, no convenciendo el control de estas tecnologías por la Comisión Europea. Además, está la percepción de los consumidores, y es que aunque estas técnicas son diferentes de los transgénicos tradicionales, una parte de la población las percibe de forma similar, lo que plantea un gran desafío en términos de comunicación y transparencia.

Aunque el reglamento aún debe ser adoptado formalmente por el Parlamento Europeo, ya se ha establecido un calendario y una vez aprobado, entrará en vigor a los 20 días de su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea, aunque la mayoría de sus disposiciones no se aplicarán hasta pasados 2 años. Esto quiere decir que la reglamentación comenzará a funcionar plenamente sobre mediados del año 2028, periodo de transición que permitirá desarrollar las normas técnicas necesarias y la adaptación de las administraciones y el sector agrícola.

Europa ha decidido no quedarse atrás en una revolución científica que está transformando la agricultura a nivel global, pero ahora queda por ver cómo se traduce esta decisión en el campo, en el mercado y en lo que llegará a nuestra mesa. Podéis conocer más detalles de la reglamentación a través de este artículo publicado en la página web del Consejo de la Unión Europea, y con más detalle en este documento (Pdf).

Crédito imágenes | Depositphotos.com

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

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