Investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte han desarrollado un tejido tridimensional que, en ensayos de campo, llegó a multiplicar por 3,56 la cosecha de fresas respecto a las plantas que quedaron sin cubrir. Además, la tela actuó como barrera frente a los insectos, una combinación que abre una nueva vía para proteger y mejorar el cultivo de esta fruta.
Hoy encontramos fresas en el supermercado durante casi todo el año, pero esa disponibilidad esconde un cultivo delicado. Mucho antes de llegar a nuestra mesa, las plantas tienen que superar la acción de los insectos, los cambios de temperatura y otras condiciones ambientales que pueden condicionar su desarrollo y, con ello, la cantidad de fruta que se recoge.
Precisamente ahí entra en juego Plant Armor, una cubierta textil creada por los investigadores de esa misma universidad y descrita en un estudio publicado en la revista científica Agriculture. La cubierta se coloca directamente sobre las plantas y, aunque dificulta el paso de los insectos, permite sin problemas el paso de la luz, el agua y el aire.
Plant Armor tiene una estructura tridimensional y porosa. Sus diferentes capas dificultan que los insectos la atraviesen y se alimenten de las plantas, pero permiten el paso de lo esencial para su crecimiento. Esto era especialmente importante para los investigadores, porque una cubierta demasiado cerrada podría reducir la luz disponible y perjudicar la producción de frutos. De hecho, esperaban que el aspecto opaco del tejido provocara una respuesta de evitación de la sombra.
Es decir, cuando una planta percibe menos luz, puede dedicar más recursos al crecimiento de hojas y tallos que a producir fruta, pero esto no fue lo que ocurrió. La tela no impidió el acceso de la luz, las plantas no mostraron esa respuesta y la producción aumentó de forma significativa.
En los ensayos realizados en túneles de campo, las plantas protegidas con Plant Armor llegaron a producir 3,56 veces más fruta que las plantas sin cubierta. El aumento no se limitó a una única característica: crecieron tanto el número de frutos como su peso, y la cubierta no tuvo efectos negativos sobre la humedad relativa.
Hay, además, un factor que podría ayudar a explicar el resultado: la temperatura. Durante las tres temporadas de cultivo estudiadas, Plant Armor ofreció un efecto de calentamiento constante, lo que favoreció la acumulación de los llamados grados-día de crecimiento, una medida del calor que necesita una planta para avanzar por sus distintas etapas de desarrollo. Según los investigadores, las plantas cubiertas alcanzaron antes las condiciones térmicas necesarias para dar fruto. Por tanto, la tela no sólo protege, sino que también modifica el entorno de la planta de una manera que favorece su desarrollo.
En las pruebas realizadas, Plant Armor actuó como barrera física frente a los pulgones. Al impedir que los insectos lleguen hasta las plantas, el sistema podría abrir la puerta a reducir el uso de determinados pesticidas convencionales, aunque conviene no confundir esa posibilidad con un resultado demostrado a escala agrícola.
Esto tendría también una lectura gastronómica, recordemos que un estudio de 2023 observó que dos fungicidas habituales en el cultivo de la fresa reducían su dulzor y su aroma. No son el tipo de producto que esta tela ayudaría a evitar, ya que actúa sobre los insectos y no sobre los hongos, pero el ejemplo muestra que lo que se aplica al cultivo puede notarse después en el sabor.
El estudio muestra el potencial del tejido, pero falta comprobar hasta qué punto permite reducir realmente los tratamientos fitosanitarios en explotaciones comerciales. La misma prudencia hay que aplicar al posible ahorro de agua. En principio, la tecnología podría reducir las necesidades de riego, pero el trabajo analizado no establece una cantidad concreta.
Hay un detalle curioso: Plant Armor no se desarrolló originalmente para cultivar fresas. Surgió de un proyecto de ropa militar en el que se buscaba un material que hiciera los uniformes más resistentes a las picaduras de mosquitos y más cómodos bajo los chalecos antibalas. Tras diferentes pruebas y modificaciones, aquel trabajo acabó dando lugar a un material con una aplicación completamente distinta.
Como explican los propios investigadores, el camino hasta los cultivos de fresas no era algo que pudieran prever al comenzar el proyecto. Visto lo visto, es un buen ejemplo de cómo la investigación en materiales puede encontrar aplicaciones inesperadas.
¿Estamos ante una nueva forma de cultivar fresas?
El resultado es interesante, pero conviene ponerlo en contexto. Que en los ensayos se haya llegado a esa cifra no significa que la tecnología vaya a multiplicar por tres la producción de cualquier cultivo de fresas. Las pruebas se hicieron en túneles de campo y falta comprobar cómo funciona el tejido en explotaciones reales y en condiciones distintas, ya que el clima, las variedades de fresa, la presión de las plagas y las características de cada finca pueden alterar los resultados.
También habrá que conocer mejor aspectos prácticos como el coste de instalación, la facilidad de uso y el comportamiento de la cubierta a lo largo de varias campañas. El tejido ya está patentado por la universidad y cuenta con licencia para su desarrollo comercial, pero de ahí a convertirse en una herramienta útil para los productores de fresas hay aún mucho camino. Por eso, más que una solución definitiva, resulta más interesante verlo como una nueva vía de investigación.
Lo que más me llama la atención no es sólo la cifra de producción, sino que una misma cubierta intervenga a la vez sobre varios factores del cultivo. No se limita a combatir una plaga ni a modificar una sola condición, sino que crea alrededor de las plantas un entorno que favorece su desarrollo.
Como decíamos, ahora queda por ver si los resultados se mantienen a mayor escala, pero resulta sorprendente que una investigación nacida para mejorar la ropa militar pueda acabar aplicada a uno de los cultivos más apreciados por los consumidores. Podéis conocer más detalles de la tela 3D a través de este artículo publicado en la página de la universidad, y en este otro publicado en la revista científica Agriculture.