Cuando la inteligencia artificial se utiliza para crear denuncias falsas sobre los alimentos

La facilidad con la que actualmente se pueden manipular imágenes y generar textos convincentes mediante inteligencia artificial está provocando un nuevo problema para el sector de la hostelería y la industria alimentaria, hablamos de la creación de denuncias falsas sobre los alimentos.

Hasta no hace mucho, manipular una imagen con cierta credibilidad requería conocimientos avanzados de edición digital. Hoy, en cambio, puede hacerse en cuestión de pocos minutos con herramientas accesibles para casi cualquier usuario y sin grandes conocimientos técnicos. Fotografías alteradas para simular comida en mal estado, supuestos cuerpos extraños en un plato o preparaciones aparentemente poco salubres empiezan a utilizarse para reclamar devoluciones, exigir compensaciones económicas o incluso dañar la reputación de restaurantes y negocios del sector de la hostelería y la restauración.

Estamos ante un escenario en el que distinguir entre una queja legítima y un fraude digital resulta cada vez más complicado. La dimensión de este problema merece atención. Distintos análisis sobre el crecimiento del contenido generado por inteligencia artificial calculan que actualmente se crean decenas de millones de imágenes artificiales cada día en la red. Algunas estimaciones hablan de más de 34 millones de imágenes diarias generadas con inteligencia artificial, lo que significa que las herramientas necesarias para fabricar pruebas falsas están al alcance de prácticamente cualquier persona con un teléfono móvil y unos minutos de tiempo.

El problema resulta especialmente grave en el sector alimentario, ya que una imagen visual tiene un enorme peso emocional. La fotografía de una hamburguesa aparentemente cruda, una pizza que parece tener moho o un insecto sobre un plato de comida provoca una reacción inmediata en las plataformas de reparto y en las redes sociales. Muchas empresas de comida a domicilio trabajan con sistemas automatizados para resolver incidencias rápidamente y evitar conflictos con los clientes. En numerosos casos, cuando alguien presenta una fotografía aparentemente convincente, el reembolso se aprueba casi de forma automática y el coste acaba recayendo sobre el restaurante.

Preocupa que la tecnología ha alcanzado un alto nivel que es suficiente para dificultar de forma significativa la detección del fraude. Algunas recientes investigaciones sobre la detección de imágenes generadas por IA, apuntan que incluso las personas que están acostumbradas a trabajar con contenido digital tienen dificultades para distinguir imágenes reales de imágenes manipuladas. Este estudio realizado por investigadores asociados a Microsoft, mostraba que los participantes sólo diferenciaban correctamente imágenes reales y generadas por inteligencia artificial en un 62 % de las veces, es decir, se falla una de cada tres veces.

Además, los sistemas de marcado o watermarking (marca de agua digital) que deberían permitir identificar contenido artificial, siguen siendo insuficientes o fáciles de eliminar. De hecho, varios estudios académicos del que destacamos este, advierten que las marcas digitales actuales, pueden ser manipuladas o eliminadas mediante nuevas técnicas de procesamiento de imágenes, lo que deja a pequeños negocios y restaurantes en una situación especialmente vulnerable.

El fraude alimentario digital es una realidad

Algunas empresas especializadas en seguridad alimentaria como Food Alert, ya han advertido públicamente sobre casos reales de reclamaciones a partir de imágenes manipuladas utilizando la inteligencia artificial. Los expertos de esta empresa explican que están observando dos tendencias principales, la primera consiste en alterar fotografías de alimentos para aparentar defectos inexistentes como los antes comentados, por ejemplo, la presencia de cristales, pelos, moho o contaminación en la comida. La segunda tendencia es el uso de la inteligencia artificial para redactar reclamaciones que resulten intimidatorias con lenguaje técnico y legal, diseñado para presionar psicológicamente a los empresarios y a los responsables de los restaurantes.

El impacto psicológico de este segundo fenómeno es considerable, muchos pequeños hosteleros no tienen formación jurídica o sanitaria suficiente como para evaluar correctamente una reclamación compleja y redactada con una apariencia profesional. Un simple correo electrónico generado con inteligencia artificial puede incluir referencias normativas, amenazas de acudir a las autoridades sanitarias, acusaciones muy graves que generan miedo y una presión inmediata.

El problema se agrava todavía más por la velocidad de las redes sociales, ya que una imagen falsa publicada en TikTok, Instagram o Facebook puede viralizarse antes de que el negocio afectado tenga la oportunidad de demostrar su falsedad y aunque posteriormente pueda desmentirla, el daño a la reputación ya puede estar más que hecho. Por cierto, este tema nos recuerda en cierto modo a lo que comentábamos en el articulo sobre cómo las imágenes publicitarias de los alimentos preparados no tienen nada que ver con la realidad.

