Los yogures infantiles siguen teniendo demasiado azúcar

Los yogures infantiles siguen teniendo demasiado azúcar a pesar de los compromisos adquiridos por la industria alimentaria para mejorar su composición nutricional. Así se concluye en una nueva investigación de la organización británica Action on Salt & Sugar, que ha analizado 104 yogures comercializados con envases y elementos publicitarios dirigidos a los niños.

La organización explica que los resultados son preocupantes, ya que sólo dos productos tenían un contenido en azúcares totales suficientemente bajo para ser considerados bajos en azúcar. Y aunque el estudio se ha realizado en Reino Unido, las conclusiones invitan a reflexionar sobre lo que ocurre en España, donde también encontramos una amplia oferta de yogures infantiles que se promocionan como alimentos adecuados para los más pequeños, pero cuya composición no siempre responde a esa imagen saludable que se presenta.

La investigación pone de manifiesto que las iniciativas voluntarias para la reducción del azúcar no están consiguiendo los resultados esperados, y es algo que no nos sorprende porque, como sabemos, las medidas voluntarias no suelen funcionar. Según Action on Salt & Sugar, entre 2021 y 2026, el contenido medio de azúcares totales de los productos analizados pasó de 9’2 a 8’2 gramos por cada 100 gramos de producto, lo que supone una reducción del 11%. Se trata de una mejora, pero insuficiente y muy desigual entre fabricantes, especialmente si tenemos en cuenta que algunos han demostrado que es posible reducir considerablemente el azúcar sin abandonar la comercialización de estos productos.

Algunos yogures infantiles contienen tres veces más azúcar que otros

Uno de los datos más llamativos del estudio es la enorme diferencia en el contenido de azúcar entre productos que, aparentemente, pertenecen a una misma categoría. Los investigadores encontraron cantidades que oscilaban entre 4’7 y 14’1 gramos de azúcares totales por cada 100 gramos de yogur, lo que significa que algunas referencias contenían hasta tres veces más azúcar que otras.

El producto con mayor contenido fue Nestlé Smarties Vanilla Split Pot, con 14’1 gramos por cada 100 gramos. Un solo yogur aportaba 15’1 gramos de azúcares totales, una cantidad equivalente en peso a casi cuatro cucharaditas de azúcar. Conviene aclarar que esta equivalencia no significa necesariamente que todo ese azúcar se haya añadido durante la elaboración, ya que los productos lácteos también contienen lactosa de forma natural y se identifica como azúcar, pero no es azúcar añadido.

Al comparar las empresas representadas en la muestra del análisis, Nestlé tenía el promedio más elevado, con 10’7 gramos de azúcares por cada 100 gramos de producto, seguida de Lidl, con 9’4 gramos, y Aldi, con 9 gramos. En el extremo opuesto se situaron The Collective Great Dairy Natural + Vitamin D y Yoplait Petits Filous No Added Sugar Strawberry & Banana, ambos con 4’7 gramos de azúcares por cada 100 gramos de yogur.

Estas cifras corresponden a las referencias examinadas en el mercado británico y no deben atribuirse automáticamente a los yogures que las mismas compañías comercializan en nuestro país, ya que las recetas, los formatos y las gamas pueden variar de un país a otro.

El estudio también identifica diferencias importantes en los esfuerzos realizados para la reformulación de los productos. La gama The Collective, de Yeo Valley Ltd, consiguió reducir su contenido medio de azúcares en un 32% desde el año 2021, mientras que los yogures Milbona Squeezy Strawberry Pouches, de Lidl, lograron una reducción del 43%.

Estos ejemplos demuestran que la reformulación es técnicamente viable y que existen márgenes de mejora mucho mayores que los alcanzados por el conjunto del sector. La cuestión es por qué unas empresas avanzan de forma significativa mientras otras mantienen productos con cantidades elevadas de azúcar.

¿Podría estar ocurriendo lo mismo en España?

Aunque no sería correcto extrapolar directamente los porcentajes del estudio británico al mercado español sin realizar un análisis equivalente, existen motivos para pensar que el problema también nos afecta. De hecho, no es una preocupación nueva, recordemos que en 2018 publicamos el artículo «Los yogures naturales sin azúcares añadidos son la opción saludable«, en el que nos hacíamos eco de una investigación de las universidades de Leeds y Surrey publicada en la revista científica BMJ Open.

En esa investigación se examinaron 921 yogures disponibles en supermercados británicos y se encontraron diferencias nutricionales importantes entre las distintas categorías. Los yogures naturales y los de estilo griego sin azúcares añadidos destacaban por su menor contenido de azúcar, mientras que muchas variedades de sabores, con frutas o destinadas al público infantil, tenían cantidades considerablemente superiores de azúcares.

Ocho años después, la nueva investigación de Action on Salt & Sugar vuelve a señalar un problema similar. Aunque los estudios no utilizan exactamente la misma muestra ni permiten establecer una comparativa directa de todos sus resultados, ambos coinciden en una cuestión fundamental: el hecho de que un yogur se comercialice para niños no garantiza que tenga una composición nutricional adecuada para su consumo habitual.

