
Comer cacahuetes a diario podría mejorar la memoria y la salud cerebral, según se concluye en una investigación realizada por científicos de la Universidad de Maastricht (Países Bajos). Sin embargo, antes de valorar sus resultados conviene señalar algunas limitaciones importantes, y es que el estudio contó únicamente con 31 participantes, todos ellos adultos mayores sanos, tuvo una duración de 16 semanas y recibió financiación de la Fundación del Instituto del Cacahuete (The Peanut Institute Foundation), una organización vinculada a la promoción de este alimento.
Aunque los investigadores aseguran que la fundación no intervino en el desarrollo del trabajo ni en la interpretación de los resultados, su participación económica plantea un posible conflicto de intereses. Por ello, será necesario esperar a nuevas investigaciones independientes que confirmen los resultados.
El estudio ha sido publicado en la revista científica Food & Function, y en él se observó que consumir diariamente 60 gramos de cacahuetes tostados con piel y sin sal mejoraba la respuesta a la insulina en determinadas regiones cerebrales relacionadas con la memoria. Se trata de un resultado interesante, ya que esta hormona, además de regular la glucosa en sangre, interviene en procesos fundamentales para el funcionamiento de las neuronas. Sin embargo, los cambios observados no demuestran que comer cacahuetes prevenga el deterioro cognitivo ni las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.
¿Por qué es importante la respuesta del cerebro a la insulina?
Habitualmente asociamos la insulina con el control de la glucosa en sangre, pero su actividad no se limita a esta función. En el cerebro interviene en procesos que permiten a las neuronas crecer, sobrevivir y comunicarse entre sí, funciones que son fundamentales para el aprendizaje, la memoria y el mantenimiento de una actividad cerebral saludable. Con el paso de los años, algunas regiones cerebrales pueden perder sensibilidad a esta hormona, fenómeno que se ha relacionado con el deterioro cognitivo asociado a la edad. También se investiga su posible participación en los mecanismos implicados en algunas enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.
Precisamente, los científicos querían comprobar si introducir cacahuetes en la alimentación habitual podía modificar la respuesta cerebral a la insulina. Tras analizar los resultados, identificaron cambios favorables en varias regiones del hemisferio derecho del cerebro, entre ellas el hipocampo, la circunvolución parahipocampal, la circunvolución lingual y la circunvolución cingulada posterior. Estas estructuras participan en diferentes procesos relacionados con la memoria y el procesamiento de la información. El descubrimiento sugiere que determinados componentes de los cacahuetes podrían influir en el funcionamiento cerebral, aunque todavía se desconoce la relevancia clínica de esos cambios y si se mantienen con el paso del tiempo.

Para realizar este estudio, los investigadores utilizaron un ensayo aleatorizado, controlado y cruzado, diseño que permitió comparar los resultados obtenidos cuando los participantes consumían cacahuetes con los registrados durante un periodo en el que no debían consumirlos. Durante la fase de intervención (consumo), cada voluntario recibió paquetes con cantidades previamente dosificadas de cacahuetes tostados con su fina piel rojiza, pero sin sal. Podían consumirlos de una sola vez, repartirlos a lo largo del día o incorporarlos a sus comidas, preferentemente durante la mañana o la tarde.
Durante la fase de control, los participantes debían evitar por completo el consumo de cacahuetes. Una vez finalizado ese periodo, se intercambiaron las condiciones: quienes habían consumido cacahuetes dejaron de hacerlo y quienes los habían evitado comenzaron a incluirlos en su dieta. De este modo, los investigadores pudieron comparar los resultados de cada participante en ambas situaciones y determinar con mayor precisión los posibles efectos del consumo de cacahuetes, reduciendo la influencia de las diferencias individuales.
