La UE prohibirá algunos términos cárnicos en los productos vegetales, permitiendo que continúen utilizándose otras palabras como “hamburguesa”, “salchicha” o “nuggets”. Este es el resultado tras meses de debate político, jurídico y comercial, donde las instituciones europeas han llegado a un acuerdo preliminar para restringir el uso de determinadas denominaciones asociadas a la carne, en los alimentos de origen vegetal que imitan a los productos cárnicos.
La decisión forma parte de la revisión del reglamento de la Organización Común de Mercados (CMO) de la Unión Europea, pero todavía deberá superar algunos pasos antes de entrar definitivamente en vigor. Este acuerdo se ha alcanzado tras una negociación a tres bandas conocida como trílogo (entre el Parlamento Europeo, el Consejo de la Unión Europea y la Comisión Europea).
En esta negociación se ha pactado prohibir 31 términos relacionados directamente con los animales o con cortes específicos de la carne cuando se utilicen para comercializar alimentos de origen vegetal. Sin embargo, hay que destacar que se ha decidido permitir el uso de algunas denominaciones muy extendidas que describen la forma o el uso culinario del alimento en cuestión, como “hamburguesa”, “salchicha” o “nuggets”. Quizá tenga algo que ver que la UE no pueda impedir que los productos veganos usen nombres asociados a la carne como sentenciaba el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El resultado de la negociación muestra un compromiso político entre posiciones que, como sabemos, están muy enfrentadas. Por un lado, organizaciones asociadas al sector ganadero y algunos eurodiputados, defendían restringir el uso de los nombres asociados a la carne para evitar que los consumidores pudieran ‘confundirse’ al comprar alimentos vegetales. Por otro lado, asociaciones de consumidores, empresas del sector de alternativas vegetales a la carne y organizaciones ecologistas, que argumentaban que los consumidores ya entienden perfectamente términos como “hamburguesa vegetal” o “salchicha vegana”.
El acuerdo final se sitúa en un punto intermedio, la normativa prohibirá utilizar una serie de palabras que hacen referencia directa a las especies animales o a partes concretas de la carne, un total de 31 términos que quedarían vetados y que entre otros se pueden citar Beef (carne de vacuno), Veal (ternera), Pork (cerdo), Poultry (ave o carne de ave), Chicken (pollo), Turkey (pavo), Duck (pato), Goose (ganso), Lamb (cordero), Mutton (carne de oveja adulta), Ovine (ovino) y Goat (cabra o caprino). También se incluyen nombres de partes concretas del animal o cortes cárnicos como Drumstick (muslo de ave), Tenderloin (solomillo), Sirloin (lomo alto), Flank (falda), Loin (lomo), Ribs (costillas), Shoulder (paletilla o espaldilla), Shank (jarrete), Chop (chuleta), Wing (ala), Breast (pechuga), Thigh (muslo) y Brisket (pecho de vacuno).
En la lista también se incluyen algunos cortes muy conocidos en la gastronomía internacional como Ribeye (entrecot), T-bone (chuletón con hueso en forma de T), Rump (cadera o parte trasera del vacuno), y finalmente, algunos productos cárnicos populares como Bacon (beicon o panceta), Steak (filete) y Liver (hígado). La idea de esta normativa es que estos términos queden reservados exclusivamente para los productos elaborados con carne real.
Al mismo tiempo y como ya hemos comentado, el acuerdo permite continuar utilizando ciertas palabras que describen principalmente la forma del alimento o su uso culinario, pero no su origen animal destacando entre ellas Burger (hamburguesa), Sausage (salchicha) y Nuggets (nuggets o bocados empanados). Gracias a esta excepción los productos como “hamburguesa vegetal”, “salchicha vegana” o “nuggets vegetales” podrán seguir comercializándose en el mercado europeo, siempre que el etiquetado deje claro que se trata de alimentos elaborados con ingredientes vegetales.
Regulación del uso de términos cárnicos en productos vegetales en el futuro
Uno de los aspectos más llamativos de este acuerdo es el hecho de que la restricción no sólo afectará a los productos vegetales actuales, extendiendo la norma de forma preventiva a los denominados “novel foods” o nuevos alimentos como, por ejemplo, los alimentos producidos a través de la agricultura celular o carne cultivada.
