Glicerol (E 422): qué es, para qué se utiliza y qué advierte la EFSA sobre su uso en bebidas granizadas

Si revisamos el etiquetado de muchos alimentos procesados podemos encontrar aditivos alimentarios como el glicerol (E 422), una sustancia también conocida como glicerina que se utiliza de forma habitual en la industria alimentaria y en otros sectores. Su nombre puede sonar técnico o incluso generar cierta desconfianza, pero conviene entender de qué estamos hablando antes de sacar conclusiones: el glicerol es un compuesto presente en la naturaleza, forma parte de nuestro metabolismo y cumple varias funciones tecnológicas en los alimentos.

En los últimos años, además, el glicerol ha vuelto a aparecer en informes y evaluaciones de seguridad alimentaria, no porque se haya descubierto que sea un aditivo peligroso en sí mismo, sino porque determinados usos pueden favorecer una ingesta elevada en poco tiempo. Es lo que ocurre con algunas bebidas granizadas, donde se emplea para mantener la textura semicongelada y evitar que el producto se endurezca por completo. Por eso merece la pena explicar qué es el glicerol, para qué se utiliza en los alimentos y qué dice realmente la EFSA sobre este aditivo.

El glicerol es un alcohol polihídrico, concretamente propano-1,2,3-triol. Se presenta como un líquido incoloro, inodoro, viscoso y de sabor ligeramente dulce. Desde el punto de vista natural, el glicerol forma parte de las grasas: normalmente no se encuentra libre, sino unido a los ácidos grasos formando triglicéridos. En la Unión Europea está autorizado como aditivo alimentario bajo el código E 422, lo que significa que ha sido evaluado para su uso en alimentos dentro de unas condiciones reguladas.

El glicerol puede obtenerse de varias formas. Puede proceder de la transformación de grasas y aceites, por ejemplo, como subproducto en procesos como la fabricación de jabón o biodiésel. También puede tener origen vegetal o animal, a partir de aceites como el aceite de coco o de grasas animales, y puede obtenerse mediante procesos industriales controlados. En cualquier caso, cuando se destina a uso alimentario debe cumplir unas especificaciones de pureza y calidad, precisamente para limitar la presencia de posibles impurezas o contaminantes derivados del proceso de producción.

¿Para qué se utiliza el glicerol en los alimentos?

El glicerol es un aditivo muy versátil porque cumple varias funciones tecnológicas. Una de las más importantes es su papel como humectante: atrae y retiene agua, lo que ayuda a mantener la humedad de determinados alimentos y evita que se sequen con facilidad. Por eso puede emplearse en productos de bollería, rellenos, coberturas, barritas, caramelos blandos y otras elaboraciones en las que la textura y la conservación de la humedad son importantes.

También tiene un sabor ligeramente dulce, aunque no debe entenderse como un edulcorante intenso comparable a los que se utilizan en cantidades muy pequeñas. El glicerol aporta dulzor moderado, pero su interés tecnológico va mucho más allá del sabor: aporta viscosidad, modifica la textura y puede ayudar a controlar la cristalización o la congelación. En productos como helados, geles y bebidas granizadas, esta capacidad resulta especialmente útil porque contribuye a mantener una textura más estable y agradable.

En el caso de las bebidas granizadas, su función es especialmente clara. El glicerol ayuda a que el líquido no se congele en un bloque duro, sino que conserve esa textura semicongelada, fluida y granulosa que caracteriza a este tipo de bebidas. Es decir, no se utiliza únicamente para endulzar, sino para conseguir un efecto tecnológico concreto. Y precisamente por esa función puede aparecer en cantidades relevantes en este tipo de productos.

Conviene matizar, además, que el glicerol puede contribuir a la estabilidad de algunas formulaciones, pero no debe presentarse de forma simplista como un emulsionante principal. Su papel está más relacionado con la retención de humedad, la viscosidad, la textura y el control de la actividad del agua que con la unión directa de fases acuosas y grasas, como ocurre con otros aditivos específicamente emulsionantes.

Por qué el glicerol aparece ahora en los informes de seguridad

La seguridad del glicerol ha sido evaluada por la EFSA en varias ocasiones. En su reevaluación de 2017, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria concluyó que no era necesario establecer una ingesta diaria admisible numérica para el glicerol (E 422) y que su uso como aditivo alimentario no planteaba problemas de seguridad en las condiciones evaluadas. Esto no significa que pueda utilizarse de cualquier manera, sino que, con los datos disponibles y los usos autorizados, no se consideró necesario fijar una cantidad diaria máxima expresada en miligramos por kilo de peso corporal.

Posteriormente, la EFSA también revisó aspectos relacionados con las especificaciones del aditivo, es decir, con la pureza del producto, los métodos de control y los posibles contaminantes o impurezas que pueden aparecer según el proceso de fabricación. Este tipo de revisiones no implica que el glicerol sea peligroso, sino que forma parte del funcionamiento normal de la regulación alimentaria: a medida que avanzan los métodos analíticos y se dispone de nuevos datos, se ajustan los límites y los criterios de calidad.

