Precios de los alimentos y seguridad alimentaria

Los precios de los alimentos y la seguridad alimentaria, se han convertido en dos preocupaciones cada vez más relacionadas para los consumidores. Hoy leemos el último informe anual Consumer Insights Tracker de la Food Standards Agency (FSA), que analiza la evolución de las opiniones ciudadanas entre abril de 2025 y marzo de 2026, en el que se revela una tendencia preocupante, y es que el encarecimiento de la cesta de la compra está llevando a muchas personas a adoptar prácticas que pueden aumentar el riesgo de sufrir intoxicaciones alimentarias.

Aunque el estudio se ha realizado en Reino Unido, muchas de sus conclusiones encuentran paralelismos con la realidad de nuestro país, ya que en España la inflación alimentaria de los últimos años, también ha modificado los hábitos de compra y consumo de los españoles. Los hogares buscan aprovechar al máximo cada producto, reducir el desperdicio alimentario y controlar el gasto mensual, pero en ocasiones ese ahorro puede entrar en conflicto con las recomendaciones básicas en materia de seguridad alimentaria.

El informe de la FSA muestra que el 91% de los consumidores británicos continúa preocupado por el precio de los alimentos, cifra que apenas ha variado desde que se inició el seguimiento en julio de 2023, manteniéndose siempre entre el 86% y el 92%. Sin embargo, existe un dato que ayuda a contextualizar la situación, solo el 23% teme realmente no poder permitirse comprar alimentos durante el próximo mes, es decir, la percepción de que los alimentos son demasiado caros afecta prácticamente a toda la población, aunque las dificultades económicas más graves se concentran en una parte mucho menor de los hogares.

El propio informe identifica además qué segmentos poblacionales son los más vulnerables ante esta situación, las personas con discapacidad o enfermedades crónicas, los hogares con ingresos limitados, quienes viven en las zonas más desfavorecidas y las familias con hijos, son quienes muestran mayores niveles de preocupación por poder afrontar las compras de alimentos.

Ahorrar sí pero sin poner en riesgo la salud

Más allá de la preocupación por el encarecimiento de los alimentos, el informe centra la atención en cómo esa presión económica está modificando los hábitos de consumo de muchas familias, algunas veces con consecuencias para la seguridad alimentaria. Según los datos recabados en marzo de 2026, casi dos de cada tres consumidores reconocieron haber consumido alimentos que habían superado la fecha de caducidad. El 60% afirmó haber consumido sobras que llevaban más de dos días refrigeradas, y algo más de la mitad de los consumidores, redujo directamente la cantidad de comida comprada a fin de ajustar el presupuesto familiar. A esto se suman otras prácticas como recalentar varias veces las sobras de comida, o apagar antes el horno y terminar la cocción con el calor residual para reducir el consumo energético.

No todas estas conductas tienen el mismo nivel de riesgo, por ejemplo, aprovechar el calor residual del horno puede ser una medida perfectamente válida siempre que el alimento alcance la temperatura adecuada. Sin embargo, consumir productos alimenticios después de la fecha de caducidad, o recalentar repetidamente determinados alimentos, sí puede favorecer el desarrollo de bacterias peligrosas, especialmente durante estos meses de verano.

En España ocurre algo similar, cada vez son más habituales los consejos para aprovechar la comida, congelar raciones o reutilizar sobras, prácticas positivas desde el punto de vista económico y medioambiental. Pero el problema aparece cuando se confunden conceptos como fecha de consumo preferente y fecha de caducidad. Como sabemos, la fecha de consumo preferente hace referencia principalmente a la calidad del producto, mientras que la fecha de caducidad está directamente relacionada con la seguridad alimentaria. Si se consume un alimento una vez superada esta fecha puede implicar riesgos para la salud, especialmente en las carnes frescas, los pescados, los platos preparados o los lácteos refrigerados.

El desperdicio alimentario sigue siendo otra gran preocupación

El estudio de la FSA también refleja que la población no solo está preocupada por el precio de los alimentos, también por el desperdicio alimentario. Un 77% de los encuestados manifestó su inquietud por el desperdicio de alimentos dentro de la cadena alimentaria, una preocupación que se sitúa prácticamente al mismo nivel que la se refleja por los alimentos ultraprocesados. También destacan las inquietudes relacionadas con el bienestar animal y la calidad general de los alimentos.