Aunque estos productos todavía no se comercializan en la Unión Europea, los legisladores quieren evitar conflictos terminológicos cuando estas nuevas tecnologías terminen llegando al mercado. Esta anticipación refleja la intención de las instituciones europeas de preparar el marco regulatorio para un sistema alimentario cada vez más diverso, en el que convivirán alimentos como la carne tradicional, las alternativas vegetales y las proteínas producidas con nuevas técnicas biotecnológicas.
Si esta normativa entra finalmente en vigor, los fabricantes contarán con un periodo de transición de tres años para adaptarse a ella, por lo que durante este tiempo podrán seguir comercializando productos ya etiquetados, además de tener margen para modificar los envases, las estrategias comerciales y las denominaciones. Para muchas empresas del sector de las alternativas a la carne se trata de un plazo fundamental, ya que este mercado ha crecido rápidamente en los últimos años y numerosas marcas utilizan términos inspirados en los productos cárnicos para explicar al consumidor cómo se cocinan o se consumen los productos en cuestión. Obviamente, cambiar estas denominaciones puede implicar costes importantes, desde rediseñar los envases hasta reposicionar los productos en el mercado.
La restricción de los nombres cárnicos no nació como una normativa independiente, en realidad forma parte de una reforma más amplia del reglamento de la Organización Común de Mercados (CMO), hablamos de la normativa que regula distintos aspectos del mercado agrícola europeo. Recordemos que en 2023, la Comisión Europea presentó una propuesta legislativa para modificar este reglamento con el objetivo de mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria y reforzar la posición de los agricultores dentro del mercado. Durante el proceso legislativo, algunos eurodiputados introdujeron enmiendas relacionadas con el uso de denominaciones cárnicas en productos vegetales.
El debate se trasladó entonces al Parlamento Europeo, al Consejo y finalmente a las negociaciones de trílogo que han logrado alcanzar el acuerdo actual. Sin embargo, hay que decir que no se trata de un debate jurídico que no esté completamente cerrado, ya que tras meses de controversia, algunos expertos en derecho alimentario han apuntado que prohibir de forma generalizada el uso de términos cárnicos, podría entrar en conflicto con la normativa europea sobre el etiquetado de los alimentos.
El Reglamento (UE) 1169/2011 establece que los alimentos pueden utilizar una denominación legal, una denominación habitual o una denominación descriptiva. Como muchos productos vegetales no tienen una denominación legal específica, expresiones como “hamburguesa vegetal” o “salchicha vegana” pueden considerarse descripciones válidas de los productos. Además, diferentes estudios de mercado muestran que la mayoría de los consumidores no se confunden al comprar estos alimentos vegetales que imitan a la carne. En algunas encuestas realizadas en los países comunitarios se concluyó que sólo una pequeña minoría afirmaba haber comprado por error un producto vegetal pensando que contenía carne, es por ello que algunas organizaciones de consumidores, consideran que un veto demasiado amplio podría resultar desproporcionado.
Crecimiento del mercado de alimentos alternativos a la carne
El debate sobre los nombres coincide con una expansión significativa del mercado de las proteínas alternativas en Europa. Cada vez más consumidores buscan alimentos con un menor impacto ambiental o simplemente desean reducir su consumo de carne. Este crecimiento ha impulsado el desarrollo de las hamburguesas vegetales, las salchichas veganas, los filetes de soja y muchos otros alimentos que imitan la textura o el uso culinario de la carne tradicional, y en este contexto, las denominaciones inspiradas en productos cárnicos han funcionado como una forma sencilla de explicar al consumidor cómo preparar estos alimentos.
Aunque el acuerdo político ya se ha cerrado, el proceso legislativo europeo todavía no ha terminado, ya que el texto debe recibir la aprobación formal de los Estados miembros en el Consejo de la Unión Europea, un paso que se considera un trámite cuando ya existe un consenso político previo. Posteriormente, la normativa definitiva se publicará en el Diario Oficial de la Unión Europea, y será cuando comenzará a contar el mencionado periodo de transición de tres años para las empresas.
Por tanto, si no se producen cambios en las últimas fases del procedimiento legislativo, la Unión Europea terminará adoptando una regulación que restringe algunos nombres cárnicos en los productos vegetales, pero que al mismo tiempo mantendrá los términos ampliamente utilizados como hamburguesa o salchicha vegetal. Podéis conocer más detalles de la noticia a través de BEUC (Organización Europea de Consumidores), y en este artículo de Proveg.
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