Proteína de insectos: por qué fracasa la alternativa sostenible a la carne y qué futuro le espera

La proteína de insectos parecía una alternativa sostenible a la carne, pero los elevados costes de producción y el rechazo de los consumidores están frenando su expansión. Analizamos por qué fracasa pese a su potencial nutricional y ambiental, y cómo la regulación influye en su desarrollo. Mientras algunas empresas han cerrado, la alimentación animal y la acuicultura podrían ofrecer nuevas oportunidades. Descubre qué futuro le espera a esta fuente de proteínas y cuáles son los retos que deberá superar para convertirse en una opción viable. …

Declive de la proteína de insectos

La proteína de insectos parecía destinada a revolucionar la alimentación sostenible, pero la realidad está siendo bastante más complicada de lo que pronosticaban sus promotores. Los elevados costes de producción, las dificultades para conseguir consumidores habituales y el rechazo cultural a comer insectos han puesto en jaque a varias empresas que aspiraban a transformar el sector alimentario.

El cierre de compañías como Ÿnsect, así como el restaurante londinense Yum Bug, refleja las dificultades de un mercado que despertó grandes expectativas entre los inversores, pero que todavía tiene mucho que demostrar en lo referente a la viabilidad comercial. Claro, que la situación no significa que los insectos hayan dejado de tener interés como fuente de proteínas. Sus posibilidades nutricionales, su potencial para aprovechar determinados recursos y su aplicación en la alimentación animal siguen despertando interés científico e industrial.

Sin embargo, la evolución del sector demuestra que una alternativa prometedora sobre el papel no necesariamente se convierte en un producto rentable, que sea aceptado por los consumidores y que sea capaz de competir con los alimentos tradicionales.

De la promesa de sostenibilidad al problema de la rentabilidad

Durante los últimos años, la proteína de insectos atrajo importantes inversiones gracias a una combinación de argumentos que encajaban con los desafíos del sistema alimentario: el aumento de la demanda mundial de proteínas, la necesidad de reducir determinados impactos ambientales y la búsqueda de nuevas materias primas para alimentar a personas y animales. Los insectos parecían ofrecer una solución a varios de los citados problemas.

Algunas especies de insectos pueden criarse en instalaciones relativamente compactas y transformar su alimento en biomasa rica en proteínas. Además, su producción podría contribuir a aprovechar determinados subproductos, siempre que sean adecuados y estén permitidos por la normativa aplicable. La posibilidad de automatizar la cría, la recolección y el procesamiento de los insectos alimentó la expectativa de desarrollar grandes instalaciones industriales capaces de producir cantidades crecientes de proteína. En Europa, estas iniciativas también encontraron un contexto favorable en las políticas de sostenibilidad alimentaria y en la búsqueda de alternativas a las fuentes tradicionales de proteína, como la soja y la harina de pescado.

Sin embargo, el principal error fue creer que el crecimiento de la capacidad productiva iría acompañado de una demanda suficiente para absorberla. Construir una granja industrial de insectos necesita inversiones importantes en instalaciones, climatización, alimentación, mano de obra, recolección, secado, procesamiento y controles de calidad. Todos estos gastos deben cubrirse de manera continuada, independientemente de que los clientes compren suficiente producto.

La producción industrial de insectos no consiste simplemente en una crianza que necesita poco espacio. Se trata de un sistema biológico controlado que debe mantener unas condiciones adecuadas y ofrecer un producto uniforme, seguro y comercializable. Si la granja funciona por debajo de su capacidad o los compradores no están dispuestos a pagar el precio necesario, la rentabilidad se resiente.

A este problema se suma la competencia de ingredientes proteicos consolidados, que cuentan con cadenas de suministro desarrolladas y precios difíciles de igualar. El resultado ha sido una brecha entre las expectativas de crecimiento y las condiciones económicas reales.

Alimentos elaborados con insectos no convencen

El rechazo del consumidor a los insectos es un obstáculo difícil de superar

Si los costes de producción explican buena parte de los problemas empresariales, la aceptación del consumidor constituye otro de los grandes desafíos, especialmente en el mercado de la alimentación humana. En diferentes regiones del mundo, los insectos forman parte de la dieta tradicional y se consumen por sus características culinarias y nutricionales; sin embargo, en buena parte de Europa la idea de comerlos genera un gran rechazo. Para muchos consumidores no se trata de valorar únicamente el sabor o la composición nutricional, también hay que superar una barrera cultural profundamente arraigada.

El llamado “factor asco” ya aparecía en los análisis sobre el potencial de los insectos comestibles publicados hace años. Ya lo abordábamos en el artículo sobre la primera evaluación completa de la EFSA de un producto alimenticio derivado de insectos, destacando que la aceptación social podía resultar tan determinante como las cuestiones científicas y regulatorias.