En España, las recomendaciones oficiales sobre alimentación durante la primera infancia también favorecen los alimentos sencillos y sin azúcares añadidos. La guía de alimentación saludable en la primera infancia, publicada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), contempla la introducción de pequeñas cantidades de yogur sin azúcar a partir de los 9 o 10 meses y un consumo en mayor cantidad a partir del año, dentro de una alimentación adaptada a las necesidades de cada etapa.

Por tanto, aunque no dispongamos de datos que permitan afirmar que sólo uno de cada 40 yogures infantiles españoles tiene un contenido bajo en azúcar, sí podemos considerar que los resultados británicos constituyen una advertencia destacada para nuestro mercado. Sería interesante que las autoridades sanitarias y las organizaciones de consumidores realizaran un análisis actualizado de los productos infantiles vendidos en los supermercados españoles, prestando especial atención al contenido de azúcares añadidos y a la evolución de sus formulaciones.

El azúcar del yogur no siempre es azúcar añadido

Hay una cuestión importante que conviene explicar para interpretar correctamente los resultados. Cuando consultamos la información nutricional de un yogur, encontramos el apartado de hidratos de carbono y dentro de él, la indicación ‘de los cuales, azúcares’. Sin embargo, esa cifra incluye tanto los azúcares naturalmente presentes en el yogur como los que se hayan incluido durante su elaboración.

El yogur natural contiene lactosa, que es el azúcar propio de la leche y que habitualmente representa alrededor de 4 o 5 gramos por cada 100 gramos de producto, aunque esta cantidad puede variar según la formulación y el proceso de elaboración. Esta lactosa no debe confundirse con los azúcares libres que la Organización Mundial de la Salud recomienda limitar.

La OMS recomienda que los azúcares libres representen menos del 10% de las calorías consumidas diariamente y señala que reducir su ingesta por debajo del 5% puede aportar beneficios adicionales para la salud. Como explicamos en su momento al abordar las recomendaciones para reducir el consumo de azúcar, ese 5% equivale aproximadamente a 25 gramos diarios en una dieta de 2.000 kilocalorías, aunque en los niños la cantidad debe ajustarse a sus necesidades energéticas. Conviene recordar también qué son los azúcares libres: incluyen los añadidos a los alimentos y bebidas, así como los presentes naturalmente en la miel, los jarabes y los zumos de frutas, pero no la lactosa propia de la leche ni del yogur natural.

Esta distinción es fundamental porque un yogur natural sin azúcares añadidos puede contener 4’7 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto sin que ello suponga un problema nutricional comparable al de un producto que contiene esa misma cantidad de lactosa más varios gramos de azúcar añadido. Por ello, para elegir un yogur no basta con mirar la tabla nutricional, también es necesario consultar la lista de ingredientes y comprobar si contiene azúcar, jarabes, miel u otros ingredientes utilizados para endulzarlo.

En la Unión Europea, el etiquetado nutricional obligatorio informa sobre los azúcares totales, pero no exige declarar por separado la cantidad de azúcares añadidos. Esto también ayuda a comprender una limitación del estudio británico, y es que sus cifras principales corresponden a azúcares totales, por lo que no permiten determinar directamente cuántos gramos de azúcar añadido contiene cada yogur.

Reducir el azúcar del yogur sin perder dulzor es posible

La industria alimentaria suele justificar la presencia de azúcar en los yogures de sabores por la necesidad de equilibrar la acidez característica del producto y conseguir un sabor agradable para los consumidores. Sin embargo, existen alternativas tecnológicas que permiten reducir su inclusión. Recordemos que ya hablamos de esta cuestión en 2016, en el post «Reducir el contenido de azúcar en el yogur sin reducir la dulzura«. En esa ocasión hablamos de una investigación desarrollada por expertos de la empresa danesa Chr. Hansen, que habían trabajado con bacterias utilizadas en la fermentación del yogur para modificar la forma en que metabolizaban los azúcares de la leche.

Mediante la selección de cultivos bacterianos con determinadas características metabólicas, los investigadores consiguieron que se liberara una mayor proporción de glucosa, cuyo poder edulcorante es superior al de la lactosa. De este modo, pudieron reducir un 20% la sacarosa añadida manteniendo una percepción de dulzor similar, según las pruebas sensoriales realizadas. Este desarrollo demostraba que la innovación puede contribuir a reducir los azúcares añadidos, aunque es importante señalar que modificar la proporción de los distintos azúcares no equivale necesariamente a reducir en la misma medida el contenido total de azúcares del producto.

Además, la reformulación no debería limitarse a mantener un dulzor muy elevado sustituyendo el azúcar por otros ingredientes edulcorantes. También sería conveniente avanzar hacia productos menos dulces, favoreciendo que los niños se familiaricen con el sabor natural de los alimentos desde edades tempranas. De hecho, la OMS recomienda reducir los azúcares libres sin depender de los edulcorantes no azucarados como estrategia de control de su consumo.

