La revolución de los envases ya ha comenzado y llegará directamente a nuestra mesa. La próxima vez que compremos una ensalada preparada, pidamos una hamburguesa a domicilio, abramos una botella de agua o acudamos a un restaurante, es posible que algunos cambios sean visibles pero no en los alimentos, sino en aquello que los contiene. La nueva normativa europea sobre envases y residuos de envases obligará progresivamente a fabricantes, supermercados, restaurantes y empresas de distribución, a reducir determinados envases, favorecer su reutilización y mejorar capacidad de ser reciclados.
La Unión Europea ha puesto en marcha una de las reformas más importantes de los últimos años para reducir los residuos de envases. El nuevo reglamento europeo sobre envases y residuos de envases conocido como PPWR, comenzó a aplicarse con carácter general el pasado 12 de agosto, pero muchas de sus medidas se introducirán de manera progresiva durante los próximos años.
Aunque pueda parecer una cuestión relacionada principalmente con la industria del plástico y la gestión de residuos, sus efectos llegarán directamente a nuestra alimentación. Cambiarán algunos formatos de los productos que encontramos en los supermercados, la forma de servir determinados alimentos en los restaurantes, los recipientes utilizados para la comida para llevar y previsiblemente, también en la forma de comprar bebidas y productos alimenticios a través de internet.
Cada vez que compramos un alimento preparado, una bebida, una pieza de fruta envasada, etc., estamos adquiriendo también un recipiente que una vez ha cumplido su función, tendrá que ser reutilizado, reciclado o gestionado como residuo. El problema tiene una dimensión considerable, en 2023 la Unión Europea generó 79,7 millones de toneladas de residuos de envases, lo equivalente a 177,8 kilos por habitante. El papel y el cartón representaron la mayor parte de los residuos, seguidos del plástico y el vidrio. La alimentación tiene un papel especialmente relevante en este volumen de residuos, ya que una parte importante de los productos que llegan al consumidor, necesita algún tipo de envase para su conservación, transporte y comercialización.
En los restaurantes se notará especialmente el Reglamento europeo sobre envases y residuos de envases
Para quien come fuera de casa algunos cambios acabarán siendo especialmente visibles. Uno de los objetivos del nuevo reglamento es reducir determinados formatos de envases de plástico de un solo uso que contienen pequeñas cantidades de alimentos o condimentos. En la práctica, esto afecta a formatos muy habituales en la restauración, como pequeños recipientes, sobres individuales de salsas, azúcar, edulcorantes o determinados productos similares.
El clásico sobre de kétchup que acompaña a una hamburguesa es probablemente uno de los ejemplos más fáciles de entender. La Unión Europea pretende que determinados formatos de este tip, sean sustituidos progresivamente por alternativas como dispensadores, envases reutilizables u otros sistemas que generen menos residuos. Pero conviene hacer una precisión importante, esto no significa que a partir del 2030 desaparezcan todos los envases individuales de las salsas.
El reglamento contempla excepciones, y es que determinados formatos individuales podrán continuar utilizándose cuando acompañen a comidas preparadas para llevar, y estén destinados al consumo inmediato, así como cuando existan razones relacionadas con la seguridad, la higiene o las necesidades sanitarias. Por tanto, el futuro de la hostelería no será un restaurante sin envases, será un restaurante en el que tendrá cada vez más importancia la pregunta de si ese envase de un solo uso es realmente necesario.
La nueva era de la comida para llevar
El auge del take away (comida para llevar) y del reparto a domicilio, ha convertido los envases en una parte esencial de la gastronomía contemporánea. Una pizza necesita una caja, una hamburguesa necesita algún tipo de recipiente, una ensalada preparada necesita protección, una bebida necesita un envase… El problema aparece cuando todos esos recipientes se utilizan una sola vez y después se convierten en residuos. Por cierto, merece la pena retomar la lectura de este estudio realizado por la consultora Kearney, en el que se concluía que el cambio de envases reciclables de un sólo uso a envases reutilizables en el segmento de la alimentación, podría incrementar el uso de plástico.
