
Comprar comida preparada en el supermercado no es ninguna novedad. Hace décadas que encontramos pollos asados, tortillas, ensaladas y toda clase de platos listos para comer en casa, en la oficina o en cualquier otro lugar. Lo que ha cambiado es que ahora también podemos sentarnos a comer en algunos de esos establecimientos, utilizar sus microondas, tomar una bebida y continuar haciendo la compra. Esa combinación de supermercado y restauración tiene un nombre que quizá hayas escuchado últimamente: mercaurante.
La palabra puede sonar un poco extraña, pero describe un modelo comercial que se ha ido extendiendo por España y que plantea algunas cuestiones interesantes. ¿Qué diferencia a un mercaurante de un supermercado convencional o de un mercado gastronómico? ¿Dónde termina la actividad comercial y empieza la restauración? ¿Están sujetos a las mismas exigencias legales? Vamos a conocer mejor este concepto, descubrir de dónde viene su nombre, enriquecer nuestro Diccionario gastronómico y reflexionar sobre cómo están cambiando nuestros hábitos de consumo.
Qué es exactamente un mercaurante
Un mercaurante es un supermercado que, además de vender alimentos para llevar a casa, ofrece platos preparados y un espacio acondicionado para consumirlos dentro del propio establecimiento. Es una combinación de comercio alimentario y servicios de restauración, aunque no necesariamente funciona como un restaurante convencional.
Lo habitual es encontrar una sección con platos listos para comer, fríos o calientes, junto a una zona con mesas y sillas donde los clientes pueden sentarse. Algunos establecimientos disponen de microondas para calentar las comidas y otros incorporan mostradores de comida caliente, bebidas y diferentes soluciones de autoservicio.
Eso no significa que todos los platos se cocinen allí mismo. Pueden proceder de una cocina propia, de instalaciones centrales o de proveedores externos, dependiendo de cómo esté organizada la cadena. Tampoco implica que haya camareros, una carta o un servicio de mesa como los que esperamos de un restaurante. La diferencia con una sección convencional de platos preparados está, sobre todo, en la posibilidad de consumir la comida sin salir del supermercado. Comprar una tortilla y llevársela a casa no convierte por sí solo a una tienda en un mercaurante; ofrecer una solución para comer allí mismo acerca el establecimiento a este modelo.
No debemos confundir los mercaurantes con los mercados de abastos que, además de los tradicionales puestos de alimentación, cuentan con bares, restaurantes o establecimientos donde cocinan los productos que venden. Aunque en ambos podemos comprar alimentos frescos y sentarnos a comer, la diferencia está en cómo se organiza la actividad. En un mercaurante es el propio supermercado el que incorpora la oferta de comida preparada y el espacio para consumirla, mientras que en un mercado de abastos suelen convivir distintos negocios, cada uno con su propia actividad comercial o de restauración.
También encontramos puestos de pescado o de carne que ofrecen cocinar el producto que acabamos de comprar, sin que eso convierta al conjunto del mercado en un mercaurante. La distinción puede resultar menos evidente cuando un mismo negocio reúne la venta de alimentos frescos, su elaboración y el servicio de comidas, pero compartir estas actividades no basta para considerar que estamos ante un mercaurante.
Más allá de estas diferencias, el atractivo del mercaurante para el consumidor está en la comodidad de poder comprar un plato preparado, calentarlo si es necesario y sentarse a comer sin salir del supermercado. Es una alternativa para quienes tienen poco tiempo, trabajan cerca o simplemente no quieren cocinar ese día. Para las cadenas de distribución, supone además una oportunidad de ampliar su negocio: ya no compiten únicamente por la compra de alimentos que hacemos para cocinar en casa, sino también por una parte del gasto que destinamos a comer fuera.

