Tomar bebidas muy calientes puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago

El consumo de bebidas muy calientes se asocia con un mayor riesgo de cáncer de esófago. Esta es la principal conclusión de una nueva investigación realizada por expertos de la Universidad de Oxford, que relaciona el consumo de bebidas a temperaturas elevadas con un mayor riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas del esófago.

Este trabajo, en el que los investigadores analizaron los datos de 977.282 adultos del Reino Unido, aporta nuevas evidencias a una cuestión que se lleva años estudiando en distintas partes del mundo: si el posible problema está realmente en tomar café o té o en consumir estas bebidas cuando todavía están excesivamente calientes.

La investigación, desarrollada por científicos del Nuffield Department of Population Health de la Universidad de Oxford, utilizó información procedente del UK Biobank —un banco de datos biomédicos y de investigación genética del Reino Unido que sigue la salud de unos 500.000 participantes de entre 40 y 69 años, reclutados entre 2006 y 2010— y del Million Women Study, un estudio observacional de salud poblacional en el que participaron 1,3 millones de mujeres entre 1996 y 2001.

Los participantes que consumían bebidas calientes indicaron cómo preferían tomarlas, clasificándolas en tres rangos de temperatura: templadas, calientes o muy calientes. Posteriormente, los investigadores realizaron un seguimiento de su salud durante más de diez años a través de los registros sanitarios.

Al comparar los tres grupos, observaron que quienes preferían las bebidas calientes presentaban casi el doble de riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas del esófago que quienes preferían las bebidas templadas. Entre las personas que afirmaban consumir las bebidas muy calientes, el riesgo era aproximadamente tres veces superior al del grupo que prefería las bebidas templadas.

El resultado es especialmente destacado porque el estudio no encontró que el café o el té, por sí mismos, fueran los responsables de esta asociación. La relación con la temperatura se observó con independencia de cuál fuera la bebida ingerida. Por tanto, los resultados no permiten afirmar que tomar café o té provoque este tipo de cáncer, sino que apuntan a una posible relación entre la exposición repetida a temperaturas muy elevadas y el desarrollo de carcinoma de células escamosas del esófago.

Además, el consumo de seis o más bebidas calientes al día se asoció con un aumento del 71 % del riesgo de carcinoma de células escamosas, incluso después de tener en cuenta la temperatura preferida. Esto indica que tanto la temperatura como la frecuencia de consumo podrían influir en el riesgo, aunque el estudio no puede demostrar por sí solo una relación de causa y efecto.

Los resultados obtenidos en el Reino Unido coinciden con investigaciones anteriores realizadas en diferentes regiones de Asia, Oriente Medio, África y América del Sur. Durante años, varios estudios epidemiológicos han observado una asociación entre el consumo de bebidas muy calientes y el cáncer de esófago.

Uno de los trabajos más destacados se llevó a cabo en Golestán, una provincia del noreste de Irán que presentaba una elevada incidencia de cáncer de esófago. Los investigadores compararon los hábitos relacionados con el consumo de té de 300 personas que habían desarrollado la enfermedad con los de otras 571 personas de la misma provincia que no la habían desarrollado.

Las conclusiones de este estudio mostraron una relación entre la temperatura del té y el riesgo de desarrollar cáncer. Los expertos observaron que consumir el té caliente duplicaba aproximadamente el riesgo de la enfermedad, mientras que hacerlo muy caliente multiplicaba ese riesgo por ocho. También se observó que el tiempo que transcurría desde que se servía el té hasta que se bebía podía influir: tomarlo muy poco después de haberlo servido suponía una mayor exposición del esófago al calor.

Investigaciones posteriores, como una realizada en China, también encontraron un incremento del riesgo a medida que aumentaba la temperatura a la que se consumía el té. De ahí que se considere que el daño podría estar relacionado con la temperatura y no necesariamente con los componentes de la bebida.