La nueva legislación quiere que la restauración avance hacia sistemas reutilizables, por lo que los establecimientos que ofrecen comida y bebida para llevar, tendrán que facilitar determinadas posibilidades de reutilización, así como permitir que los clientes utilicen sus propios recipientes en las condiciones establecidas por la normativa. A partir del 2030 también se establece un objetivo para que una parte de los productos vendidos para llevar, se comercialice mediante sistemas de reutilización, siendo el porcentaje fijado inicialmente de un 10 %, con determinadas excepciones.
Sin duda, poco a poco cambiará una costumbre que parecía completamente consolidada, la de recibir la comida, consumirla y tirar inmediatamente el recipiente. En su lugar, podrían ganar presencia los vasos retornables, los recipientes reutilizables para comidas preparadas y sistemas en los que los clientes devuelven el envase para que sea lavado, acondicionado y utilizado de nuevo.
Para los consumidores puede parecer un cambio sencillo, pero para un restaurante implica una transformación logística de mayor peso. Un recipiente reutilizable tiene que ser recogido, almacenado, lavado y preparado de nuevo para entrar en contacto con alimentos, y todo ello debe hacerse respetando los requisitos de higiene y seguridad alimentaria.
La sostenibilidad no puede separarse de la seguridad alimentaria
Otro cambio que llegará al supermercado afectará a determinadas frutas y hortalizas frescas. El reglamento establece restricciones a determinados envases de plástico de un solo uso para frutas y verduras frescas sin procesar, especialmente cuando se comercializan en cantidades inferiores a 1,5 kilos. El objetivo es evitar que productos que tradicionalmente pueden venderse a granel, estén rodeados innecesariamente de plástico. Por tanto, esto podría traducirse en una mayor presencia de frutas y verduras sueltas en los supermercados, en una reducción de las bolsas, bandejas y otros formatos de plástico.
La normativa contempla excepciones cuando el envase resulte necesario para evitar pérdidas de agua, daños físicos, problemas microbiológicos, oxidación u otras circunstancias que puedan provocar el deterioro del producto alimenticio. Es decir, si sustituimos una bandeja de plástico por nada y como consecuencia, una parte significativa de la fruta termina en la basura, habremos solucionado un problema para crear otro.
La nueva política de envases debe convivir con otra prioridad comunitaria, la de reducir el desperdicio de alimentos. Según datos de 2023, en la Unión Europea se desperdiciaron alrededor de 130 kilos de alimentos por persona, teniendo en cuenta los distintos eslabones de la cadena alimentaria. El reto consiste en utilizar menos envases sin poner en peligro la conservación del alimento.
Una de las ideas más importantes del nuevo reglamento es que la solución no consiste simplemente en sustituir plástico por otro material, y es que no todo envase de cartón es automáticamente sostenible y no todo envase de plástico es necesariamente peor. La normativa comunitaria apuesta por reducir la cantidad de material utilizado, mejorar la reciclabilidad, aumentar el contenido reciclado y fomentar la reutilización. El objetivo es que los envases que continúen utilizándose puedan integrarse mucho mejor en una economía circular.
Eso significa que la industria alimentaria tendrá que hacerse preguntas que hasta ahora no siempre eran prioritarias, por ejemplo. ¿puedo utilizar menos material? ¿Puedo eliminar alguna capa? ¿Este envase se puede reciclar realmente? ¿Puedo utilizar material reciclado? ¿Puedo reutilizarlo? ¿Qué ocurre con el envase cuando el consumidor termina el producto? El envase deja así de ser simplemente una envoltura, y se convierte en parte del diseño del producto.
Cambiará la compra de alimentación por internet
Comprar aceite, conservas, vino, productos gourmet, café o alimentos preparados a través de internet puede implicar recibir una caja considerablemente mayor que el producto que contiene, rodeado de rellenos y materiales de protección. El nuevo reglamento quiere limitar este exceso y a partir de 2030, determinados embalajes de transporte, de agrupación (varios productos individuales en un mismo paquete) y de comercio electrónico, deberán respetar un máximo del 50 % de espacio vacío, con las excepciones y condiciones contempladas por la normativa.
La intención es bastante evidente, que una pequeña compra no viaje por Europa dentro de una caja desproporcionada. En el caso de los alimentos habrá que mantener las medidas necesarias para evitar golpes, roturas, contaminación o deterioro. Una botella de aceite o una pieza delicada de alimentación gourmet no puede enviarse sin protección simplemente para ahorrar cartón. La norma busca reducir el embalaje innecesario, pero sin poner en riesgo el producto alimenticio.
