Receta de torrijas de vino tradicionales de Semana Santa

Cuando se habla de torrijas, hoy suelen imponerse las de leche, quizá porque son las más habituales en muchas casas, restaurantes y pastelerías. Pero las torrijas de vino siguen ocupando su lugar dentro del recetario más tradicional de Semana Santa, y no precisamente como una rareza menor. Tienen otro carácter, más aroma, más profundidad y un sabor que parece guardar algo más antiguo, más vinculado a la cocina doméstica de Cuaresma y Pascua.

Son, además, una buena muestra de lo que mejor hace la cocina tradicional: convertir ingredientes sencillos en algo especial. Un pan asentado, unos huevos, vino dulce, azúcar, canela y un poco de cuidado bastan para preparar un postre humilde y al mismo tiempo lleno de matices. Frente a la suavidad más redonda de las torrijas de leche, las de vino tienen un perfil más fragante y un punto más adulto, pero eso no significa que deban resultar intensas en exceso.

Por eso, en esta receta el vino dulce va ya rebajado con agua en una proporción que funciona muy bien para casi todos los gustos. El vino se nota, claro que sí, pero no se impone. Aporta aroma, color y profundidad, mientras que el agua ayuda a aligerar el conjunto y a conseguir unas torrijas más equilibradas y agradables. El resultado son unas torrijas tradicionales, jugosas y muy fáciles de hacer, de esas que siguen teniendo todo el sentido del mundo cuando llega la Semana Santa.

Ingredientes

  • 1 barra de pan asentado, mejor de uno o dos días
  • 500 ml de vino dulce
  • 250 ml de agua
  • 4 huevos grandes
  • c/n azúcar y canela para rebozar
  • c/n aceite para freír (de oliva suave o de girasol).

Elaboración

Pon en una fuente amplia el vino dulce mezclado con el agua. Esta proporción, de dos partes de vino por una de agua, permite obtener unas torrijas con sabor claro a vino, pero más equilibradas y agradables que si se preparan sólo con vino.

Corta el pan en rebanadas gruesas, mejor al bies si quieres una presentación más vistosa. Ve mojándolas en la mezcla de vino y agua, dándoles la vuelta para que se empapen bien por ambos lados, pero sin dejarlas tanto tiempo como para que se rompan. Dependiendo de lo seco que esté el pan o lo prieta que sea la miga, se pueden dejar en remojo para que se hidraten bien.

Bate los huevos en un recipiente amplio. En otro plato mezcla azúcar y canela al gusto para rebozar las torrijas una vez fritas.

Calienta abundante aceite en una sartén a fuego medio o medio-alto, sin dejar que humee. Pasa cada rebanada empapada por el huevo batido y fríela enseguida hasta que quede bien dorada por ambos lados.

Retira las torrijas y déjalas unos instantes sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. A continuación, rebózalas en la mezcla de azúcar y canela mientras aún estén calientes, para que el azúcar se adhiera mejor.

Acabado y presentación

Puedes servir las torrijas de vino templadas o frías. Recién hechas están muy buenas, pero también ganan cuando reposan un poco y se asientan los sabores. Si quieres darles un matiz más aromático, puedes añadir a la mezcla de vino y agua una piel de naranja o de limón y una ramita de canela, dejarla infusionar un rato y retirarla antes de empapar el pan.

Llévalas a la mesa en una fuente y deja que cada comensal se sirva. Son un dulce contundente, sí, pero también de esos que invitan a repetir, porque cuando están bien hechas conservan algo muy difícil de resistir: la sencillez de los postres de siempre y el aroma inconfundible de la cocina de Semana Santa.

Abreviaturas
c/s = Cuchara sopera
c/p = Cuchara de postre
c/c = Cuchara de café
c/n = Cantidad necesaria

Artículos relacionados