
La banana editada genéticamente que no se pone marrón está cada vez más cerca de convertirse en una realidad para los consumidores británicos. Esta variedad, desarrollada por la empresa biotecnológica británica Tropic, ha sido diseñada para mantener durante más tiempo el color amarillo y el aspecto fresco de la pulpa después de ser pelada o cortada, sin modificar su sabor ni su textura. Según la empresa, esta característica podría facilitar su utilización en ensaladas de fruta, desayunos preparados y otros alimentos envasados, además de contribuir a reducir el desperdicio alimentario.
Según un informe elaborado en 2017 por WRAP, organización sin ánimo de lucro financiada por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido, en aquel momento los consumidores británicos desechaban alrededor de 1,4 millones de bananas comestibles cada día. El informe también señalaba que un 30 % de los consumidores había tirado alguna banana debido a pequeños golpes o manchas oscuras en la piel.
Aunque las manchas de la piel y el oscurecimiento de la pulpa son fenómenos diferentes, ambos pueden influir en la percepción de frescura de la fruta. Por tanto, una banana capaz de conservar durante más tiempo el aspecto fresco de su pulpa podría tener una utilidad evidente, especialmente para los supermercados y las empresas que elaboran productos preparados. Tropic ha conseguido este resultado mediante la técnica de edición genética CRISPR-Cas9. En concreto, la empresa modificó las tres copias de un gen relacionado con la producción de polifenol oxidasa, una enzima que participa en el proceso responsable del pardeamiento de la fruta.
Edición genética para evitar el pardeamiento
De esta forma, se consigue ralentizar el oscurecimiento de la pulpa después de cortar la banana. De todo ello ya hablábamos en el artículo “Banana editada genéticamente para no oxidarse”, donde también explicábamos la diferencia entre la edición genética y la transgénesis. En este caso, la edición de precisión no introduce ADN procedente de una especie no relacionada, sino que modifica de forma específica el propio material genético de la planta. Además, la normativa británica considera que un organismo puede clasificarse como obtenido mediante mejora de precisión cuando los cambios genéticos introducidos podrían haberse conseguido mediante métodos de reproducción tradicional.
Inglaterra se ha convertido en un mercado especialmente interesante para este tipo de innovación, ya que desde 2025 dispone de un marco específico para los organismos obtenidos mediante mejora de precisión. Sin embargo, que una planta obtenga la confirmación de esta condición no significa automáticamente que pueda venderse como alimento. Antes de su comercialización alimentaria, es necesaria una autorización tras completar el procedimiento correspondiente ante la Food Standards Agency (FSA).

En este sentido, se ha producido un avance relevante, ya que el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido (Defra) publicó el pasado 25 de septiembre un expediente de comercialización de una banana de precisión identificada como PBM/26/MUAC/001, dentro del registro oficial de organismos obtenidos mediante mejora de precisión. La documentación publicada incluye la información presentada por el desarrollador, las respuestas a las solicitudes de información y la decisión favorable sobre su condición de organismo obtenido mediante mejora de precisión. Sin embargo, esta decisión no supone todavía una autorización para su venta como alimento, que requiere superar el procedimiento correspondiente ante la FSA. El avance muestra que el marco regulatorio ya está entrando en una fase práctica y no se limita a una legislación teórica.
Una banana con potencial para reducir el desperdicio
La propuesta de la empresa Tropic también tiene una dimensión medioambiental, ya que una mayor resistencia al pardeamiento podría contribuir a reducir las pérdidas de fruta durante su preparación y comercialización. La empresa calcula que su banana podría reducir en más de un 25 % el desperdicio y las emisiones equivalentes de CO₂ asociadas a la cadena de suministro. Pero, como explican aquí, estas son estimaciones de la compañía, de ahí que convenga diferenciarlas de los resultados independientes que puedan obtenerse cuando el producto tenga una implantación comercial más amplia.
La aceptación por parte de los consumidores del Reino Unido dependerá precisamente de cómo se comunique esta tecnología. Para una parte de los consumidores, que la banana tarde más en ponerse marrón puede ser una ventaja muy fácil de entender: significa menos fruta desperdiciada y más posibilidades de consumirla después de cortarla. Además, el hecho de que la modificación busque solucionar un problema cotidiano y no introducir un nuevo sabor o una característica nutricional concreta puede hacer que esta innovación resulte más cercana.
Sin embargo, la palabra “genéticamente” puede generar dudas en algunas personas, especialmente si no se explica correctamente la diferencia entre la edición genética y la transgénesis. La aceptación comercial no dependerá solo de la tecnología, sino también de la confianza en las autoridades reguladoras, de la información que aparezca en el producto y del precio final frente a las bananas tradicionales.
La principal pregunta será si existe una razón de peso para pagar más por una banana que ofrece una ventaja especialmente visible cuando se pela o se corta. En los supermercados, la utilidad podría ser mayor en los productos preparados, como macedonias, vasos de fruta o desayunos, donde evitar el pardeamiento tiene una importancia comercial evidente. La propia empresa ha señalado precisamente estas aplicaciones como una de las oportunidades de su tecnología.

Por otro lado, la experiencia internacional puede favorecer su introducción, ya que, según la información que proporciona Tropic, la compañía ha obtenido autorizaciones en varios países y la fruta ya se cultiva en América del Sur. Claro que esto no garantiza su éxito en el Reino Unido, pero demuestra que la empresa está intentando llevar la tecnología desde el laboratorio hacia una producción comercial real.
Hay que decir que la banana que no se pone marrón forma parte de un proyecto más amplio, ya que la empresa está investigando otras variedades editadas genéticamente destinadas a afrontar diversos problemas agrícolas, entre ellos la enfermedad de Panamá y su variante Tropical Race 4, una amenaza especialmente importante para la variedad Cavendish, que domina el mercado mundial de bananas.
En definitiva, la banana de Tropic ha superado una barrera regulatoria importante, pero todavía tiene que demostrar su utilidad en el mercado. Su principal oportunidad podría encontrarse en la industria de la fruta preparada, donde el oscurecimiento de la pulpa supone un problema comercial concreto. Queda por comprobar cuánto desperdicio puede evitar realmente, qué coste tendrá y si los consumidores encontrarán motivos para elegirla frente a una banana convencional. Porque conseguir que una fruta conserve durante más tiempo su color es un avance tecnológico, pero conseguir que se desperdicie menos será la verdadera prueba de su utilidad.







