
Esta semana, desde el lunes y hasta el miércoles, se ha celebrado Madrid Fusión 2026 en IFEMA. Y, como cada año, el congreso se ha despedido con una lluvia de premios: concursos encadenados, trofeos por doquier, pódiums fotografiados y cientos de titulares servidos a toda velocidad.
A nuestro parecer, el número de concursos y galardones ha crecido en los últimos años hasta un punto en el que cuesta distinguir lo importante de lo accesorio. No porque falte talento, al contrario, sino porque la multiplicación de premios termina por convertir el congreso en un escaparate inabarcable: más activación que reconocimiento, más foto que trayectoria. Si os interesa, otro día entramos en el porqué.
Hoy preferimos quedarnos con lo que todavía tiene sentido: algunos premios que conservan solera (unos más que otros), criterio (que falta hace) y una utilidad clara, señalar talento emergente de verdad, el que se está ganando un sitio en cocina, en pastelería y en sala.
Por eso, hoy os contamos quiénes se han alzado con los galardones de Cocinero Revelación, Pastelero Revelación y Sala Revelación 2026: tres premios con criterio en Madrid Fusión. Y, si queréis repasar los premiados de ediciones anteriores, aquí tenéis todas las publicaciones que hemos realizado (sobre estos premios y otras noticias del congreso):
Así que hoy vamos a lo que nos interesa, tres nombres y tres premios que todavía marcan diferencia. Empezamos por la cocina.

Cocinero Revelación 2026: Masta Taberna (Zarautz)
El Premio Cocinero Revelación 2026 fue para Javier Ochoa y Garikoitz Arruabarrena, el tándem al frente de Masta Taberna en Zarautz (Guipúzcoa).
Madrid Fusión lo presenta como uno de sus premios “más esperados” y no es casual: funciona como radar de proyectos jóvenes que, de repente, pasan de ser un secreto bien guardado a entrar en el mapa de la conversación gastronómica nacional. La propia organización recuerda que el galardón se apoya en un jurado amplio de críticos gastronómicos liderado por José Carlos Capel.
En 2026, el premio reconoce una idea que me interesa especialmente: alta cocina sin necesidad de disfrazarse de nada. La organización describe Masta como una taberna con “poca apariencia”, pero con una cocina que sorprende por la calidad. Esa mezcla —la de la ambición técnica con el gesto cotidiano— es parte del presente (y del futuro) de muchos restaurantes con talento.

Pastelero Revelación 2026: Miguel Yeste (Obrar, Madrid)
El Premio Pastelero Revelación 2026 lo ganó Miguel Yeste, del obrador/cafetería Obrar, en Madrid.
La propuesta ganadora fue un postre bautizado “Panettone, cítricos y almendra”, inspirado en la Navidad: panettone, crema de vainilla y mandarina, crujiente de almendra y una crema de almendra con yuzu. El jurado estuvo presidido por Jordi Butrón (Espai Sucre), y la crónica oficial cuenta algo que, para mí, siempre es una señal de oficio real: el postre no nació perfecto; hubo pruebas, errores, ajustes y repetición hasta dar con lo que buscaban.
Madrid Fusión, además, ha ido consolidando su espacio dulce (Madrid Fusión Pastry) como un territorio propio, no como un apéndice decorativo. Y que este premio siga ganando peso es una buena noticia: la pastelería necesita focos exigentes, no sólo vitrinas bonitas.

Sala Revelación 2026: Adrián Fernández (Lera, Zamora)
Y aquí está el premio que celebro de manera especial: el Premio Mejor Jefe de Sala Revelación 2026, cuyo ganador fue Adrián Fernández, del restaurante Lera (Castroverde de Campos, Zamora).
La organización explica que el ganador se elige por votación secreta entre finalistas seleccionados tras peinar el ‘territorio’ en busca de perfiles jóvenes que destaquen en dirección de sala, trato con el cliente y gestión de equipo. Me parece importante subrayarlo: no es un premio a “caer bien”, sino a sostener una experiencia completa con cabeza, sensibilidad y oficio.
En tiempos donde se habla (mucho) de ‘el cliente toma el mando‘, Madrid Fusión lo puso incluso como lema de edición, reconocer a la sala no es un gesto simpático: es admitir que el restaurante se decide tanto en el pase como en el comedor. Y que el regreso del cliente —el de verdad— lo provoca muchas veces esa inteligencia invisible que ocurre fuera de la cocina.
Entonces… ¿qué hay de la avalancha de concursos?
Cuando el calendario se llena de competiciones, el congreso corre el riesgo de parecer una pasarela de activaciones más que un termómetro real del talento. Y no, no demonizamos el patrocinio porque es necesario, existe y seguirá existiendo. De hecho, estos tres premios también van están patrocinados por marcas. El problema llega cuando la multiplicación de trofeos produce dos efectos indeseables:
Diluye la atención: cuesta distinguir qué premio marca una trayectoria y cuál es sólo un titular de paso.
Desplaza el foco: a veces la historia deja de ser ‘quién lo merece y por qué’ para convertirse en ‘qué marca lo firma’.
Dicho de forma sencilla: un congreso necesita premios, sí, pero también necesita jerarquía. Que se note cuáles son los galardones que realmente cambian una carrera, los que se eligen con un criterio consistente y un jurado solvente, los que tienen memoria y por eso tienen valor.
Por eso, si tenemos que contar Madrid Fusión 2026 desde el capítulo de premios, preferimos hacerlo así, con Cocinero Revelación, Pastelero Revelación y Sala Revelación. Tres premios que, con sus matices y sus patrocinadores, siguen cumpliendo la función que deberían cumplir todos: poner luz donde hay oficio.