Una de las estrategias para facilitar su introducción ha consistido en transformar los insectos en harina o polvo, integrándolos en productos como pan, galletas, pasta, aperitivos y otros alimentos procesados. De esta forma, el consumidor no tiene que enfrentarse necesariamente a la apariencia del insecto entero.

Sin embargo, el hecho de ocultar su forma no elimina el rechazo cuando el consumidor sabe que el producto contiene insectos. Aunque alguien esté dispuesto a probar un alimento por curiosidad o por su supuesto beneficio ambiental, no significa que vaya a comprarlo de forma recurrente. Esta diferencia entre probar y consumir de forma habitual es fundamental. Para que un mercado se consolide, no basta con generar expectación: el producto debe gustar, tener un precio competitivo y ofrecer razones suficientes para que el consumidor vuelva a comprarlo.

Si, además, el producto cuesta más que las alternativas convencionales, la propuesta alimentaria pierde atractivo para buena parte de los consumidores. La sostenibilidad puede influir en una decisión de compra, pero no siempre compensa las diferencias de precio, sabor, textura o familiaridad entre otras cuestiones.

¿Son los insectos una buena fuente de proteínas?

Las dificultades comerciales no deben confundirse con una falta de interés nutricional. Como ya hemos explicado en otras ocasiones, los insectos comestibles contienen proteínas, grasas y otros nutrientes, aunque su composición varía considerablemente según la especie, la fase de desarrollo, la alimentación y el tratamiento aplicado.

En julio de 2013 hablábamos de los resultados de esta investigación de la Universidad de Wageningen, que comparaba la composición proteica de la carne roja con la de cinco especies de insectos. El trabajo apuntaba a contenidos de proteína en crudo del 19 al 22 % para los insectos estudiados frente al 20-24 % de la carne roja analizada.

Los resultados citados permiten comprender el interés científico por esta fuente de proteína, pero no deben interpretarse como una equivalencia nutricional universal entre cualquier insecto y cualquier carne. La calidad proteica, el perfil de aminoácidos, la digestibilidad y la cantidad de nutrientes disponibles dependen del alimento concreto y de cómo se procese. También es necesario diferenciar entre el contenido proteico declarado y el valor nutricional global de un producto. Por ejemplo, la presencia de quitina, que es un componente estructural del exoesqueleto de muchos insectos, puede influir en la digestibilidad y en la forma de calcular determinados parámetros nutricionales.

Por tanto, los insectos pueden contribuir a diversificar las fuentes de proteínas, pero su utilidad debe evaluarse caso por caso. Los insectos no son una solución mágica a los problemas de abastecimiento alimentario ni una garantía automática de que un producto sea más saludable o sostenible que sus alternativas.

Proteínas alternativas: los insectos

Seguridad alimentaria: qué dice la ciencia y qué exige la normativa

La seguridad es otra cuestión esencial y, como sucede con cualquier alimento, la evaluación de los insectos debe tener en cuenta los posibles riesgos microbiológicos y químicos, las condiciones de cría, la alimentación recibida, la recolección y los tratamientos posteriores. En 2015 hablábamos sobre la evaluación de riesgos realizada por la EFSA para el uso de insectos en alimentación humana y animal. La agencia identificó factores que podían influir en la seguridad del producto final, como la especie utilizada, el sustrato de cría y los métodos de procesamiento. Además, señaló la necesidad de ampliar los conocimientos científicos disponibles en determinados ámbitos.

Desde entonces, la Unión Europea ha avanzado en la autorización de determinados productos derivados de insectos mediante el procedimiento de nuevos alimentos. Estas autorizaciones no significan que cualquier insecto pueda comercializarse libremente como alimento, sino que cada producto debe cumplir las condiciones específicas establecidas en su autorización.

Entre las especies cuyos productos han recibido autorizaciones europeas figuran el gusano de la harina amarillo (Tenebrio molitor), el grillo doméstico (Acheta domesticus), la langosta migratoria (Locusta migratoria) y las larvas del escarabajo conocido como gusano de la harina menor (Alphitobius diaperinus). Los formatos, usos y condiciones permitidos dependen de cada autorización. En enero de 2025, la Comisión Europea autorizó además la comercialización de un polvo obtenido de larvas enteras de Tenebrio molitor tratadas con luz ultravioleta. La medida amplió las posibilidades de uso de este ingrediente en determinados alimentos, bajo las condiciones previstas legalmente.

Es importante aclarar que la aprobación de un ingrediente no implica que todos los productos alimentarios puedan integrarlo sin restricciones: se deben respetar los usos autorizados y los requisitos de etiquetado. Además, la EFSA advierte de que algunas proteínas de insectos pueden provocar reacciones alérgicas, especialmente en personas alérgicas a los crustáceos, los ácaros del polvo y, en determinados casos, los moluscos. También pueden ser relevantes los alérgenos procedentes del alimento que reciben los insectos, como el gluten.

