MasterChef cambia de jurado: el giro es una declaración de intenciones

Cambio de jurado en MasterChef 2026: RTVE reorienta el programa hacia lo digital y lo llama “nueva era”. Samantha Vallejo-Nágera se despide tras 13 años y entra un perfil de creadora de contenido. ¿Se evaluará cocina… o formato? ¿Técnica… o relato? Un análisis sobre rigor culinario y sobre quién debería juzgar a aspirantes que sueñan con dedicarse profesionalmente a la cocina.

Masterchef 2026

Un jurado en MasterChef no es un reparto más. Es la vara de medir. Es la voz que convierte un plato en veredicto y a un concursante en personaje: promesa, fracaso, redención o caída. Y cuando el propio formato insiste en que puede ser trampolín hacia el mundo profesional (RTVE llega a afirmar que más del 70% de los aspirantes acaba vinculado a la gastronomía), ese veredicto deja de ser un simple recurso televisivo: se convierte en un juicio público que, con razón o sin ella, puede abrir puertas o cerrarlas.

Por eso el cambio de jurado anunciado para 2026 no es una anécdota. RTVE lo presenta como el inicio de una nueva era y lo justifica reforzando aún más su conexión con el mundo digital, apoyándose en un dato que funciona como argumento y como aviso: la comunidad de MasterChef supera los cinco millones de seguidores en digital. Dicho de otro modo, el programa no pretende renovarse, quiere reorientarse.

El relevo ya es oficial: Samantha Vallejo-Nágera sale del jurado tras 13 años y RTVE lo enmarca como cierre de etapa y salto a nuevos proyectos (nuevas iniciativas en el audiovisual y proyectos ligados a gastronomía y lifestyle, además de continuar con sus negocios). Hasta aquí, lo verificable. Lo demás entra en el territorio de la especulación.

Lo interesante, de hecho, no es sólo quién se va, sino quién entra. Y ahí aparece el problema de fondo: una estrategia digital puede ser impecable y, aun así, ser una mala idea para el jurado de un concurso que presume de rigor culinario y alta cocina en prime time.

La tercera silla del jurado se cubre con un perfil que RTVE presenta explícitamente como una creadora de contenido gastronómico, con una comunidad construida en redes, que se define como autodidacta y cuyo enfoque público se asocia a una cocina homemade, accesible y de estética muy contemporánea.

Su nombre es Marta Sanahuja, conocida como Delicious Martha. RTVE subraya su origen en el mundo de la comunicación (estudió Publicidad y RRPP) y enmarca su incorporación como una decisión alineada con el ecosistema digital del programa. Ha publicado libros de recetas dentro de ese mismo posicionamiento (recetarios orientados a lo práctico y accesible).

Sobra decir que es un perfil respetable en su terreno. El problema aparece cuando ese terreno se convierte en tribunal de una competición que presume de ser la más exigente de la televisión. Porque, dicho sin rodeos: una cosa es divulgar recetas, otra muy distinta es juzgar cocina bajo parámetros profesionales.

En el mundo de redes, la cocina suele operar con otra lógica. No peor, distinta. Una receta pensada para viralizar funciona con variables muy concretas: impacto inmediato, rapidez, mínimo esfuerzo percibido, resultado en cámara, claridad extrema, a veces reducida a ratio o atajo. Eso puede ser útil para muchísimas personas en casa. Puede inspirar, puede hacer que alguien cocine más, puede incluso mejorar hábitos. Pero como criterio de juez tiene un riesgo enorme: desplaza lo importante. La técnica, el producto, el tiempo, el conocimiento… dejan de ser el centro y pasan a ser recurso narrativo.

Jurado Masterchef

Y el programa, que ya flirtea desde hace años con esa elasticidad, se acerca todavía más al precipicio: que el jurado no mida cocina, sino formato. Hay una evidencia que cualquier espectador veterano ha percibido: en MasterChef el rigor no siempre funciona como una constante. A veces se activa con dureza para encumbrar a un concursante (‘esto es cocina’), y otras para hundirlo (‘esto es inaceptable’), mientras que en el tramo intermedio el listón se adapta según convenga al guión.

Eso ya ocurría, pero con un perfil de jurado fundamentado en comunicación y redes, el peligro es que ocurra más. Porque cuando falta autoridad técnica incuestionable, el juicio tiende a apoyarse en criterios blandos, válidos para un contenido, insuficientes para un tribunal culinario: lo apetecible en cámara, lo ‘actual’, lo que se entiende en 20 segundos, lo replicable sin demasiada explicación, el ‘me gusta / no me gusta’ disfrazado de veredicto.

