Estanflación, qué es y cómo afecta a los precios y al consumo

La estanflación se ha convertido en una de las preocupaciones económicas más relevantes, especialmente porque describe un escenario complejo en el que coinciden varios fenómenos que afectan a empresas y a consumidores. En términos sencillos, la stagflation (estanflación o la coexistencia del estancamiento económico y la inflación) se produce cuando la economía deja de crecer o crece muy poco, mientras los precios continúan subiendo.

Durante años las empresas y los consumidores han aprendido a adaptarse a la inflación, los precios suben, pero también lo hace la actividad económica, los salarios o el consumo. Sin embargo, la estanflación rompe este equilibrio y hoy en día, factores como el aumento del precio de la energía, las tensiones geopolíticas como las que vivimos o los problemas en las cadenas de suministro, están provocando un aumento de los costes mientras el crecimiento económico se debilita.

En sectores como el de la alimentación, esto se percibe con bastante claridad: los costes de producción aumentan por distintas vías, como la energía, los fertilizantes, el encarecimiento del transporte o la volatilidad de las materias primas. Todo ello impacta directamente en el precio final de los productos alimenticios. Pero, al mismo tiempo, los consumidores empiezan a frenar el gasto, algo que complica aún más la situación.

Uno de los grandes cambios en este contexto es cuando las empresas pierden la capacidad de trasladar los costes al consumidor. Durante una inflación ‘normal’ muchas compañías alimentarias pueden subir los precios sin perder demasiadas ventas, pero en un entorno de estanflación, esto ya no es tan sencillo, ya que los consumidores reaccionan comprando menos, cambiando de marca o buscando alternativas más económicas. Este comportamiento tiene un nombre, el efecto downtrading, es decir, optar por productos más económicos para ajustarse al presupuesto del hogar, siendo una respuesta directa a la pérdida del poder adquisitivo.

Aquí es donde el equilibrio se vuelve especialmente delicado, ya que si las empresas suben los precios pierden clientes, y si no lo hacen, reducen sus márgenes de beneficios. Además, si deciden recortar costes, esto puede afectar a la calidad o al valor del producto alimenticio. Ante este panorama muchas empresas recurren a estrategias que son menos evidentes para proteger sus márgenes y algunas de ellas se han vuelto cada vez más comunes durante los últimos años y conviene que como consumidores las conozcamos y entendamos.

Una de las más conocidas es la reduflación (o shrinkflation), que consiste en reducir la cantidad de producto sin bajar el precio, es decir, el envase parece el mismo pero contiene menos cantidad y el consumidor paga lo mismo e incluso más. Otra práctica relacionada es la barataflación, donde el precio se mantiene relativamente estable pero la calidad del producto disminuye. Esto puede conllevar el uso de ingredientes más baratos, menor concentración de componentes clave o diferentes cambios en el proceso de fabricación del producto, por lo que el resultado es que el consumidor percibe que obtiene menos valor por su dinero.

Muy vinculada a la barataflación encontramos la llamada cheapflation, estrategia que se basa en sustituir materias primas o ingredientes por otros similares pero más económicos. Aunque es algo legal si se informa correctamente, puede generar desconfianza si el consumidor percibe una pérdida de calidad sin una reducción del precio. También hay que recordar que anteriormente hemos conocido casos en los que se ha llevado a cabo esta práctica y no se ha informado a los consumidores.

Todas las estrategias citadas tienen algo en común, y es que intentan equilibrar el impacto de la inflación sin tener que recurrir a las subidas de precios directas, obviamente, a costa de deteriorar la relación entre el precio y el valor del producto.

La inflación no es sólo una: tipos que conviven

Para entender mejor el fenómeno de la estanflación, también es útil diferenciar los distintos tipos de inflación que pueden coexistir. Encontramos la inflación de los costes (cost-push inflation), que se produce cuando aumentan los costes de producción (energía, materias primas, transporte, etc) y las empresas trasladan ese incremento a los precios de los productos alimenticios. Otra es la inflación por demanda (demand-pull inflation), que se produce cuando la demanda de bienes y servicios supera la capacidad de producción, provocando un aumento de los precios.

En la actualidad predomina claramente la inflación de los costes, lo que complica aún más la actuación de los bancos centrales. Subir los tipos de interés puede frenar la inflación, pero también puede empeorar el estancamiento económico.

Hay que decir que la estanflación no es un fenómeno nuevo, un ejemplo más conocido se remonta a la década de 1970, cuando las crisis del petróleo provocaron una combinación prolongada de precios altos y bajo crecimiento. Durante años, este fue un caso de estudio en los libros de economía, y de nuevo vuelve a ser una posibilidad real. Ahora el encarecimiento del petróleo, la incertidumbre geopolítica y la desaceleración económica están generando un entorno similar, y aunque no se trata de una repetición exacta de lo ocurrido hace décadas, sí existen paralelismos que preocupan a economistas y empresas.

Lo que hace especialmente compleja la estanflación es el hecho de que obliga a gestionar dos problemas a la vez, una escalada de costes de precios y una reducción de la demanda. El resultado es que no hay soluciones fáciles ni decisiones sin consecuencias, las empresas deben ajustar los precios y los formatos, buscar proveedores e inversiones con mucho más cuidado. Por su parte, los consumidores cambian de hábitos, compran menos, comparan mucho más los productos y priorizan el ahorro.

Entender conceptos como la reduflación, la barataflación o el downtrading deja de ser algo teórico para convertirse en una herramienta práctica que permite identificar cómo están cambiando los productos que compramos, y por qué nuestra cesta de la compra parece reducirse cada vez más, algo que los consumidores podemos constatar día a día.

Más información para decidir mejor qué alimentos comprar

En definitiva, la estanflación es uno de los escenarios económicos más complejos ya que combina lo peor de dos mundos, los precios altos y un crecimiento débil. Y en medio de esta situación, empresas y consumidores buscan adaptarse como pueden. Para el consumidor, la clave está en ser más consciente, hay que revisar las cantidades, realizar comparativa de calidades y entender qué hay detrás de los cambios que se producen en los productos alimenticios, porque aunque los precios no siempre suban de una forma evidente, el valor que reciben los consumidores sí puede estar cambiando.

Claro, que comprender estos fenómenos no evitará sus efectos, pero sí nos permite tomar decisiones más informadas en una situación económica que cada vez es más exigente.

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