El esófago es el conducto muscular que comunica la boca con el estómago. Está recubierto internamente por una mucosa cuyas células entran en contacto directo con los alimentos y las bebidas durante su paso hacia el estómago. Una de las hipótesis que barajan los investigadores es que la exposición repetida a temperaturas muy elevadas podría lesionar este revestimiento. Con el tiempo, estas lesiones térmicas podrían favorecer cambios celulares que incrementasen la posibilidad de desarrollar cáncer.

Aun así, el mecanismo exacto todavía no está completamente aclarado. Los propios investigadores apuntan que son necesarios nuevos estudios para determinar cómo influye exactamente la temperatura de las bebidas en el riesgo de carcinoma de células escamosas del esófago.

Esta es una de las principales cuestiones pendientes: el estudio británico no pudo medir directamente la temperatura de las bebidas consumidas por los participantes debido al elevado número de personas incluidas en el estudio y al largo periodo de seguimiento. En su lugar, los investigadores utilizaron la temperatura que cada participante declaró preferir.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, considera que el consumo de bebidas muy calientes, por encima de 65 °C, es “probablemente carcinógeno para los seres humanos”. Esta clasificación se refiere a la temperatura de las bebidas, sin especificar si se trata de café, té u otras preparaciones.

Conviene recordar que la clasificación de la IARC indica el grado de evidencia sobre la capacidad de un agente o una exposición para causar cáncer, pero no determina el riesgo concreto que afronta cada persona ni cuánto aumenta ese riesgo en función de la cantidad o la frecuencia de exposición.

Grupo 1:
“Carcinógeno para el ser humano”. Existen pruebas suficientes de que la exposición puede causar cáncer en los seres humanos.

Grupo 2A:
“Probablemente carcinógeno para el ser humano”. Existen pruebas limitadas en seres humanos y pruebas suficientes en estudios experimentales, u otras evidencias científicas sólidas que apoyan una relación causal.

Grupo 2B:
“Posiblemente carcinógeno para el ser humano”. Existen indicios de una posible relación, pero las pruebas disponibles son menos concluyentes.

Grupo 3:
“No puede ser clasificado respecto a su carcinogenicidad para el ser humano”. Las pruebas disponibles no permiten establecer una conclusión.

Por tanto, que una exposición sea considerada “probablemente carcinógena” no significa que una persona vaya a desarrollar cáncer simplemente por beber ocasionalmente una bebida caliente. Además, el carcinoma de células escamosas del esófago es relativamente poco frecuente en el Reino Unido, donde el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer a lo largo de la vida se sitúa en torno al 1 %. Por tanto, un incremento del riesgo relativo asociado al consumo de bebidas muy calientes no implica necesariamente que el riesgo absoluto de una persona pase a ser elevado.

Los resultados tampoco significan que haya que eliminar el café o el té. El estudio no observó que el tipo de bebida modificara la asociación entre la temperatura y el riesgo, pero sí encontró una relación entre el consumo frecuente de bebidas calientes y un mayor riesgo de carcinoma de células escamosas. La cuestión parece estar, por tanto, en la combinación de temperatura y frecuencia de consumo, más que en el café o el té como bebidas concretas.

Una medida sencilla para evitar la exposición a temperaturas excesivamente elevadas consiste en dejar reposar unos minutos el café, el té o cualquier otra bebida caliente recién preparada antes de beberla. De esta forma se reduce la posibilidad de consumirla cuando todavía está demasiado caliente y puede lesionar la mucosa del esófago. Además, existen otros factores relacionados con el cáncer de esófago sobre los que las recomendaciones preventivas están mejor establecidas, como no fumar y reducir el consumo de alcohol.

Lo cierto es que la nueva investigación refuerza una línea de evidencia que empezó a estudiarse hace años. El riesgo parece estar relacionado con el calor extremo de la bebida más que con el tipo de bebida en sí, pero todavía queda por determinar con precisión qué temperaturas y patrones de consumo representan un riesgo destacado.

Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página de Cancer Research UK, y con más detalle en este artículo publicado en la revista científica International Journal of Cancer.

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