La novedad más reciente está en otro punto: la exposición aguda. Es decir, no cuánto glicerol puede ingerirse de forma repartida en la dieta a lo largo del tiempo, sino qué ocurre cuando una persona consume una cantidad relativamente elevada en una sola ocasión. Este enfoque es importante en productos que pueden tomarse en vasos grandes, en poco tiempo y especialmente por niños, como sucede con algunas bebidas granizadas.

El caso de las bebidas granizadas y los niños

Uno de los motivos por los que el glicerol ha recibido más atención en los últimos años es su presencia en algunas niños pequeños, cuyo peso corporal es mucho menor que el de un adulto, la misma cantidad de bebida supone una exposición proporcionalmente más alta.

Se han descrito casos de niños que presentaron síntomas poco después de consumir bebidas granizadas con glicerol, entre ellos malestar, náuseas, somnolencia, hipoglucemia y otros signos compatibles con un cuadro de intoxicación por glicerol. Estos casos no significan que cualquier bebida granizada vaya a producir un problema, ni que el glicerol sea un aditivo peligroso por definición, pero sí indican que la combinación de producto, cantidad consumida, concentración de glicerol y bajo peso corporal puede ser relevante.

El problema, por tanto, no está en una visión alarmista del aditivo, sino en el contexto de consumo. Un adulto que toma ocasionalmente un producto con glicerol no está en la misma situación que un niño pequeño que consume una bebida granizada grande en poco tiempo. Y ésta es una distinción importante, porque la seguridad alimentaria no depende sólo de que una sustancia esté autorizada, sino también de cómo se utiliza, en qué alimento aparece, en qué cantidad y quién la consume.

Qué dice realmente la EFSA sobre el Glicerol (E 422)

En su evaluación más reciente sobre la exposición aguda al glicerol (E 422), la EFSA ha analizado el caso de los granizados y del vino desalcoholizado. La cuestión no era volver a evaluar el aditivo desde cero como si se tratara de una sustancia nueva, sino valorar si determinados productos podían llevar a una ingesta elevada en una sola ocasión de consumo.

Para ello, la EFSA estableció una dosis de referencia aguda de 125 miligramos de glicerol por kilo de peso corporal por ocasión de consumo. Este valor sirve como referencia para valorar si una ingesta puntual puede superar el nivel considerado aceptable desde el punto de vista de la seguridad. Según la evaluación, algunas raciones habituales de bebidas granizadas pueden superar esa referencia, especialmente en población infantil, debido al bajo peso corporal de los niños y a la posibilidad de consumir una cantidad relativamente alta de bebida en poco tiempo.

Las evaluaciones de la EFSA no concluyen que el glicerol deba eliminarse de los alimentos, sino que los gestores del riesgo deberían considerar la posibilidad de establecer límites numéricos más precisos para determinados usos en bebidas. Es una diferencia fundamental: una cosa es la evaluación científica del riesgo y otra la decisión regulatoria que puedan adoptar las autoridades competentes.

También conviene recordar que, en cantidades muy elevadas, el glicerol puede producir efectos gastrointestinales por su capacidad osmótica, como molestias intestinales o efecto laxante. Este aspecto ya se había tenido en cuenta en evaluaciones anteriores. Lo que ahora centra la atención es la exposición en una sola toma y en productos concretos que pueden consumirse rápidamente.

Qué debe entender el consumidor

La conclusión no debería ser que el glicerol (E 422) es un aditivo que haya que demonizar. Es una sustancia conocida, autorizada y útil desde el punto de vista tecnológico. Forma parte de la naturaleza, del metabolismo de las grasas y de numerosos procesos industriales y alimentarios. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario y pensar que, por estar autorizado, cualquier uso o cantidad es irrelevante.

La seguridad de un aditivo depende de varios factores: la dosis, el tipo de producto, la frecuencia de consumo, la cantidad ingerida en una sola ocasión y las características de la persona que lo consume. En el caso del glicerol, el punto sensible está especialmente en las bebidas granizadas consumidas por niños pequeños, porque pueden aportar una cantidad elevada de glicerol en poco tiempo respecto a su peso corporal.

Por tanto, el mensaje más razonable es doble. Para la mayoría de consumidores, el glicerol utilizado en alimentos dentro de las condiciones autorizadas no debe verse como una amenaza. Pero en productos como las bebidas granizadas, especialmente cuando van dirigidas o resultan atractivas para niños, sí tiene sentido aplicar más prudencia, mejorar la información disponible y ajustar los límites de uso cuando sea necesario.

En definitiva, el caso del glicerol muestra bien cómo funciona la seguridad alimentaria moderna: no basta con dividir los aditivos entre “buenos” y “malos”. Lo importante es analizar el uso real, la cantidad, el alimento concreto y la población expuesta. Un mismo aditivo puede ser seguro en muchos contextos y requerir mayor control en otros. Y eso no es una contradicción, sino precisamente la razón por la que existen evaluaciones científicas y revisiones regulatorias continuas.

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