De grocerant a mercaurante: cómo nació la palabra
Aunque mercaurante se haya popularizado recientemente en España, el término tiene un antecedente estadounidense con varias décadas de historia. En inglés se utiliza grocerant, una palabra formada a partir de grocery, relacionada con las tiendas de alimentación, y restaurant. Su aparición se sitúa alrededor de 1996 y ya encontramos usos documentados en publicaciones estadounidenses de 1997, como recoge el investigador lingüístico Michael Quinion en World Wide Words.
El consultor Steven Johnson, fundador de Foodservice Solutions, se atribuye la creación del término y asegura que comenzó a utilizarlo en publicaciones profesionales del sector en 1996. Aunque no podemos dar esa autoría por demostrada de manera independiente, sí sabemos que grocerant empezó a circular durante aquellos años para describir establecimientos que combinaban la venta de alimentos con la oferta de comidas preparadas.
No se trataba de inventar la venta de comida lista para consumir, que existía mucho antes, sino de identificar una evolución comercial: los supermercados empezaban a competir también por las ocasiones en las que el consumidor quería resolver una comida sin cocinar.
En España, la palabra mercaurante comenzó a difundirse especialmente a partir de 2019. AECOC, la asociación de fabricantes y distribuidores, se atribuye la creación de esta denominación para describir la incorporación de una oferta de restauración a los establecimientos de alimentación.
En marzo de 2020, Pablo de la Rica, responsable de Retail Knowledge de AECOC, explicaba en el artículo Las cuatro olas que mueven el retail que la asociación había bautizado como mercaurantes esta nueva etapa de la distribución. El texto situaba el fenómeno dentro de una competencia creciente entre supermercados y hostelería por las comidas que los consumidores realizan fuera de casa.
La palabra española se forma mediante la combinación de (super)mercado y restaurante, de forma semejante al inglés grocerant. Y aunque pueda recordar a Mercadona por sus primeras letras, no existe una base documental que permita atribuir su origen al nombre de esa cadena. Mercadona sí ha contribuido a popularizar el formato en nuestro país mediante su sección Listo para comer, cuyo despliegue comenzó en 2018. Pero otras cadenas también han incorporado propuestas de comida preparada y espacios de consumo, por lo que el fenómeno no pertenece exclusivamente a una empresa.
¿Está aceptada la palabra mercaurante?
La evolución de mercaurante también tiene su pequeña historia lingüística. El 7 de diciembre de 2019, FundéuRAE la incluyó en su sección ‘El oteador de palabras’, dedicada a recoger términos nuevos o llamativos que aparecen en los medios de comunicación. Aquella mención no suponía que la institución aprobara formalmente la palabra, sino que constataba su presencia en el uso.

Años después, el 13 de mayo de 2026, FundéuRAE publicó una recomendación específica sobre mercaurante, en la que explicaba que es un acrónimo bien formado y que, por su uso y la claridad de sus componentes, no necesita comillas ni cursiva. Así pues, podemos escribir mercaurante y mercaurantes como cualquier otro sustantivo común. Esto no significa necesariamente que la palabra esté incorporada al Diccionario de la lengua española, ya que una recomendación de FundéuRAE y la inclusión en el diccionario académico son cuestiones distintas.
Más allá de la ortografía, lo interesante es observar cómo el lenguaje incorpora términos que describen nuevas formas de comprar, cocinar y comer, aunque las actividades que los han inspirado no siempre sean tan nuevas como parecen.
Por qué los mercaurantes han abierto un debate con la hostelería
El crecimiento de los mercaurantes ha despertado interés entre los consumidores, pero también preocupación en parte del sector de la restauración. Al fin y al cabo, cuando una persona puede comprar un plato preparado y sentarse a comerlo en un supermercado, ese establecimiento empieza a competir por una ocasión de consumo que tradicionalmente podía resolverse en un bar o un restaurante.
La competencia, sin embargo, no convierte por sí sola una actividad en desleal ni significa que los supermercados estén incumpliendo la ley. Para comprender la controversia debemos distinguir entre vender comida preparada, habilitar una zona donde consumirla y desarrollar una actividad de restauración con los correspondientes requisitos administrativos.