En el 2023 abordamos el tema de la desinformación surgida en torno a las autorizaciones europeas, incluida la falsa idea de que los consumidores podían ingerir ingredientes derivados de insectos sin que se les informara de ello. La conclusión es que ni la ausencia de riesgos ni la peligrosidad generalizada pueden darse por supuestas. La seguridad depende del producto, de sus condiciones de producción y del cumplimiento de los requisitos establecidos. La autorización regulatoria es una condición necesaria para comercializarlo, pero no garantiza que el consumidor vaya a aceptarlo ni que su producción resulte rentable.

¿Los insectos son realmente más sostenibles que la carne?

La sostenibilidad fue uno de los argumentos que más contribuyeron a atraer inversiones al sector, pero conviene evitar las comparaciones simplistas. Algunas especies de insectos pueden tener ventajas en el uso del espacio y en la conversión del alimento en biomasa. También pueden ofrecer oportunidades para aprovechar determinados subproductos autorizados, contribuyendo así a modelos de producción circular.

Sin embargo, el balance ambiental depende de cómo se críen y se procesen. Por ejemplo, las necesidades de calefacción o refrigeración, el origen y la composición del alimento que se les proporciona, el consumo energético del secado y el transporte, pueden modificar significativamente los resultados. Por ello, no basta con afirmar que los insectos necesitan menos recursos que el ganado, y es que para establecer una comparación rigurosa es necesario considerar el ciclo de vida completo y utilizar criterios equivalentes, como las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de energía, el uso del agua y la ocupación del suelo por unidad de producto nutricional.

Pasta elaborada con harina de insectos

Además, las ventajas potenciales no garantizan un precio de venta competitivo, ya que una tecnología puede ofrecer beneficios ambientales y aun así tener dificultades para imponerse si requiere una inversión excesiva o no consigue producir de forma constante a un coste asumible.

Ante las dificultades de la alimentación humana, el sector podría encontrar oportunidades más claras en los mercados de la alimentación animal, ya que, en estos ámbitos, la aceptación no depende de que las personas estén dispuestas a comer insectos directamente, sino de que los ingredientes funcionen bien en las formulaciones y tengan un precio conveniente.

La acuicultura es uno de los campos de interés, porque determinadas harinas de insectos podrían sustituir parcialmente a otras fuentes de proteína utilizadas en los piensos, incluida la harina de pescado. Además, se estudian sus aplicaciones en alimentos para mascotas y en otros productos destinados a la nutrición animal. En estos mercados, la evaluación comercial puede apoyarse en parámetros medibles: calidad nutricional, digestibilidad, rendimiento, regularidad del suministro y coste por unidad de nutriente. Esto ofrece una vía de adopción potencialmente más clara que la que existe para los alimentos destinados a las personas.

Sin embargo, tampoco es un camino sencillo, ya que los ingredientes derivados de los insectos deben competir con materias primas convencionales como la soja y otras proteínas utilizadas en los piensos. Además, las normas sobre las materias primas permitidas para alimentar a los insectos pueden limitar el acceso a recursos económicos y condicionar la rentabilidad de las instalaciones.

La consultora Future Market Insights prevé para el mercado de la proteína de insectos una tasa de crecimiento anual compuesta del 34 % entre 2026 y 2036. Se trata de una proyección, no de un resultado garantizado, y alcanzarla exigiría mejoras sustanciales en los costes, la fiabilidad de la producción y la demanda recurrente, además de una mayor capacidad para competir con las fuentes proteicas que ya están consolidadas.

El futuro de la proteína de insectos pasa por ajustar las expectativas

La trayectoria de este segmento deja una lección importante: la innovación alimentaria no puede sostenerse únicamente sobre una buena narrativa ambiental o sobre las expectativas de un mercado futuro. Como comentan aquí, también necesita productos competitivos, consumidores dispuestos a comprarlos y modelos de negocio capaces de generar ingresos suficientes para mantener la producción.

Los insectos conservan un potencial nutricional y tecnológico que merece ser investigado. Sus aplicaciones en alimentación animal, acuicultura y productos alimenticios para mascotas podrían ofrecer oportunidades más realistas a corto y medio plazo que la sustitución generalizada de la carne en la dieta humana. En este último mercado, la aceptación cultural, el precio y la experiencia gastronómica siguen siendo barreras muy importantes.

Por eso hay que decir que el retroceso de algunas empresas no demuestra que la proteína de insectos carezca de futuro, pero sí pone en cuestión la idea de que su expansión industrial sería rápida e inevitable. El sector tendrá que demostrar que puede producir de forma segura, estable y rentable, sin depender exclusivamente de las subvenciones, las inversiones o las promesas de sostenibilidad. Deberá hacerlo en mercados donde los consumidores y las empresas ya disponen de alternativas conocidas.

Crédito imagen 2 | Depositphotos.com

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

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