
Un plan es una promesa con forma de documento. Y sólo se sostiene cuando se compromete, se convierte y se ejecuta de forma responsable, con recursos y medidas de control. Si no, el texto queda bonito y la realidad sigue igual, sólo que mejor vestida. El Plan Internacional de la Gastronomía Española se presenta como una acción exterior. El propio documento lo delimita con precisión: se circunscribe exclusivamente a la dimensión exterior y no contempla actuaciones de carácter nacional.
Así que este es el marco mental correcto: no estamos ante una política gastronómica interna, sino ante una propuesta para reforzar posición, prestigio e influencia fuera de nuestro territorio, a través de cocina, producto, turismo y diplomacia.
A partir de ahí, interesa hacer dos cosas en orden: primero, explicar qué han presentado y después, leerlo con detenimiento.
De dónde sale: ENA y el papel de la gastronomía
El Plan se enmarca en la Estrategia Nacional de Alimentación (ENA), que reconoce la gastronomía como parte esencial del sistema alimentario español. El texto la sitúa como emblema de calidad, tradición e innovación, y subraya su papel como motor turístico y, por extensión, como contribución al desarrollo económico, social y cultural del país, además de su valor como proyección internacional de la cultura española.
Dentro de esa misma lógica, el documento vincula la ENA con medidas orientadas a preservar y reforzar la identidad gastronómica, proteger el legado culinario y cultural y fortalecer el sentido de pertenencia. Entre las líneas mencionadas aparecen la recuperación de recetarios tradicionales e históricos y el reconocimiento del papel de la gastronomía española en la creatividad y la vanguardia internacional.
Además, la ENA prevé mejorar el nivel de formación alimentaria y gastronómica, con énfasis en etapas como infancia y juventud, incorporando una mirada que valora productos, cultura alimentaria y profesión.
Con ese marco, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) plantea redactar y liderar un plan de medidas para reforzar la gastronomía española en el mundo y destacar el papel de sus profesionales.

Qué han presentado exactamente: propósito, alcance y estructura
El Plan parte de una idea de base: la gastronomía como ecosistema. No sólo cocina o restauración, sino toda la cadena de valor alimentaria: producción primaria, transformación, distribución, comercialización y servicios de restauración y hostelería. Lo describe como un ecosistema plural donde conviven tradición e innovación y con relevancia socioeconómica en el territorio.
A nivel de propósito, el documento formula un objetivo amplio: fortalecer posición y prestigio internacional, consolidar el papel de la gastronomía como motor cultural/económico/social y asegurar continuidad del liderazgo. Y añade otra ambición, construir una imagen y un relato coherentes y reconocibles en todo el mundo, combinando autenticidad y patrimonio con innovación y vanguardia.
En cuanto a estructura, el Plan se organiza en diez medidas agrupadas en cuatro grandes bloques: talento y conocimiento, internacionalización, turismo gastronómico y marca país / acción exterior.
Proceso participativo: qué datos aporta el propio Plan
Aquí sí hay información concreta que conviene dejar asentada porque le da contexto al documento:
Hubo una consulta pública abierta del 26 de septiembre al 5 de diciembre de 2025, con contribuciones procedentes principalmente de asociaciones, federaciones, organizaciones interprofesionales y consejos reguladores ligados a IGP/DOP, además de universidades, entidades académicas, empresas, fundaciones y particulares.
Se realizaron encuentros y grupos de trabajo entre octubre de 2025 y enero de 2026. Se realizaron 16 encuentros con más de 120 personas de perfiles diversos (restauración, producción, industria agroalimentaria, periodismo, hotelería, academia, consultoría…), buscando intercambio plural.
El proceso se completa con participación en jornadas, foros y congresos vinculados directa o indirectamente con la gastronomía. No es garantía de calidad por sí mismo, pero sí significa que el Plan se presenta como resultado de escucha y contraste, y eso permite exigir después coherencia con ese punto de partida.

Los desafíos que el propio documento identifica
El Plan enumera retos que justifican su necesidad. Lo valioso de esta lista es que evita quedarse sólo en marca y menciona cuestiones estructurales:
✔ Incrementar la presencia de productos y marcas españolas en mercados internacionales.
✔ Mejorar la educación gastronómica en todos los niveles (formación profesional, universitaria y empresarial).
✔ Impulsar sostenibilidad e innovación en toda la cadena de valor.
✔ Fomentar un turismo gastronómico de calidad, con estándares altos.
✔ Valorización de cocina tradicional y productos con calidad diferenciada como elementos identitarios y patrimoniales.
✔ Fortalecer la comunicación para consolidar liderazgo internacional.
El texto añade que España tiene potencial extraordinario y que el plan debe canalizarlo hacia un desarrollo equilibrado y sostenible.
Posibles áreas de actuación: cuatro ejes de trabajo
En el material asociado al proceso (y en el propio marco del Plan) aparecen áreas de actuación formuladas como ejes, éstos son:
Educación: formación empresarial, profesionalización y talento (programas específicos, excelencia, atracción de talento, becas, escuelas, etc.).
Innovación: creatividad, técnicas, sostenibilidad, nuevos modelos de negocio, apoyo a emprendimiento.
Investigación: tecnología e ingeniería, colaboración con foodtech, apps, software de gestión, centros tecnológicos y universidades.
Promoción y comunicación: identidad y marca país, ferias/eventos, cooperación internacional, alianzas institucionales.
Esto importa porque enmarca el Plan Internacional de la Gastronomía Española como algo más amplio que hacer campañas, habla de capacidades y de proyección.