En España, el Real Decreto 1021/2022 contempla expresamente las zonas de degustación en los comercios alimentarios. Su artículo 10 permite que los establecimientos dispongan de espacios para consumir los productos que comercializan y establece condiciones de higiene y equipamiento cuando también elaboran comidas preparadas.
Ahora bien, esa regulación sanitaria no significa que cualquier supermercado pueda instalar una zona de restauración de cualquier tamaño y en cualquier parte del local. También pueden intervenir la legislación comercial autonómica, las ordenanzas municipales y las condiciones de las licencias. En Cataluña, por ejemplo, la Ley 18/2017 de comercio, servicios y ferias establece condiciones para que las zonas de degustación se consideren una actividad complementaria del comercio, con límites de superficie y las particularidades que puedan derivarse de la normativa municipal.
La controversia se hizo especialmente visible el pasado mes de junio cuando el Gremio de Restauración de Barcelona denunció ante el Ayuntamiento a 30 establecimientos de Mercadona por presunto incumplimiento normativo. Según informó 3CatInfo, el gremio cuestionaba distintos aspectos de estas zonas de consumo y consideraba que podían estar desarrollando actividades propias de la hostelería sin someterse a las mismas exigencias. Mercadona, por su parte, defendió la legalidad de su modelo.
La existencia de esas denuncias no demuestra que los establecimientos hayan cometido una infracción. Corresponde a las administraciones competentes determinar si cada actividad cumple las normas aplicables. Lo que sí pone de manifiesto el conflicto es que las fronteras entre comercio y restauración son cada vez menos claras. Los supermercados han comenzado a ofrecer servicios que tradicionalmente asociábamos con la hostelería, y esa evolución plantea nuevos interrogantes sobre cómo deben regularse ambas actividades para que puedan competir en igualdad de condiciones.

¿Puede un mercaurante sustituir a un restaurante?
No creo que los mercaurantes vayan a sustituir a los restaurantes, aunque puedan competir con ellos en determinadas ocasiones. Su público es muy variado, pero tienen algo en común: buscan resolver una comida de forma rápida, cómoda y generalmente asequible. Podemos pensar en alguien que trabaja cerca y dispone de poco tiempo para comer, pero también en un grupo de adolescentes que, en lugar de comprar una bolsa de patatas chips para picar mientras pasean, prefieren comprar unos pinchos de tortilla y sentarse tranquilamente a comerlos.
Son situaciones cotidianas que ayudan a entender el atractivo de este formato. No siempre salimos a comer buscando una experiencia gastronómica, ni todas las comidas que hacemos fuera de casa responden a las mismas necesidades. Un mercaurante puede ofrecer una solución práctica, aunque elegir un plato de un expositor y consumirlo en una zona de autoservicio sea diferente de sentarse en un restaurante con una propuesta culinaria propia y atención de sala.
También debemos tener cuidado con las comparaciones de precios. Un plato preparado de supermercado puede costar bastante menos que un menú del día, pero no estamos comparando ofertas equivalentes. Importan las cantidades, los acompañamientos, las bebidas, el servicio y, naturalmente, la calidad de la comida. Y esta última no depende exclusivamente de dónde se venda: los ingredientes, la elaboración, la conservación y la manera de calentar o regenerar los platos influyen en el resultado.
Personalmente, no tengo especial interés en posicionarme a favor o en contra de los mercaurantes. Entiendo que respondan a necesidades reales y que cada persona elija cómo resolver sus comidas según sus circunstancias. Lo que sí me gustaría es que su expansión no contribuyera a alejarnos todavía más de la cocina doméstica, porque lo que siempre he defendido es que cocinar en casa merece seguir formando parte de nuestra vida cotidiana. No hace falta preparar grandes elaboraciones ni disponer de mucho tiempo para comer algo hecho por nosotros mismos, y aprender a cocinar también nos proporciona autonomía para decidir qué comemos y cómo lo preparamos.







