El efecto del café sobre el metabolismo depende del peso corporal, según sugiere un nuevo estudio realizado por investigadores brasileños, con un grupo de personas que padecían una enfermedad arterial coronaria. La investigación analiza cómo el índice de masa corporal (IMC) puede influir en la respuesta del organismo al café con cafeína y al café descafeinado, prestando atención a los mecanismos relacionados con la salud cardiovascular y metabólica.
El café contiene numerosos compuestos bioactivos que pueden intervenir en diferentes procesos del organismo, además de la cafeína, esta bebida contiene sustancias que participan en mecanismos relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo y el metabolismo de la glucosa y los lípidos. En este trabajo, los expertos centraron su atención en dos elementos: la sirtuina-1 (Sirt-1), una proteína que ayuda a regular el metabolismo de la glucosa y las grasas y a controlar la inflamación, y el receptor soluble de los productos finales de glicación avanzada (sRAGE), una molécula que puede ayudar a bloquear los efectos inflamatorios asociados a estos compuestos.
La Sirt-1 desempeña un papel importante en la regulación del metabolismo de la glucosa y los lípidos, además de participar en la sensibilidad a la insulina, el funcionamiento de las mitocondrias y el control de la inflamación. Algunos de los polifenoles presentes en el café podrían favorecer su actividad.
Por otro lado, la activación de la vía AGE-RAGE está relacionada con procesos de estrés oxidativo e inflamación. El sRAGE puede actuar como un receptor señuelo, uniéndose a los productos finales de glicación avanzada (proceso en el que azúcares se unen a proteínas o grasas del organismo sin intervención de enzimas) antes de que estos puedan activar el receptor RAGE presente en las células. De esta manera, podría contribuir a limitar algunos procesos relacionados con la inflamación y el daño vascular.
Los investigadores plantearon que el peso corporal podía influir en estos mecanismos, ya que un IMC (Índice de Masa Corporal) más elevado suele estar relacionado con la inflamación crónica de bajo grado, la resistencia a la insulina, el estrés oxidativo y las alteraciones en la vía AGE-RAGE, un sistema de señalización celular que se activa cuando los productos finales de la glicación avanzada se unen al receptor RAGE. Dicha activación puede favorecer la inflamación y el estrés oxidativo, contribuyendo al daño vascular y metabólico.
Para estudiar esta posible relación, los investigadores trabajaron con 30 personas adultas de entre 40 y 80 años, que padecían enfermedad arterial coronaria. Los participantes siguieron un protocolo aleatorizado, doble ciego y cruzado, es decir, fueron asignados al azar a consumir primero uno de los dos tipos de café. Ni ellos ni los investigadores sabían en cada momento qué tipo de café estaba tomando cada participante, posteriormente todos probaron también el otro tipo de café.
Tras un periodo inicial de 22 días sin tomar café, los participantes consumieron café con cafeína o descafeinado durante 28 días. Después pasaron al otro tipo de café durante otros 28 días. Al inicio y al final de cada intervención, los investigadores midieron el peso corporal y el IMC, además de extraer y analizar muestras de sangre en ayunas. Entre los parámetros estudiados se encontraban la glucosa, el perfil lipídico, la hemoglobina glucosilada, la homocisteína, diferentes apolipoproteínas, la lipoproteína(a), la Sirt-1, el colesterol LDL (un tipo de colesterol relacionado con un mayor riesgo cardiovascular) y el sRAGE.
Posteriormente se realizaron comparativas de los participantes según presentaran un IMC medio relativamente mayor o menor. Aunque ambos grupos mostraban características bioquímicas similares al inicio, algunas respuestas al consumo de café fueron diferentes.
La cafeína aumentó la Sirt-1 en las personas con menor IMC
Uno de los principales resultados apareció en los participantes con un IMC más bajo. En este grupo, el consumo de café con cafeína aumentó los niveles de Sirt-1, un efecto que no se observó de la misma forma entre quienes presentaban un IMC más alto. Los expertos plantean que una posible explicación podría estar relacionada con la inflamación crónica asociada a un mayor IMC y con una mayor activación de la vía AGE-RAGE, factores que podrían dificultar la actividad de Sirt-1.
Este resultado es interesante, ya que apunta a que la respuesta metabólica al café podría variar en función de las características de cada persona. Sin embargo, no significa que las personas con menor peso obtengan necesariamente más beneficios del café, y tampoco demuestra que el café produzca una mejora directa de la salud cardiovascular. De hecho, ni el café con cafeína ni el descafeinado modificaron el peso corporal, el IMC o la presión arterial de los participantes en el estudio.
La cafeína podría modificar la respuesta metabólica
Los investigadores observaron, además, diferencias en las asociaciones entre el sRAGE y otros marcadores metabólicos dependiendo del tipo de café consumido. En el grupo con menor IMC, después del consumo de café descafeinado, el sRAGE se relacionó con la hemoglobina glucosilada, el colesterol LDL y la Sirt-1. En cambio, tras consumir café con cafeína el sRAGE mostró una asociación positiva con la Sirt-1 y la glucosa, mientras que se relacionó de forma inversa con la lipoproteína(a).
Estos resultados hicieron que los investigadores plantearan que el café con cafeína y el descafeinado podrían influir en diferentes vías metabólicas. Concretamente, la cafeína podría favorecer determinadas vías relacionadas con la detección de energía y la activación de Sirt-1. Sin embargo, hay que decir que se trata de unos primeros resultados que no permiten establecer que estas modificaciones moleculares tengan como consecuencia una reducción del riesgo cardiovascular.
¿Qué nos dice realmente este estudio sobre el café?
La investigación aporta nuevos datos sobre la compleja relación entre el café y el metabolismo, pero sus resultados deben interpretarse con prudencia. La principal conclusión es que el IMC podría influir en algunas de las respuestas metabólicas asociadas al consumo de café, especialmente en personas con enfermedad arterial coronaria. Los participantes con menor IMC tuvieron un aumento de Sirt-1 después de consumir café con cafeína, mientras que determinados vínculos entre sRAGE y otros marcadores metabólicos también cambiaron durante la intervención.
Esto no quiere decir que el café sea más beneficioso para las personas delgadas ni que las personas con un IMC elevado no puedan beneficiarse de su consumo. El estudio es bastante pequeño y analiza fundamentalmente mecanismos y asociaciones metabólicas, pero no la aparición de nuevos casos de enfermedad cardiovascular ni la mortalidad. Además, los propios autores apuntan que son necesarios nuevos estudios, experimentos con animales y trabajos realizados con grupos de población más amplios para confirmar los resultados y comprender mejor los mecanismos implicados.
Por tanto, este trabajo añade una nueva pieza al creciente conocimiento científico sobre el café. Las investigaciones anteriores ya habían relacionado su consumo con diferentes aspectos de la salud cardiovascular y metabólica, pero este estudio plantea que la respuesta del organismo podría depender también de las características metabólicas de cada persona.
En definitiva, no se trata simplemente de saber cuántas tazas de café tomamos o si elegimos café con cafeína o descafeinado. Factores individuales como el IMC podrían modificar algunos de los procesos biológicos que se producen tras consumir esta bebida. Aun así, será necesario esperar a nuevas investigaciones que permitan determinar si estas diferencias metabólicas tienen finalmente una repercusión relevante sobre la salud cardiovascular.
Podéis conocer el estudio al completo a través de este artículo publicado en la revista científica Nutrients.
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