En este contexto, la organización WRAP especializada en la reducción del desperdicio alimentario y la promoción de un consumo más sostenible, recuerda que aproximadamente el 60% de todos los alimentos desperdiciados procede de los propios hogares. En una familia de cuatro miembros esto puede suponer unas pérdidas que rondan las 1.000 libras anuales (unos 1177 euros), lo que demuestra que mejorar la planificación de las compras y el almacenamiento adecuado, puede generar un ahorro importante sin comprometer la seguridad alimentaria.

El informe muestra una preocupación creciente por la calidad de los alimentos, y es que más allá del precio, el seguimiento realizado por la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido ofrece una radiografía bastante completa de las inquietudes actuales de los consumidores.

Los alimentos ultraprocesados aparecen entre las principales preocupaciones de los ciudadanos, junto a la calidad de los productos alimenticios y el bienestar animal. El informe destaca además que estas preocupaciones, aparecen tanto cuando los consumidores responden espontáneamente, como cuando se les pregunta directamente sobre distintos temas relacionados con la alimentación, lo que confirma que forman parte de las inquietudes habituales de la ciudadanía.

Esta situación guarda muchas similitudes con España, recordemos que durante los últimos años ha aumentado notablemente el interés por conocer el origen de los alimentos, la composición nutricional, los ingredientes y el grado de procesamiento de los productos que llegan a los lineales de los supermercados. Paralelamente, las cadenas de distribución han reforzado su oferta de productos frescos, locales y con mayor información sobre la trazabilidad alimentaria para responder a estas demandas.

La información sobre seguridad alimentaria es limitada

Otro aspecto interesante que se destaca en el estudio, es que una parte importante de la población apenas recuerda haber recibido información reciente sobre seguridad alimentaria. Los temas más recordados han sido las retiradas de productos alimenticios, las calificaciones higiénicas de los establecimientos y las alergias alimentarias. Sin embargo, cuatro de cada diez consumidores aseguraron no haber visto ni leído ninguna información relacionada con seguridad alimentaria durante el último mes. La mayoría de quienes sí recibieron información, lo hicieron a través de los medios de comunicación, las redes sociales o el boca a boca.

Este tema también plantea un reto para España donde las alertas alimentarias suelen difundirse rápidamente cuando afectan a productos concretos, pero muchas recomendaciones básicas sobre conservación, refrigeración o manipulación de alimentos, siguen siendo poco conocidas por parte de la población.

Ante estos resultados, la FSA ha puesto en marcha nuevamente la campaña Stop. Think. Serve. (Para. Piensa. Sirve), orientada a recordar los hábitos básicos que ayudan a evitar intoxicaciones alimentarias en el hogar. El objetivo no es solo reducir los riesgos sanitarios, también demostrar que es posible ahorrar dinero sin poner en peligro la salud, planificar mejor las compras, congelar correctamente los alimentos, respetar las temperaturas de conservación o diferenciar entre fecha de caducidad y consumo preferente, son algunas de las recomendaciones que permiten reducir el desperdicio alimentario sin asumir riesgos innecesarios.

Aunque las cifras proceden del mercado británico, el mensaje resulta perfectamente extrapolable a España, ya que la presión sobre el presupuesto familiar ha cambiado el modo de comprar, cocinar y conservar los alimentos. Cada vez se aprovecha más la comida y se intenta reducir el desperdicio, una tendencia positiva desde el punto de vista económico y ambiental.

El informe recuerda que el ahorro no debe hacerse a costa de la seguridad alimentaria, aprovechar mejor los alimentos es compatible con seguir unas normas básicas de conservación e higiene. En un contexto donde los precios continúan siendo una de las mayores preocupaciones de los consumidores, encontrar ese equilibrio será uno de los principales retos para los hogares europeos durante los próximos años.

En este enlace podéis consultar el informe completo Consumer Insights Tracker 2025-2026, elaborado por la Food Standards Agency (FSA) del Reino Unido. Documento que analiza en profundidad las principales preocupaciones de los consumidores británicos sobre el precio de los alimentos, la seguridad alimentaria, el desperdicio alimentario, los alimentos ultraprocesados y otros hábitos de consumo que están marcando la evolución del mercado alimentario en el país.

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