Las medidas del documento se pueden resumir así, en una línea cada una, para ver el mapa completo:
Hub mundial de formación gastronómica.
Encuentro anual de creatividad gastronómica con sede estable.
Red global de talento (profesionales/prescriptores).
Impulso a la internacionalización de la despensa (producto y canales).
Apoyo a modelos de negocio gastronómicos con potencial internacional.
Promoción de platos y conceptos icónicos, incluida la tapa y su aspiración UNESCO.
Mejora de la experiencia gastronómica del turista.
Construcción de un relato e imagen internacionales coherentes y reconocibles.
Gastronomía como herramienta en diplomacia y acción exterior.
Gastronomía como activo estratégico, conectada con iniciativas ya existentes.
Con esto encima de la mesa, ya tiene sentido entrar en lectura.
Lo positivo de la iniciativa no es motivo de aplauso automático, pero sí merece ser dicho con claridad. Primero, porque el Plan delimita su alcance: se declara de acción exterior y no se vende como una reforma total de la gastronomía española. Eso ya es una forma de honestidad. Te permite juzgarlo por lo que promete y no por lo que insinúa.
También tiene sentido que intente ordenar y coordinar. España lleva años proyectándose fuera con iniciativas valiosas, pero a menudo dispersas. Si el Plan sirve para articular lo que ya existe, evitar duplicidades y alinear mensajes, puede ganar coherencia donde suele haber ruido.
Otro acierto es la mirada, trata la gastronomía como ecosistema y cadena de valor, no sólo como cocina mediática. Coloca en el mismo marco producción, industria, distribución, hostelería, formación y comunicación. Esa amplitud, bien gestionada, es más seria y más útil.
Y luego está la apuesta por formación. La idea es convertir España en un polo internacional de formación gastronómica, pero si se convierte en programas reales, sostenidos y bien diseñados, es una palanca potente: prestigio, prescripción, atracción de talento y continuidad. No es algo inmediato, pero es estructural.
Por último, el Plan deja rastro de proceso, comparte la consulta pública, encuentros y participación de perfiles diversos. No garantiza ejecución (nada lo hace), pero crea un punto de partida. Y, sobre todo, crea una obligación: si se ha invocado la escucha y la pluralidad, después se tiene que notar en lo que se haga.
Integrar la gastronomía en acción exterior puede ser una herramienta cultural y económica poderosa. Lo importante es no reducirlo a gesto superficial, sino a programas coherentes y sostenidos.
Dónde conviene vigilar: cuando el envoltorio se come el contenido
La tapa UNESCO. Como símbolo es perfecta: sencilla, exportable, simpática. Y precisamente por eso es peligrosa, pues puede comerse el foco político y mediático. Una candidatura acompaña una estrategia, no la reemplaza.
El relato unificado. Coherencia sí, homogeneización, no. España no necesita un discurso pulido que suene igual en todas partes. Necesita ser legible fuera sin perder diversidad, territorio y verdad. Si el relato se convierte en el producto, se gana estética y se pierde sustancia.
Y nos quedan muchas preguntas pendientes para obtener la respuesta sobre el posible proyecto, pero veamos sólo algunas de ellas: ¿Cuánto cuesta cada línea, qué se reasigna y qué se crea? ¿Qué se lanza primero, qué es piloto, qué queda para fases posteriores? ¿Cómo se medirá el impacto (mercados, talento, turismo, negocio, posicionamiento)? ¿Quién coordina, quién decide, quién evalúa, con qué periodicidad y transparencia? Añadid aquí vuestras preguntas también.

El liderazgo institucional del Plan Internacional de la Gastronomía Española se atribuye al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en coordinación con los organismos implicados en internacionalización y turismo. Sobre nombres propios: con rigor oficial, lo que sí puede afirmarse es que, en el acto de presentación, intervinieron perfiles como Ferran Adrià (elBullifoundation), junto a otros profesionales invitados incluidos en el programa del evento.
De momento, podemos decir que el Plan Internacional de la Gastronomía Española, tal como se presenta, tiene sentido como marco de acción exterior: intenta ordenar, mira a la cadena de valor y propone herramientas con potencial. El examen real, sin embargo, no lo marca un acto ni un Pdf, lo marca el día a día. Y aquí conviene no perder de vista lo básico: la gastronomía no empieza en el plato, empieza en el campo. Si la producción primaria se debilita (y ahora mismo está bajo una presión evidente, con debates como el de Mercosur en primer plano—, todo lo demás se vuelve relato. Y un relato no alimenta a nadie.
Más información | MAPA (Pdf)