Y eso, para quien sueña con ser cocinero profesional, es desolador: te estás jugando el prestigio en un plató ante alguien cuya autoridad se ha construido en un ecosistema donde lo importante no siempre es el oficio, sino el formato.

Lo más inquietante, además, es la paradoja: un aspirante serio de MasterChef, por pura lógica de casting y supervivencia del programa, suele prepararse, entrenar bases, cocinar más allá de la receta rápida. Es razonable pensar que habrá concursantes con más cocina real (más método, más técnica, más paladar entrenado) que la que suele exhibirse en perfiles de recetas ultracortas. Cuando eso ocurre, el jurado deja de ser quien te mide y pasa a ser quien te interpreta.

En este nuevo equilibrio, el rigor culinario queda sostenido casi exclusivamente por los dos chefs del jurado: Jordi Cruz, al frente de ABaC (3 estrellas Michelin) entre otros restaurantes, y Pepe Rodríguez, de El Bohío (1 estrella Michelin). El problema es que el programa utiliza ese aval como interruptor: lo saca a pasear cuando quiere vanagloriar a un concursante y entonces se habla de alta cocina, excelencia y futuro; o cuando quiere hundirlo y entonces el rigor se convierte en castigo ejemplar. En medio, la exigencia se vuelve sorprendentemente flexible.

Un jurado debe tener autoridad técnica visible

La autoridad no se declara, se demuestra. Y en cocina se hace con tres cosas que no se pueden fingir con edición ni con simpatía:

Trayectoria en cocinas reales
Servicio de verdad. Estándares. Jerarquía. Ritmo. Repetibilidad. Esa palabra que es la columna vertebral del oficio: que un plato no salga bien una vez, sino siempre.

Criterio técnico sostenido
No un día sí y otro no. No ‘hoy me apetece’ o ‘hoy me parece’. Criterio sostenido en fundamentos: cocciones, fondos, salsas, texturas, puntos, equilibrio.

Capacidad de leer errores
No sólo decir ‘esto está mal’, sino explicar por qué: por qué se ha cortado una crema, por qué está seco, por qué no emulsiona, por qué está plano, por qué un plato se cae… y distinguir el accidente de la mala decisión. Porque el jurado, en teoría, no es un público: es maestro y es tribunal.

Ése es el listón mínimo si el concurso dice que busca al mejor cocinero amateur. Porque un amateur excelente no necesita que le aplaudan el entusiasmo: necesita que le midan profesionales.

MasterChef 2026

Este cambio en el jurado de MasterChef no es un relevo: es un síntoma. El programa que nació presumiendo de alta cocina en prime time confirma que ahora quiere, sobre todo, parecerse a internet. Conviene dejarlo cristalino: el problema no es la nueva jueza como persona, ni como creadora, ni como fenómeno digital. El problema es sentarla como jueza en un concurso que se vende como trampolín profesional. Porque quien sueña con cocinar en serio no necesita que le evalúen desde el formato.

Un jurado puede tener matices, sí. Puede haber una voz más popular, otra más técnica, otra más mediática. Pero el núcleo no debería diluirse: el concurso se llama MasterChef, no MasterContent. Cuando la estrategia digital manda sobre la autoridad culinaria, el mensaje implícito es devastador para el aspirante que viene con ilusión honesta: que la cocina ya no es el centro, es un recurso. Que la técnica aparece cuando conviene. Que el criterio puede depender del personaje que te toque ser esa semana.

RTVE ya habla de que MasterChef 14 inicia ahora sus grabaciones, pero de momento no ha anunciado fecha de estreno. Cuando llegue el primer programa, la pregunta no será si el jurado cae simpático. Será otra: qué entiende el formato por ‘cocina’ en 2026, y si el rigor será criterio o decorado.

Gastronomía y Cia - Mar Gavilán y Javier Muniesa

Mar Gavilán y Javier Muniesa

En 2005, fundamos el primer blog gastronómico colaborativo en España, que rápidamente se convirtió en un referente en el ámbito gastronómico. En 2008, dimos un paso adelante y creamos Gastronomía & Cía de manera independiente. Para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad combinar nuestras pasiones por la gastronomía, la creatividad y la divulgación. Ahora nuestro objetivo es inspirar, informar, deleitar y conectar con todos los entusiastas de la cocina.

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