Se podría decir que la PAC engorda la carne y abandona las legumbres, ya que describe con bastante fidelidad lo que está ocurriendo actualmente con la política alimentaria europea. Mientras recientemente celebrábamos el Día Internacional de las Legumbres 2026, con lo que se pretende poner en valor alimentos saludables, asequibles y de bajo impacto ambiental, la Unión Europea continúa destinando la mayor parte de su dinero público a subvencionar la ganadería y los productos cárnicos y lácteos, justo lo contrario a lo recomendado por la ciencia climática, la salud pública y los objetivos de sostenibilidad.
Para entender la magnitud de esta contradicción es interesante explicar primero qué es la PAC (Política Agrícola Común). Se trata de un gran sistema de ayudas al campo europeo, siendo la partida más grande del presupuesto comunitario con decenas de miles de millones de euros cada año, que se destinan a sostener las rentas agrarias, estabilizar los mercados y orientar qué y cómo se produce. No se trata de una política menor, es literalmente la herramienta con la que la UE decide qué modelo alimentario financia con el dinero de todos los contribuyentes europeos, y actualmente es evidente la inclinación económica hacia la carne.
Hoy conocemos un reciente e interesante informe de Foodrise, organización sin ánimo de lucro dedicada a analizar y reformar las políticas alimentarias para que apoyen dietas saludables y sostenibles, en vez de mantener subsidios que favorecen modelos de producción intensivos en carne y lácteos. El documento se titula CAP at the Crossroads y pone cifras a esa inclinación hacia la industria cárnica.
Según su análisis, los alimentos de origen animal generan entre el 81% y el 86% de las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema alimentario europeo, pero sólo aportan alrededor de un 32% de las calorías y un 64% de las proteínas consumidas. Se puede decir que los alimentos de origen animal concentra la mayor parte del impacto climático sin ser imprescindibles desde el punto de vista nutricional, aun así, acaparan la mayor parte de las ayudas.
Los datos son difíciles de justificar, la carne de vacuno y de ovino recibieron unas 580 veces más subvenciones que las legumbres, como las lentejas o las alubias, los lácteos 554 veces más que los frutos secos y las semillas. En conjunto, la carne y los lácteos obtuvieron más de diez veces más ayudas que las frutas y las hortalizas, y más de dieciséis veces que los cereales. Según el informe, el 77% (39.000 millones de euros) de las subvenciones de la PAC en 2020 (54.000 millones de euros) las recibieron los productos de origen animal, lo que supone casi una cuarta parte del presupuesto anual completo de la Unión Europea.
No se trata sólo de una cuestión contable, cada euro invertido para reforzar la ganadería intensiva, es un euro que no se dedica a diversificar los cultivos, recuperar los suelos o impulsar las proteínas de origen vegetal para el consumo humano. Por ello, las consecuencias se acumulan, más emisiones de gases de efecto invernadero, más dependencia de las importaciones de pienso de terceros países, más contaminación del aire por amoníaco, y más presión sobre el agua y la biodiversidad.
Esto también trae un coste sanitario, recordemos que diversos organismos internacionales, desde el Banco Mundial hasta la Organización Mundial de la Salud, insisten en la necesidad de reducir el consumo de carne roja y procesada por su relación con enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. La propia Comisión EAT-Lancet plantea una dieta rica en vegetales (Planetary Health Diet o Dieta Planetaria), con la que se podría reducir hasta un 61% las emisiones agrícolas en países ricos y prevenir una proporción significativa de muertes prematuras.
Sin embargo, se sigue financiando lo contrario, y no es algo que sorprenda que se subvencione más la carne, recordemos que hace años ya advertíamos que la UE destinaba fondos públicos incluso a campañas publicitarias para promover su consumo. Investigaciones de la organización neerlandesa Wakker Dier documentaron decenas de millones de euros invertidos en marketing para carne y aves, lo que delata una incoherencia evidente con los objetivos de salud, sostenibilidad, medioambiente y bienestar animal.
La contradicción es especialmente llamativa actualmente, cuando acabamos de celebrar el Día Internacional de las Legumbres, alimentos baratos, nutritivos, que son fijadores del nitrógeno y que tienen una huella climática mínima. Se aplaude su consumo en discursos y campañas educativas, pero a la hora de repartir el presupuesto europeo, las legumbres siguen siendo las grandes olvidadas.
El mencionado informe de Foodrise propone una hoja de ruta, plantea redirigir fondos hacia los cultivos vegetales para consumo humano, apoyar la diversificación de las proteínas, eliminar las ayudas a la promoción de la carne y los lácteos, condicionar las subvenciones ganaderas a límites de densidad animal y crear un fondo de transición justa para que los ganaderos puedan reconvertirse sin quedarse atrás. No se trata de demonizar al sector, sino de alinearlo con las necesidades del siglo XXI.
Actualmente la PAC se encuentra ante decisiones clave para el periodo comprendido entre el año 2028 y el año 2034. Puede seguir engordando un modelo alimentario que resulta costoso, contaminante y cada vez más cuestionado, o aprovechar la oportunidad para impulsar las dietas más saludables y los sistemas agrícolas que benefician al clima y la biodiversidad. Si de verdad se persigue la coherencia, no basta con celebrar y ensalzar las legumbres un día al año, hay que darles el espacio que merecen en todos los ámbitos.
Para comprender hasta qué punto estas cifras desmontan el relato oficial de una UE que supuestamente está comprometida con la salud, el clima y la sostenibilidad, merece la pena leer el informe completo (Pdf) de Foodrise, ya que no se queda en declaraciones genéricas, desglosa partidas presupuestarias, compara sectores, rastrea subsidios ocultos en los piensos y cuantifica el coste real de seguir dando privilegios a la carne frente a los alimentos vegetales. Esta lectura es interesante, ya que pone negro sobre blanco mostrando cómo se está utilizando el dinero público.
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