Para estudiar los efectos sobre el cerebro, los expertos utilizaron la resonancia magnética con marcado arterial de espines, técnica que permite medir el flujo sanguíneo cerebral. También administraron insulina por vía intranasal para observar cómo respondían las distintas regiones cerebrales a la hormona. Este procedimiento resulta especialmente interesante porque permite estudiar cambios fisiológicos que no necesariamente se manifiestan de forma inmediata en pruebas convencionales de memoria. Sin embargo, detectar una modificación en la actividad cerebral no equivale a demostrar una mejora funcional que resulte perceptible en la vida cotidiana.
Los cacahuetes también podrían favorecer el riego sanguíneo cerebral
Los nuevos resultados complementan una investigación anterior que realizó el mismo equipo de trabajo y que fue publicada en 2025 en la revista Clinical Nutrition. En aquel trabajo se observó que consumir cacahuetes durante 16 semanas se asociaba con un incremento del 3,6 % en el flujo sanguíneo cerebral global y una mejora del 5,8 % en el rendimiento de las pruebas de memoria verbal.
El flujo sanguíneo cerebral es fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso, ya que permite transportar oxígeno y nutrientes hasta las células cerebrales. Por ello, mantener una circulación adecuada es uno de los factores que contribuyen a preservar la salud del cerebro. La combinación de los resultados de ambos trabajos plantea la posibilidad de que los cacahuetes ejerzan efectos beneficiosos a través de distintos mecanismos, entre ellos, la circulación sanguínea y la señalización de la insulina.
Claro, que los porcentajes observados deben entenderse en el contexto de las pruebas utilizadas. Una mejora del 5,8 % en el rendimiento de la memoria verbal no significa necesariamente que una persona vaya a experimentar una mejora equivalente en su memoria cotidiana y tampoco permite establecer si esos cambios se mantienen a largo plazo. Además, hay que tener presente que ambos trabajos proceden del mismo grupo de investigación, por lo que sus resultados no constituyen una confirmación independiente de los posibles beneficios para la salud.
¿Qué tienen los cacahuetes para producir estos efectos?
Los investigadores consideran que los posibles beneficios no pueden atribuirse a un único nutriente, sino a la combinación de diferentes componentes presentes en los cacahuetes. Entre ellos destacan las grasas insaturadas, la fibra alimentaria, las proteínas vegetales, las vitaminas, los minerales y diversos compuestos fitoquímicos bioactivos.
Uno de los componentes que despierta especial interés para los investigadores es la L-arginina, un aminoácido que participa en la producción de óxido nítrico. Esta molécula interviene en la regulación del tono de los vasos sanguíneos y favorece su dilatación, mecanismo que podría contribuir a mejorar la circulación. Los cacahuetes también contienen vitaminas del grupo B, como la niacina, la tiamina y el folato, además de minerales como el cobre, nutrientes que intervienen en diferentes funciones metabólicas y nerviosas.

Sin embargo, que un alimento contenga sustancias beneficiosas no implica automáticamente que su consumo produzca determinados efectos clínicos. Para establecer qué componentes son responsables de los cambios observados, sería necesario realizar investigaciones más concretas, comparando diferentes cantidades y preparaciones del alimento.
¿Es mejor comer cacahuetes con piel o sin ella?
Un detalle llamativo del estudio es que los participantes consumieron cacahuetes tostados con su fina piel rojiza, conocida como episperma o cubierta seminal. Esto resulta interesante porque investigaciones anteriores habían planteado dudas sobre los efectos de esa piel en determinados microorganismos intestinales. En 2015, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Maryland examinó cómo influían la harina de cacahuete sin piel y los extractos de su cubierta en distintas bacterias beneficiosas y patógenas.
Los experimentos de laboratorio mostraron que la harina elaborada sin la piel favorecía el crecimiento de determinadas bacterias del género Lactobacillus, mientras que los extractos de la piel podían inhibir algunos microorganismos beneficiosos y favorecer, en las condiciones estudiadas, el crecimiento de bacterias como Escherichia coli y Salmonella. Estos resultados llevaron a plantear que los cacahuetes sin piel podrían tener ciertas ventajas desde el punto de vista de la microbiota intestinal. Claro, que aquella investigación se realizó con cultivos bacterianos y extractos, no mediante un ensayo clínico que demostrara esos efectos en las personas.
