Tabla de quesos

La Tabla de quesos es uno de los ejemplos de que en lo simple y rápido de preparar se puede esconder un manjar. Gozamos de un amplísimo abanico de variedades de queso, tanto nacionales como internacionales, los hay para todos los gustos, suaves, fuertes, secos, tiernos, aromatizados, frescos… Sea como aperitivo, como entrante o tentempié, una tabla de quesos bien preparada vestirá una mesa informal o la de mayor etiqueta.

Preparar una tabla con quesos puede ser muy sencillo, pero tendrá más éxito si se tienen en cuenta algunos detalles, por ejemplo, cómo presentar los quesos, cuántos tipos de queso servir, con qué acompañarlos, cómo complementarlos…

En primer lugar hay que tener en cuenta que cada paladar tiene sus gustos, pero en general, una tabla de quesos suele contar con un mínimo de cinco y un máximo de siete quesos diferentes. Se pueden complementar los quesos por el tipo de leche empleada (leche de vaca, leche de cabra, leche de oveja, mezcla, azules…), por familias (frescos, cremosos, de pasta blanda, de pasta prensada, de segunda fermentación…) o por regiones de elaboración entre otros criterios.

Para que luzca más la tabla de quesos escoge una base para servirlos que sea simple y limpia, sobran las decoraciones, lo que tiene que destacar son los quesos y lo que les acompaña. La tabla debe ser amplia para que todos los quesos se puedan presentar espaciados, puede ser de madera, de cerámica, de pizarra, de cristal o del material que prefieras, quizá lo más habitual es que sea de madera, pero no olvides que ésta absorbe olores entre otras cosas.

Los quesos deben estar bien cortados y naturalmente, libres de cortezas que no sean comestibles. Suelen servirse en forma de abanico, aunque se pueden cortar de distintas formas, pero lo ideal es que en la presentación de la tabla, los quesos más suaves se encuentren en la parte exterior y los más fuertes en el interior, así se empieza la degustación de fuera a dentro.

Luego están los acompañamientos, sin obviar unas finas tostas o unas galletas dulces que contrastan en sabor, es casi imprescindible combinar cada variedad de queso con alguna fruta, mermelada o frutos secos que subliman su valor gastronómico. Desde el tradicional membrillo, las uvas, pasando por la manzana o la pera, también son muy comunes las nueces, pero no podemos olvidar las almendras, los piñones o los pistachos, y las mermeladas más variopintas, como la mermelada de tomate, la de fresas a la pimienta, la mermelada de cebolla, de pimientos verdes o rojos

No deben faltar los cubiertos específicos para los comensales que los precisen, los cuchillos para quesos de untar o un cubierto para los quesos delicados o que se rompen con facilidad… y para mojar un exquisito tablero de quesos puedes elegir un vino, cualquier elección es válida siempre que sea acorde al gusto de los comensales, también puedes optar por el cava, la sidra e incluso la cerveza, lo mejor es disponer para poder elegir.

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