La economía del engaño

Generalmente este fenómeno responde a incentivos económicos muy claros, y es que en un contexto de inflación, aumento del coste de la vida y encarecimiento de la restauración, algunas personas ven en este tipo de prácticas una manera sencilla de obtener comidas gratuitas o compensaciones económicas. Como ya hemos comentado, no hace falta ser un experto informático. Actualmente existen aplicaciones que son capaces de añadir elementos falsos a una imagen con instrucciones realmente simples, “añade moho al pan”, “haz que el pollo parezca poco cocinado”, “pon un pelo en la pizza”…

Pero lo más preocupante es que este tipo de herramientas continúan mejorando a una velocidad vertiginosa, las anomalías visuales que antes permitían detectar una imagen falsa, como unos dedos deformes, unas sombras extrañas o unos textos incoherentes, son cada vez menos frecuentes y casi inexistentes. Un ejemplo reciente fuera del ámbito alimentario ilustra perfectamente el problema, en mayo de 2026 se viralizó una imagen falsa de unos policías tailandeses vestidos con trajes extravagantes durante una detención (The Guardian). Dicha fotografía fue compartida por medios conocidos antes de descubrirse que había sido generada con inteligencia artificial. Si medios profesionales pueden equivocarse, no es difícil imaginar la dificultad que tendrá el propietario de un pequeño restaurante.

En cuanto a la legislación, hay que decir que avanza de forma lenta frente a la velocidad de estas herramientas. Las normativas de seguridad alimentaria tradicionales fueron diseñadas para proteger al consumidor ante los productos alimenticios inseguros, contaminados u obtenidos a partir de malas prácticas, pero no frente a pruebas digitales que han sido fabricadas artificialmente. A pesar de que la Unión Europea ha empezado a desarrollar regulaciones sobre inteligencia artificial y transparencia en los denominados “deepfakes” (vídeo, foto o audio falso creado con IA), la aplicación práctica sigue siendo limitada y compleja. También hay que decir que incluso cuando exista una obligación legal de etiquetar el contenido generado por IA, los que pretendan cometer fraude probablemente intentarán eliminar cualquier marca identificativa.

La realidad es que, mientras la ley exige a los negocios demostrar altos niveles de transparencia y trazabilidad, resulta mucho más difícil perseguir a los que generan pruebas falsas con la ayuda de la inteligencia artificial. Para muchos restaurantes el verdadero problema no es el coste de una devolución concreta, es el deterioro de su reputación online. Hoy en día buena parte de las decisiones de consumo se toman consultando las reseñas y los comentarios en internet, y una serie de acusaciones aparentemente creíbles puede afectar gravemente a la confianza del público.

La IA añade una falsa apariencia de profesionalidad, las reseñas fraudulentas ya no contienen necesariamente faltas de ortografía o mensajes incoherentes, ahora pueden parecer redactadas por un abogado, un inspector sanitario o un experto en seguridad alimentaria. Los consumidores medios tampoco están preparados para detectar fácilmente este tipo de manipulaciones, y así se concluye en diversos estudios como el citado anteriormente, que muestran que muchas personas tienen enormes dificultades para distinguir contenido auténtico del generado artificialmente.

Ante este escenario la mejor defensa sigue siendo la prevención y la documentación rigurosa, para ello los expertos recomiendan varias medidas fundamentales como mantener sistemas sólidos de control alimentario y trazabilidad, ya que en negocio que documenta correctamente las temperaturas, los proveedores, los controles APPCC (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control), la limpieza y los procesos internos, tiene más capacidad para defenderse frente a acusaciones falsas. También es necesario establecer protocolos claros para investigar todas las reclamaciones, incluso aquellas que parezcan sospechosas, ya que ignorar automáticamente una denuncia por creer que puede ser falsa, puede resultar peligroso si al final existe un problema real.

Los expertos también recomiendan conservar evidencias internas y especialmente en pedidos del sector delivery: fotografías del producto antes de salir en reparto, registro de los horarios, controles de preparación y comunicación interna entre cocina y reparto. Por último, una medida interesante es formar al personal para identificar posibles señales de manipulación digital, aunque como ya hemos comentado, la tecnología avanza tan rápido que esas señales pueden desaparecer progresivamente a medida que evolucionan las herramientas de IA.

La mayoría de expertos coincide al decir que este fenómeno aumentará durante los próximos años, ya que la democratización de la inteligencia artificial implica que herramientas antes reservadas a los expertos ahora están disponibles gratuitamente para millones de personas. Pero esto no significa que se deba caer en el alarmismo, ni desconfiar de todas las reclamaciones de los clientes. La inmensa mayoría de los consumidores actúa de buena fe y las reclamaciones reales siguen siendo esenciales para detectar problemas sanitarios auténticos.

Como comentan aquí, la inteligencia artificial puede mejorar significativamente la gestión empresarial, la atención al cliente o la seguridad alimentaria. El problema aparece cuando la misma tecnología se utiliza para manipular pruebas, intimidar y obtener beneficios fraudulentos, ahí empieza uno de los grandes desafíos digitales de la restauración moderna.

Imágenes cortesía del Asistente de IA (Generadas con tecnología de Google)

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