Reutilización es una palabra que empezará a aparecer más, y es que durante años hemos hablado principalmente de reciclar, pero la nueva normativa europea coloca un concepto anterior en la cadena de prioridades, reutilizar. Reciclar significa convertir un residuo en materia prima para fabricar nuevos productos, y reutilizar significa conseguir que el mismo recipiente vuelva a utilizarse sin convertirse inmediatamente en un residuo.
En gastronomía, esta diferencia puede ser decisiva porque una botella retornable puede utilizarse muchas veces, un vaso reutilizable puede volver a una cafetería, un recipiente para comida preparada puede ser lavado y puesto de nuevo en circulación. La Unión Europea quiere aumentar estos sistemas y reducir la dependencia de los envases de un solo uso.
También se reforzará la recogida de determinados envases de bebidas, de hecho, en el reglamento se establece para el 2029, objetivos de recogida separada del 90 % para determinadas botellas de plástico de un solo uso y envases metálicos de bebidas, y los Estados miembros deberán recurrir a sistemas de depósito y devolución cuando no alcancen esos objetivos por otros medios. Para los consumidores esto puede acabar significando algo muy sencillo, pagar una cantidad adicional al comprar una bebida y recuperar ese importe cuando devuelve el envase, es decir, lo que se hacía antaño con las botellas de vidrio.
Hay otro aspecto del reglamento que resulta especialmente interesante para quienes se preocupan por la alimentación y la seguridad alimentaria, hablamos de los químicos persistentes o PFAS. Se trata de una amplia familia de sustancias químicas sintéticas caracterizadas por una elevada persistencia en el medio ambiente, algunas de ellas se han utilizado por sus propiedades de resistencia al agua y a las grasas, lo que explica su presencia histórica en determinados materiales relacionados con los alimentos.
La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) señala que los PFAS pueden estar presentes en los alimentos como consecuencia de diferentes fuentes de exposición, y que los materiales en contacto con los alimentos pueden contribuir a esa exposición. El nuevo reglamento europeo establece límites para los PFAS en envases destinados al contacto con los alimentos, y desde la entrada en aplicación del reglamento, determinados envases que superen los límites establecidos no podrán comercializarse en el mercado comunitario. La seguridad alimentaria europea funciona precisamente mediante límites, evaluaciones científicas y controles. La cuestión de los PFAS forma parte de una estrategia más amplia para reducir la exposición de la población a determinadas sustancias químicas persistentes.
El reglamento contiene objetivos que se aplican en diferentes fechas y con distintos periodos de transición, algunas obligaciones afectan ya a fabricantes y operadores, mientras que otras se harán visibles para los consumidores en los próximos años. Habrá más envases reciclables, más contenido reciclado, más reutilización y menos formatos considerados innecesarios. Algunos productos podrán volver a comercializarse a granel o en recipientes retornables, las bebidas estarán cada vez más asociadas a sistemas de devolución, y la hostelería tendrá que acostumbrarse progresivamente a gestionar envases que no necesariamente terminan su vida después del primer servicio.
Para un chef, estos cambios pueden implicar buscar nuevas formas de presentar sus platos; para un restaurante, reorganizar el servicio de comida para llevar; para una empresa alimentaria, rediseñar envases que utiliza desde hace décadas; para un supermercado, revisar la presentación y comercialización de determinadas categorías; y, para los consumidores, incorporar nuevos hábitos, como devolver, rellenar, reutilizar o separar correctamente los envases.
El gran desafío será conseguir que la sostenibilidad no perjudique aquello que la gastronomía considera esencial, el sabor, la calidad, la conservación, la higiene, la seguridad y la buena experiencia del consumidor. La nueva normativa europea no pretende acabar con los envases, persigue que haya menos envases innecesarios y que los que sigamos utilizando tengan una vida mucho más inteligente.
Si queréis ampliar la información sobre esta noticia, podéis consultar aquí la página de la Comisión Europea sobre las nuevas normas de envases, y si queréis conocer el contenido completo y todos los detalles de la normativa, podéis consultar en este enlace el Reglamento (UE) 2025/40 del portal oficial de la legislación de la Unión Europea.
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