Por tanto, no sería correcto concluir que comer cacahuetes con piel aumenta el riesgo de infecciones alimentarias, y tampoco existe una contradicción demostrada entre ambos trabajos. Uno examinaba respuestas de microorganismos en condiciones experimentales y el otro estudió determinados indicadores de salud cerebral en adultos mayores. Lo que sí ponen de manifiesto es que todavía quedan aspectos por investigar sobre las diferencias entre consumir cacahuetes con piel o sin ella, tanto en relación con la microbiota como con otros posibles efectos sobre la salud.
Más allá de los resultados científicos, merece la pena detenerse en el papel de la entidad que financió esta investigación. The Peanut Institute es una organización dedicada a divulgar información sobre los cacahuetes y sus propiedades nutricionales, con un interés evidente en promover el conocimiento y el consumo de este alimento. En su página web presenta distintas investigaciones que relacionan los cacahuetes con posibles beneficios para la salud física, cognitiva y emocional. Entre ellas destaca el estudio de 2025 sobre el flujo sanguíneo cerebral y la memoria, que utiliza como argumento para fomentar su inclusión en una alimentación saludable.

Esto no significa que las investigaciones financiadas por organizaciones sectoriales carezcan de rigor. Sin embargo, la existencia de intereses comerciales o promocionales relacionados con el producto estudiado obliga a prestar especial atención a la independencia de los investigadores, la transparencia de los métodos y la interpretación de los resultados. La declaración de los autores sobre la ausencia de intervención de la mencionada organización es una garantía de transparencia, pero no sustituye la necesidad de reproducir los resultados con otros estudios ajenos a la entidad patrocinadora. La confirmación independiente es especialmente importante cuando se investigan posibles beneficios para la salud que podrían utilizarse posteriormente en campañas promocionales.
¿Merece la pena incluir cacahuetes a la alimentación diaria?
Los cacahuetes son un alimento nutritivo que puede formar parte de una dieta equilibrada, siempre que no exista alergia y se consuman en cantidades adecuadas. Su contenido en grasas insaturadas, proteínas vegetales, fibra y micronutrientes los convierte en una opción interesante frente a otros aperitivos con mayor cantidad de sal o ingredientes de escaso valor nutricional.
Hay que decir que los 60 gramos diarios utilizados en la investigación representan una cantidad considerable que aporta aproximadamente 340-360 kilocalorías, dependiendo del producto. Por tanto, no debería interpretarse que todas las personas necesitan consumir esa cantidad para cuidar su cerebro, ni que añadirla sin modificar el resto de la alimentación vaya a proporcionar beneficios adicionales. Por cierto, como información complementaria, merece la pena retomar la lectura del post ‘¿Qué se considera una ración de frutos secos? ¿Cuántas raciones de frutos secos se recomiendan a la semana?‘.
Además, el ensayo se realizó con cacahuetes tostados con piel y sin sal, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse directamente a los cacahuetes fritos, salados, caramelizados o a las cremas de cacahuete con ingredientes añadidos. Tampoco se ha establecido cuál sería la cantidad mínima necesaria para obtener los efectos observados, ni si consumir cacahuetes en cantidades inferiores produciría resultados similares. Estas cuestiones deberán abordarse en futuras investigaciones.
En definitiva, los trabajos de la Universidad de Maastricht aportan nuevas pistas sobre la relación entre la alimentación y el envejecimiento cerebral. Los cambios observados en la respuesta a la insulina, el flujo sanguíneo y determinadas pruebas de memoria justifican seguir investigando, pero todavía no permiten afirmar que comer cacahuetes a diario prevenga el deterioro cognitivo. Por tanto, hasta que nuevos estudios independientes, con muestras más amplias y seguimientos prolongados, confirmen estos hallazgos, lo más razonable es considerar los cacahuetes como un alimento que puede contribuir a una dieta saludable, pero sin atribuirles propiedades extraordinarias ni presentarlos como una solución específica para proteger la memoria.
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