Los envases infantiles pueden transmitir una falsa imagen saludable

Otro aspecto especialmente cuestionado por Action on Salt & Sugar es la presentación comercial de los productos. Todos los yogures incluidos en su investigación utilizaban elementos atractivos para los niños, como colores llamativos, dibujos animados, personajes conocidos, tipografías divertidas o referencias a golosinas. Estas estrategias no son casuales; recordemos que el envase constituye una herramienta publicitaria que puede influir tanto en las preferencias infantiles como en las decisiones de compra de sus padres.

El problema aparece cuando esa presentación transmite una impresión de idoneidad nutricional que no se corresponde con la composición del alimento. Un yogur decorado con personajes infantiles puede parecer una elección apropiada para el desayuno o la merienda, pero podría contener cantidades de azúcar añadido que sería preferible evitar en el consumo cotidiano.

La doctora Kawther Hashem, responsable de Investigación e Impacto de Action on Salt & Sugar, considera que los padres tienen motivos para esperar que los productos comercializados específicamente para niños se encuentren entre las opciones más saludables. Sin embargo, los resultados demuestran que esa expectativa no siempre se cumple.

La organización también denuncia que, aunque en el Reino Unido se han introducido restricciones sobre determinadas formas de publicidad de alimentos con perfiles nutricionales poco saludables, sigue existiendo un vacío legal respecto al uso de envases especialmente atractivos para los menores. La situación plantea una cuestión a la que hay que prestar atención también en España: ¿debería permitirse que productos con cantidades elevadas de azúcares añadidos utilicen personajes infantiles y otros recursos publicitarios que incentivan su consumo?

No se trata de prohibir los yogures de sabores ni de considerar perjudicial cualquier producto que contenga azúcar, sino de evitar que la publicidad dirigida a los menores complique la identificación de las opciones nutricionalmente más adecuadas.

La reducción voluntaria del azúcar no está dando los resultados esperados

Los investigadores consideran que confiar exclusivamente en los compromisos voluntarios de la industria no garantiza una reducción suficiente ni homogénea del azúcar. La investigación se acompaña de los resultados de una encuesta realizada por YouGov el pasado mes de marzo para la campaña Recipe for Change, en la que participaron 2.087 adultos. Según este sondeo, el 60% considera que actualmente resulta difícil alimentarse de forma saludable y casi un 79% desconfía de que la industria alimentaria reduzca por iniciativa propia las cantidades de azúcar, sal y grasa sin la intervención gubernamental. Además, cuatro de cada cinco encuestados apoyan una mayor actuación de las autoridades para mejorar el sistema alimentario. Estas opiniones reflejan la percepción de los participantes en el Reino Unido y no pueden presentarse como representativas de la población española.

Ante esta situación, Action on Salt & Sugar solicita al Gobierno británico que establezca objetivos obligatorios de reformulación, mecanismos transparentes de seguimiento y medidas que limiten el uso de envases atractivos para niños a los productos que cumplan determinados criterios nutricionales.

En España también sería oportuno evaluar hasta qué punto los compromisos de reducción del azúcar asumidos por los fabricantes se traducen en mejoras reales y sostenidas. Para ello, no bastaría con anunciar porcentajes de reducción, sino que sería necesario comparar la composición de los productos a lo largo del tiempo y comprobar si las nuevas formulaciones ofrecen un perfil nutricional significativamente mejor.

El yogur natural sigue siendo la alternativa más sencilla

Conviene recordar que el yogur puede formar parte de una alimentación saludable, ya que aporta proteínas, calcio y otros nutrientes, pudiendo ser una opción adecuada para el desayuno, la merienda o el postre. El problema no es el yogur en sí, sino la transformación de un alimento sencillo en un producto excesivamente endulzado y promocionado como especialmente indicado para los niños.

La opción más práctica para el consumo habitual continúa siendo el yogur natural sin azúcares añadidos, preferiblemente con una lista de ingredientes sencilla, formada por leche y fermentos lácticos. Si se desea aportar otros sabores, se puede acompañar de fruta fresca cortada, triturada o adaptada a la edad del niño, sin necesidad de recurrir a preparados azucarados.

También merece la pena desconfiar de las apariencias, ya que un producto que destaca su contenido en calcio, incluye vitaminas, se presenta como ecológico o utiliza expresiones relacionadas con el bienestar infantil no es necesariamente bajo en azúcar.

Los resultados de Action on Salt & Sugar muestran que se han producido avances, pero también que queda mucho por mejorar. Y aunque la investigación se centra en el Reino Unido, plantea preguntas que deberían responderse también en nuestro país. ¿Cuánto azúcar añadido contienen realmente los yogures infantiles que encontramos en nuestros supermercados? ¿Qué fabricantes han reducido su presencia en los últimos años? ¿Hasta qué punto los envases condicionan la percepción que tienen las familias de estos alimentos?

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